
Las Tunas.- La noticia llega este martes con una tristeza indescriptible. Teresa Salcedo era parte indispensable del folclor de nuestra ciudad. Ayer precisamente hablaba con una colega en la Redacción de 26 sobre ella. Me cuesta creerlo. El otro día iba muy oronda por la calle Adolfo Villamar para disfrutar del proyecto Zabaleando y ahora nos sorprende este porrazo injusto de la vida.
Ya no estará allí, frente a la tienda El Telégrafo, “El café del amor”, como le decían a su casa, donde siempre había una tacita de esa tradicional bebida para recibir a tantos, entre ellos varias personas queridas de Radio Victoria: Julián Velázquez, Beatriz Puig, Róger Cuevas y Carbonell, Sandra López, Jorge Carbonell, Vicente Álvarez… Porque, además, era una oyente fiel, de esa que amanecía pegada a las frecuencias de la emisora provincial y no se despegaba casi, al no ser que alguien viniera con alguna canción de Julio Iglesias. Eso sí no tenía discusión.
Por eso recuerdo la entrevista que le realicé para el programa Entre Mujeres, de Radio Victoria, en febrero del actual año. Ella me recibió cual si me conociera de toda la vida. Y ahora, que la muerte se empeña en dejarnos este vacío tremendo, vuelvo a ese diálogo, a manera de homenaje…
-Teresa, ¿cómo recuerdas tu infancia?
"Fue linda, aunque algo 'apretada'. No siempre tenía a mi alcance las cosas que quería, como en Día de Reyes, que deseaba algún juguete y no lo podía tener por la situación económica. Mi mamá vendía 'cositas' y, aunque se esforzaba y me regalaba algún juguete, no llegaba aquel que yo deseaba como niña.
"Vivía en esta misma casa junto a mi madre, hermana, abuela y tías; éramos un grupo familiar grande. Además, siempre nos visitaban muchas personas, algo así como una casa de socorro o una terminal (sonríe). Y eso no ha cambiado mucho; para mí es algo valioso recibir a la gente. Hay quienes me dicen: ‘Oye, cómo tú andas’, hay quienes pasan y me voltean; yo les digo: 'Espérate, para que tomes un poquito de café’".
-Eres una mujer que desprende una energía bonita. Bailadora me han dicho, ¿es así?
"Creo que desde que estaba en la barriga de mi mamá, ya bailaba… Las fiestas me gustan mucho, la música, en general. Me llevo mi radiecito para la cama y duermo con 'él' encendido… Por supuesto, no me pierdo a Zabaleando. Antes, cuando la salud me acompañaba más, me iba para el estadio, adoro la pelota y respeto mucho a mis Leñadores, mis campeones.
"De joven, me sentaba con un grupo grande de estudiantes alrededor del busto de Martí, que está frente a la biblioteca. Mamá siempre nos decía: 'Que viren todos, ni uno menos'”. Llevábamos nuestra latica de tamal y así amanecíamos…".
-Teresa, también has tenido la oportunidad de conocer a personalidades de la cultura. Háblanos sobre eso.
"Un día se les rompió frente a mi casa el carro que llevaba a Farah María y Alfredito Rodríguez para los carnavales de Majibacoa. Llegaron a pedir agua, conversaron conmigo y me invitaron a que fuera con ellos. Y yo como soy tan ‘bretera’, agarré a mi hija y me fui con ellos para allá. Ambos muy tratables, que Dios los tenga en la gloria".
-También conociste al actual presidente de la República de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, cuando aún no tenía este cargo. Cuéntanos…
"Yo era del grupo de apoyo de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). En esos días se preparaba una Asamblea Nacional, donde vendrían numerosos participantes. Frente a La Serrana se hizo la reunión. Fueron dos días fructíferos, donde compartieron experiencias importantes. Él era del Comité Nacional y fui una de las personas que lo atendió; muy humano, tratable, sencillo y con muchos sentimientos.
"Al cabo de los años, lo volví a ver, aún no era presidente, pero sí miembro del Buró del Partido y otras funciones. Ariel Santana era entonces el primer secretario del Partido en la provincia. Recuerdo que estaba de recorrido y pasó por El Tunero. Yo aproveché para saludarlo. Le dije: 'Buenos días, usted y yo tenemos una anécdota'. Y así le recordé aquella Asamblea, sucedida 22 años antes. Me abrazó, me dio un beso y me dijo: '¡Qué bueno volverte a ver!'. Después ha vuelto siendo presidente y siempre se acuerda de mí".

-Has cultivado, además, muchos amigos en Las Tunas…
"A mi casa, en la avenida Vicente García, vienen muchas personas, que quiero mucho, varios de la Radio: Julián Velázquez, Adelquis, Bety… Están Los Zabala, que domingo por domingo vienen a tomarse conmigo el primer café, como se llama mi espacio preferido de la Radio: El primer café. Otra persona querida es Carlos Tamayo, él venía a conversar mucho con mi mamá, que sabía sobre historia y desde entonces nos conocemos. También Mercy Mercantete, que salía igualmente con nosotros. ¡Cómo gozábamos!".
-Mientras hablamos, me resulta curioso cómo nos observan tus gallinas por las celosías...
"Sí, me gusta mucho criar animales. Mis gallinas son tremendas, hasta tocan a la puerta con el piquito para que les abra (sonríe)".
-Es una apasionada también de la música de Julio Iglesias.
"Lo adoro. Quienes me conocen lo saben y me envían canciones suyas, entrevistas, documentales. No sé cuántas veces he visto la película La vida sigue igual".
-Otra de las facetas que le marcan es la creencia en la Virgen de la Caridad del Cobre. ¿Por qué?
"Un sábado estaba limpiando la casa y llegó mi hija con una amiga. Le pregunté: '¿Qué día es hoy?'. Me dijeron: '8 de septiembre'. Yo les respondí: 'Ah, la voy a alumbrar; le voy a celebrar el cumpleaños'. Así empezó todo… Mi mamá, mis tías y abuela creían en 'ella', y todo eso también influyó. Era 1984, más de cuatro décadas han pasado ya".
-Finalmente, ¿qué significa Las Tunas para ti?
"Yo vivía en La Habana, allá conocí al padre de mi hija y, por determinadas razones, vine a Las Tunas y de aquí no me he movido. Mi pueblo es este, lo quiero, amo su ambiente, su alegría… Todo el que pasa frente a mi casa me dice: 'Teresa, hasta luego', 'Oye, vieja…'; se meten conmigo, pero con respeto. Aquí soy feliz".
…
Teresa Salcedo ya no está; el cáncer que le afectaba nos alejó de ella. Pero almas así, tan únicas y folclóricas, permanecen… Y ella, especialmente, se queda en Las Tunas, esa ciudad que tanto amó, y viceversa.


