Taller comunitario en la batalla antidrogas, en la calle Josué País, del reparto Santo Domingo, Las Tunas.

Las Tunas.- El consumo de drogas es una amenaza silenciosa que destruye la salud física y mental, proyectos de vida, desintegra a las familias y acaba con el entorno social. Lejos de ser un problema abstracto, sus consecuencias devastadoras se materializan en los barrios, exigiendo una respuesta coordinada y una firme conciencia colectiva.

En este frente de batalla por el bienestar de la población, especialmente de los jóvenes, la comunidad se erige como el primer escudo de defensa. En ese esfuerzo por fortalecer esa barrera comunitaria, la calle Josué País, en el reparto Santo Domingo del municipio cabecera de Las Tunas, fue escenario de un encuentro clave.

Representantes de organizaciones de masas y organismos como Cultura, INDER, la Fiscalía y Salud Pública se dieron cita para debatir y trazar estrategias frente al flagelo del consumo de sustancias estupefacientes.

La reunión, celebrada en la zona 27 de la circunscripción 19, contó con la presencia de Juana Yamilka Viñals Suárez, miembro del Consejo de Estado y vicegobernadora provincial, quien destacó el papel protagónico de las estructuras locales. “La subcomisión provincial de enfrentamiento a las drogas desempeña un papel fundamental en las actividades que se desarrollan en permanente vínculo con nuestras comunidades”, afirmó.

Taller comunitario en la batalla antidrogas, en la calle Josué País, del reparto Santo Domingo, Las Tunas.

Viñals Suárez explicó la metodología de trabajo: “Desde las acciones que diseñamos en la semana de enfrentamiento al consumo de drogas podemos llegar hasta nuestros barrios, intercambiar con nuestros delegados, con los grupos de trabajo comunitario y desde allí identificar aquellos lugares que pueden tener una tendencia al consumo”.

Por otra parte, el doctor Alejandro Mestre Barroso, especialista en toxicología, expuso con crudeza los severos daños que las drogas ocasionan en la salud humana. Centró su preocupación en un dato alarmante, “El grupo etario donde se está concentrando el mayor consumo es de 14 a 25 años de edad. Se deben considerar todas las condiciones neurofisiológicas de este tipo de pacientes y en correspondencia con las complicaciones que van a desarrollar, las dificultades desde el punto de vista de adicción”.

Frente a este panorama, Mestre Barroso hizo un llamado a la acción multifactorial: “Las implicaciones y cómo nosotros podemos ayudar desde la comunidad, desde el barrio, desde la escuela, desde ese núcleo fundamental de la sociedad que es la casa, es precisamente creando esa cultura de rechazo”.

El mensaje es claro: las drogas alteran el cerebro en desarrollo irreversiblemente, generan una dependencia feroz y arrojan a los jóvenes hacia un abismo de complicaciones médicas y sociales.

El encuentro en la comunidad Santo Domingo subraya que, más allá de las estrategias institucionales, es en el seno de cada familia, en cada aula y en cada cuadra donde debe germinar y fortalecerse una cultura de vida y rechazo a estas sustancias.

Proteger a las nuevas generaciones de este daño profundo a la salud no es solo una tarea de las autoridades. Es un deber moral de toda la sociedad, un compromiso que se asume desde la vigilancia, el diálogo y el ejemplo en el día a día del barrio. La verdadera batalla se gana previniendo, y la primera trinchera es la conciencia de cada ciudadano.

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