
La operación militar lanzada por los Estados Unidos contra Venezuela en la madrugada del sábado 3 de enero, cuando el presidente del país fue secuestrado junto con su esposa, comenzó con un ciberataque a gran escala. Según informes, la acción buscaba cegar radares e interrumpir los sistemas de defensa aérea antes de la incursión militar. No se trató de una acción armada convencional aislada, sino de una estrategia de guerra híbrida, en la que el control del espacio digital fue decisivo para comprometer los sistemas de comunicaciones y defensa.
UN MÉTODO YA DENUNCIADO POR PEKÍN
Este tipo de operación no surge de la nada. Durante años, China ha advertido, en documentos y declaraciones oficiales, sobre el uso recurrente de ciberataques por parte de los Estados Unidos, especialmente en acciones atribuidas a agencias como la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés).
Desde la última década, Beijing ha acusado a Washington de utilizar el ciberespacio como instrumento de coerción estratégica, espionaje y preparación para acciones militares. Por otro lado, los Estados Unidos lanzan acusaciones similares contra China a nivel internacional, un contraste que las autoridades chinas suelen describir como un “doble rasero”.
Esta lógica recuerda la frase atribuida a Joseph Goebbels, ministro de Propaganda del régimen nazi, según la cual se debe “acusar al otro de lo que uno es”.
RELATO DE BRENO ALTMAN SOBRE LA OPERACIÓN
La descripción de esta táctica aparece en el relato del periodista Breno Altman sobre la llamada “Operación Resolución Absoluta”. Durante una transmisión en vivo el domingo (4), a las 17:00 (hora de Brasilia), en el canal de YouTube de la revista Opera Mundi, Altman presentó un análisis detallado de la situación en Venezuela.
El periodista afirmó que basó su relato en conversaciones con funcionarios del gobierno venezolano, incluida la vicepresidenta Delcy Rodríguez, así como con fuentes vinculadas al área de Seguridad del país. Según él, el ataque militar estuvo precedido y acompañado de una ciberofensiva que fue decisiva para el éxito inicial de la operación, neutralizando radares y debilitando el sistema antiaéreo.
En opinión de Altman, no se trató de una acción armada convencional, sino de una estrategia integrada de guerra híbrida que combinó medios digitales y militares desde el principio. La ciberinterferencia habría afectado las comunicaciones gubernamentales, la infraestructura de datos y la cadena de mando, creando un escenario de confusión y vulnerabilidad que amplificó el efecto sorpresa de la operación.
El periodista observa que este tipo de acción sigue una doctrina ya consolidada en las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, que articula la ciberguerra, la desorganización institucional y la acción militar dirigida. En el caso venezolano, los impactos en los servicios esenciales y las redes de comunicación, según él, no deben considerarse efectos colaterales, sino una parte planificada de la ofensiva, destinada a aumentar la presión política y operativa sobre el Gobierno.
LO QUE DIJO CHINA EN 2023
En 2023, China ya denunciaba oficialmente a los Estados Unidos como protagonista de una estrategia sistemática de ciberguerra. En aquel entonces, Beijing acusó a la CIA y a la NSA de realizar operaciones de espionaje y ataques digitales contra gobiernos, universidades e infraestructuras críticas en diferentes países.
Las acusaciones chinas se sustentaban en investigaciones del CVERC (Centro Nacional de Respuesta a Emergencias de Virus Informáticos de China, por sus siglas en inglés), así como en referencias a filtraciones como las de Edward Snowden y Wikileaks, mientras que Washington mantenía la práctica de acusar a Beijing de acciones similares.
En aquel momento, se trataba principalmente de una disputa narrativa y diplomática. Ahora, en 2026, sin embargo, el escenario adquiere un nuevo elemento: el informe de que una operación militar estadounidense contra Venezuela comenzó con un ciberataque a gran escala, exactamente el tipo de método que China ha denunciado durante años.
Tres años después, el caso venezolano coloca a Latinoamérica en el centro de esta disputa. Independientemente de la investigación final sobre todos los detalles de la operación, el episodio refuerza un hecho concreto: el ciberespacio ha pasado a ocupar la primera línea de las guerras contemporáneas. Venezuela emerge así como un ejemplo que ayuda a comprender por qué Beijing lleva años advirtiendo sobre esta forma de conducir los conflictos.

