luna educac especialLas Tunas.- Construir puentes entre lo que un estudiante ya es capaz de hacer y todo ese potencial que aún no ha sido revelado, esa es la labor de Yanelis Luna. Se trata de transmitir conocimientos y acompañar el proceso mediante el cual cada alumno edifica su confianza para caminar con pasos propios.

"Siempre soñé con ser maestra. Tuve una educadora que fue mi ídolo, mi espejo, mi ejemplo a seguir", confiesa. Aquella mujer se llamaba Madelaine Pérez, y aunque ya no está físicamente, su recuerdo sigue guiando cada paso de esta coordinadora general de la escuela especial Ramón Téllez.

"Fue a ella a la que siempre quise imitar y le doy gracias por la persona en que me he convertido", dice con emoción. Aquella escuelita, recuerda, era tan pequeña que terminó desapareciendo; hoy es una bodega. Pero eso no impidió que la semilla quedara sembrada.

Cuando expresaba su deseo de ser maestra, había criterios de quienes consideraban que no era una buena carrera o que no estaba bien remunerada; y optó por estudiar Comercio, pero su inclinación seguía intacta. Trabajó siete años en el Palacio de Pioneros, hasta que la vida le puso una prueba que transformaría por completo su destino.

"Tuve un hijo con necesidades educativas especiales, por lo tanto, quería conocer las causas de por qué mi niño había nacido con estas características; fue así como inicié en la 'Ramón Téllez'", relata.

Llegó primero como auxiliar pedagógica, luego comenzó su licenciatura en Defectología. "Le doy gracias al Comandante Fidel, porque dejé mi escuela en duodécimo grado y él ideó un proyecto para los trabajadores; pagaba un salario a los jóvenes que nos habíamos quedado desvinculados para darnos la oportunidad de estudiar".

Al principio pensó que su tesis iría dirigida a la discapacidad intelectual, motivada por las dudas sobre el diagnóstico de su hijo. Sin embargo, los estudios le fueron dando respuestas y su corazón se dirigió hacia otra área. "Me fui inclinando más por la parte de discapacidad visual, que es la especialidad que más me enamora, la que más me apasiona".

Fue maestra frente a un aula durante años, una experiencia que considera irremplazable. "Es lo que te da la oportunidad de prepararte, de conocer, de interactuar con los niños. Amo trabajar y sobre todo esa parte de la Educación Especial". Después, por necesidades de la escuela, llegó a la coordinación; pero confiesa que sigue con el corazón atado al aula, a los niños, a la familia, y con ese sentido de pertenencia, de responsabilidad y sensibilidad humana.

"Siempre presento como ejemplo mi vida personal con la familia, para que sepan que no estoy ajena a su situación, que me pongo en su lugar". Su hijo, dice con orgullo, es un logro de la Educación Especial. "Venía con un diagnóstico difícil, una discapacidad intelectual con un trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y hoy es un logro. Está incluido en un taller, estudiando Barbería, aprendiendo un oficio y es un joven que interactúa con los demás como una persona con un intelecto normal", nos cuenta.

"Desde que entré por primera vez a un aula de niños necesitados de una educación especial, supe que había encontrado mi razón de ser en la vida", confiesa conmovida esta profesora con 23 años ininterrumpidos en el ejercicio del magisterio.

"Gracias a la Revolución por prepararme, por darme la oportunidad de trabajar con estos pequeños". Una historia que demuestra que ningún obstáculo impide cumplir el sueño de enseñar.

 

 

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