
• Entre las personas que más han marcado la historia de la Jornada Cucalambeana en los últimos años, resalta el nombre de Leticia Fernández Sánchez, especialmente al frente del espacio teórico. Sin embargo, esta entrevista va más allá, acercándonos a la mujer que es en toda su dimensión
Las Tunas.- La casa iberoamericana de la décima El Cucalambé, justo en el corazón de la ciudad, tiene varios encantos. Pero si a su llegada el visitante encuentra un rostro alegre y dispuesto a mostrarle lo mejor del recinto, la visita adquiere una satisfacción mayor.
Leticia Fernández Sánchez es la especialista principal de este lugar insigne de la urbe tunera. Muy ligada a la décima, desde aquí fomenta las investigaciones en torno a su historia y prepara cada año el Coloquio que se celebra durante la Jornada Cucalambeana.
La niña que siempre fue “muy aplicada” y amaba la escuela, hoy recibe al público con carisma y dulzura en esta casa de tradiciones. Esa pequeña que gustaba de ser líder en el aula y organizar las actividades del colectivo, cultiva la investigación y llega con sus buenas vibras a diferentes espacios del territorio.
Adicta a los libros de aventura, recuerda que entraba a la biblioteca y enseguida se dirigía hacia “ellos”, pues -según dice- invitan a soñar y echar a volar la imaginación. Ese amor por la lectura fue el cimiento para estudiar dos carreras que constituyen complemento de su formación: Bibliotecología y Estudios Socioculturales. De la mano de ambas, Leticia ha recorrido un camino ligado a la investigación y los procesos culturales de la comarca.
La Bibliotecología la disfrutó desde el inicio; oportunidad de oro para “devorar” infinidades de libros. Pero luego, siempre inconforme, se inclinó hacia los Estudios Socioculturales. La posibilidad de que abriera esa carrera por encuentros para los trabajadores de Cultura se mostraba irrechazable. Leticia entendió que su trabajo requería esa superación.
Esta hija de Puerto Padre ya conocía de cerca la poesía; sin embargo, fue en 1996 cuando cruzó el umbral de la Casa Iberoamericana de la Décima y desde ahí su vida cambió. Confiesa que desde el primer momento quedó cautivada por esta especie de “lugar mágico”.
“Me enamoré de las tradiciones. Esta es una institución que recibe a delegaciones cubanas y foráneas, con un papel importantísimo en la preparación de la Jornada Cucalambeana y otros eventos. Asumir como coordinadora del Coloquio Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado me permitió conocer a destacados investigadores de Cuba y otros países, y ha aportado a mi labor como intelectual”, pondera.
Por dos décadas, ha permanecido al frente del espacio teórico de la Fiesta Suprema del Campesinado Cubano. Este evento, con participación nacional e internacional, propicia el acercamiento desde la investigación a varios tópicos importantes, como las figuras cimeras de la décima y el punto cubano, las tradiciones campesinas, la música y la plástica.
Leticia no concibe su profesión sin llevar a la par la investigación. Llegar a la Casa Iberoamericana de la Décima le confirmó esta necesidad. Bibliotecaria de corazón, se caracteriza por ser muy ordenada, virtud que, además, nació con ella. Así, todo evento que organizaba lo guardaba; sabía que luego serviría para enseñar. Temas como la vida y obra de Juan Cristóbal Nápoles Fajardo y la Jornada Cucalambeana forman parte de sus compilaciones.
“Durante muchos años me dediqué a buscar en periódicos y aglutinar todo lo posible. Es un trabajo de perseverancia, que no se realiza en un año ni en dos. Hice la historia de la Casa, desde su surgimiento, así como la de todos los concursos de la institución y los coloquios (se realizan en años alternos). También sobre la obra de Renael González y Ramiro Duarte, escritores que conocí”, expresa.
Para ella la memoria histórica es tan importante en una entidad que sin esta no tendría razón de ser; “porque después cómo vas a trabajar, qué historia vas a contar”, refiere. Gracias a ese “bichito” curioso que la atrapó, hoy aporta al Centro de Información de la Casa (al frente), donde todos los interesados pueden llegar.
Su impronta no es solo la de una bibliotecaria dedicada, es el ejemplo de quien ha hecho de la Casa Iberoamericana de la Décima un hogar cálido, cuya historia descubrió entre escritos y periódicos. Pero también el legado de quien se considera “muy soñadora” y se ha esforzado por hacer realidad cada anhelo. “Debemos sacar lo mejor que tenemos”, reconoce.
Actualmente es casi imposible concebir la Jornada Cucalambeana y el Coloquio Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado sin la presencia de Leticia. Ella ha derramado el corazón y sus ganas de investigar para seguir poniendo en alto la cultura de esta tierra de cactus. En su historia priman el respeto, los valores y ese amor infinito por nuestra tuneridad.

