
Las Tunas.- Incluso para quien nunca se ha inclinado por esa manifestación, conversar con un maestro de la plástica despierta la curiosidad por conocer ese mundo tan antiguo casi como la vida misma. Es imposible resumir en una entrevista más de cuatro décadas de entrega al dibujo, al grabado, la docencia, la investigación...
La familia hizo “lo suyo” para enrumbarlo por esas rutas, es cierto, pero ya el sueño latía adentro y su camino estaba bien definido. Por esa razón, afirma con orgullo que “ese ‘bicho’ tocó mi piel; me dije lo que quería ser y me lo creí”.
Desde el patio interior de la sede del Comité Provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), 26 conversa -y aprende- con Leonardo Fuentes Caballín, uno de sus vicepresidentes y quien lidera la Filial de Artes Plásticas.
Aunque desde pequeño el arte le corría por las venas y en su etapa de estudiante nunca dejó de crear, insiste en que la vida artística comenzó a partir de su graduación, hace 45 años. “El tiempo anterior para mí fue vida de aficionado y de sueños. Me gradué en 1980 y no niego que anteriormente tuve premios y reconocimientos, pero para mí no cuentan. Creo que la vida artística comienza cuando te dicen que eres artista”.
Al preguntarle si su amor por la plástica es herencia de familia, relata que sus padres siempre lo vieron con “buenos ojos” y lo ayudaron a estudiar. “Había un curso en La Habana por correspondencia que costaba 80.00 pesos. Era mucho dinero en aquella época, pero mi viejo lo pagó. Esa fue la semilla”, recuerda con nostalgia.
No obstante, “la cosa” también comenzó por su hermana, quien lo “haló” hacia la Escuela de Arte de Holguín, su tierra natal. “Y de momento me vi estudiando allí. Yo, que apenas embadurnaba paredes y dibujaba sobre ellas, no creí que llegaría más allá”.
Graduado de la Escuela Nacional de Arte (ENA), rememora con cariño que fue en Holguín donde se dieron pasos importantes para su desarrollo artístico. “Inicialmente era adicto a la pintura y también me gustaba la escultura, pero de pronto me adentré en el grabado, que siempre me atrapó. El plantel tenía un taller magistral y alguien un día me dijo que el grabado resumía muchas cosas, pues un buen grabador también es un buen pintor y un buen dibujante”.
Reconoce que pasó “bastante trabajo con esa disciplina”, pero esos momentos fueron muy decisivos porque entendió cuán valioso es aprender y nutrirse de conocimientos. A pesar de los problemas que luego vendrían con la logística y del país en general, y que se reflejaron en la cultura, su formación no se detuvo. Por eso, gracias a reajustes que se necesitaron en la Enseñanza Artística, se convirtió en profesor de Grabado y de Dibujo, disciplinas que se compactaron en su vida.
“Me sirvió muchísimo y tiene que ver con la realidad que me tocó vivir como estudiante, porque desde el Nivel Elemental yo estaba experimentando la escultura, la pintura y el grabado. Cuando entro a la ENA continué en eso y mucho más, pues también mis profesores me arrinconaron en una tarea que para mí fue crucial: la investigación.
“Ese proceso formador ha sido vital en mi vida profesional y docente a la hora de preparar a un alumno desde lo interior, desde lo que fuiste y quieres que ellos sean. Resultó valioso porque por nuestras manos pasaron muchos estudiantes que hoy son grandes artistas”.
Vivimos tiempos marcados por la escasez, pero cuando se trata de crear, este maestro afirma que la materia prima nunca es poca. “Las grandes obras del mundo están hechas con materiales de desechos. Todo está en el nivel del mensaje y la calidad de lo que haces en el material que emplees, que puede ser sobre la hoja de un árbol o un pedazo de cartón.
“Muchas obras de renombre están realizadas así. No voy a pensar en una cartulina guarro -carísima en el mundo- para hacer un grabado, cuando yo puedo fabricar mi propio papel. Y este se fabrica; yo lo he hecho. La escasez está en la persona. Si te limitas no avanzas; hay que salir a buscar. Esa miseria humana es la que a veces produce más crisis y te frena. Hay personas que no son artistas ni artesanos, pero sí buenos creadores. No se graduaron en una escuela, mas tienen alma de artista”.
Leonardo concede importancia significativa a la investigación. Sus deseos de descubrir y la inventiva que lo caracterizan han dado lugar a la materialización de sus anhelos. Sostiene que su vida “siempre ha estado relacionada con lo experimental y lo investigativo. Por ejemplo, uno de mis deseos era fabricar mis propias herramientas y lo hice. Construimos una prensa de grabado que me conforta por el tamaño, pero ya habíamos realizado otras máquinas de ese tipo. Y es que uno tiene que confeccionar aquello que le es útil para los procesos de creación”.
Con este deseo, también direccionó su quehacer hacia la curaduría, que ha marcado gran parte de su vida artística y hoy es una voz autorizada en este campo. “Es casi todo lo que he hecho en mi vida, y la mayoría de las colecciones que se han montado en la Uneac han pasado por ese proceso. En una exposición hay que definir qué se quiere transmitir; no puede basarse en la cantidad de obras, sino en su calidad, que va avalada por un concepto llamado armonía, unidad formal.

“Es un compendio de lo que llevas como artista. Uno puede oír criterios, pero el tuyo tiene que ser mayúsculo. La curaduría busca concretar de manera íntegra un proyecto positivo y comienza mucho antes de la exposición. En eso inciden varios factores, el artista, las obras…”.
Al preguntar qué vivencias lo han marcado más, varias invaden su memoria. Sin embargo, hay una en especial que lo hizo atreverse a entrar en un mundo que no conocía, pero del cual no ha podido desprenderse: la cerámica. Una aventura que lo llevó no solo a fundar un centro de esta disciplina junto a otros colegas, sino a adentrarse en una industria que le trajo el orgullo de prestar sus servicios en una escuela de artes aplicadas en Mozambique.
“Eso fue un poco más fuerte, era como ir a ‘bailar a casa del trompo’ porque hablamos de una escuela internacional. Nos nutrimos de ellos y poco a poco compensamos los desconocimientos de ambos lados; ni siquiera el idioma fue una barrera, pues la hermandad era tremenda. Así contribuimos a la primera graduación de ceramistas de esa escuela, a principios de la década del 90.
“Después me tocó ir a la República Bolivariana de Venezuela con la misión Cultura Corazón Adentro, en el 2008. Allí me desdoblé como grabador, volvimos a construir una prensa de grabado e hicimos un taller para esto, trabajamos con los niños… Son experiencias inéditas y únicas que ha dejado Cuba en esos lugares. Fíjate que la oposición tenía también una misión de cultura, a contraposición de la nuestra, pero jamás superaron lo que hacíamos”.
De ese “corazón adentro” surgió un taller de grabado que aún se mantiene y atrapa gran parte de su agenda: Molino Rojo, que justamente nació en los cerros de Caracas. “Le pusimos así porque nuestro color en Venezuela era el rojo; y molino porque significa movimiento constante que no para por fuerzas naturales, o sea, se mueve siempre.
“En el taller nos dedicamos a crear y queremos perfeccionarlo e inclinarlo mucho más hacia la gráfica; estamos ajustando las condiciones para eso. Con los alumnos del Curso Profesional de Formación de Instructores de Artes Plásticas hicimos una pequeña experiencia y comenzaremos a darles otras capacitaciones, porque quedaron motivados en el último taller que hicimos y necesitan aprenderlo todo para poder enseñar”.
Y como la creación es parte de él, otro motivo atrapa sus días y da lugar a que siga naciendo la maravilla. Con orgullo explica que “Zona Creativa es un proyecto que lo presentamos como colateral en la XV Bienal de La Habana, que ocurrió desde finales del 2024 hasta inicios del 2025. Se ha mantenido como espacio de zona creativa, o sea, todo confluye ahí, ese es el concepto. Ahora mismo está la exposición Memorias en el Centro de Arte, que converge precisamente como espacio creativo”.
Con tantos años de entrega al gran abanico de las artes plásticas, los consejos de este artista de talla mayor se tornan reliquias para quienes inician en el mundo del color. Para eso recomienda “mantener la sostenibilidad de creación. Si tú dibujas y lo haces bien, ya eres artista. Se trata de saber construir el dibujo, porque si este queda bien la obra será formidable”.
También aconseja investigar mucho, pero siempre bajo esa máxima que para él es fundamental: la humildad. “Es importante no creer nunca que sabemos todo. Yo reconozco que todavía sé poco y aún me queda mucho por aprender. Porque triunfaste en algún momento no puedes pensar que vas a triunfar siempre. Cada día hay que crecer”.
Bajo esa convicción, este artista, investigador y creador indetenible les desea “muy buen camino a los que se inician en este mundo; y que en ese sendero puedan encontrarse”. Y muchos estamos seguros de que en Las Tunas, Cuba y tantos lugares a los que ha llegado su arte, Leonardo Fuentes Caballín encontró, y encuentra, el camino que supo sembrar.

