La torre de marfil es el nombre que lleva este conjunto de 27 instantáneas, en las que el artista del lente refleja la belleza del ballet. Sin embargo, aclaró en diálogo con 26 Digital a través de las redes sociales que, "mientras un fotógrafo de ese tipo de danza capta a sus protagonistas durante las escenas, yo construyo imágenes a raíz de ellos".
Este Informático de profesión enriqueció su pasión por la literatura desde que vio su primera función de ballet. "Fue amor a primera vista. Es como la ópera, o la amas o te crea un rechazo total, en mi caso me convertí en un balletómano empedernido y con este arte llego a la fotografía. Me fascina crear poemas y luego visualizarlos. A todas las personas no les gusta leer; es más fácil que vean una expo e imaginen cuál fue el poema detrás de la pieza visual".
Su Poemario sobre puntas, aún inédito, fue el sitio de partida, pues nace precisamente de esa afición. "Quería ilustrarlo, pero desde una concepción fotográfica propia. Les tomé fotos a integrantes del Ballet Nacional de Cuba. Sin embargo, aunque los observé en escenarios, siempre busqué verlos lejos de mallas y zapatillas, porque la intención era captar su esencia, como en mis versos. Fue un proceso de año y medio, pero valió la pena.
"¿Por qué trabajo el desnudo? Pues cada cuerpo tiene un lenguaje, independientemente de que se acompañe de la comunicación corporal. El cuerpo sin ropa de una bailarina o un bailarín es un poema que escribes y lees, pero no descifras del todo. No me gusta hacer fotos con atuendos, en el desnudo encuentro las palabras que armonizan mis versos con las imágenes. Para trabajar creé el ambiente propicio y así alejé cualquier incomodidad".
Natal del municipio de Manatí, Johnson se convierte en el primer fotógrafo cubano en mostrar este tipo de quehacer con bailarines clásicos. Ahora también es el primero del Archipiélago que representando esa manifestación expondrá en el teatro Solís, según informó Carlos Tamayo, presidente de la Uneac en Las Tunas.
La torre de marfil tuvo su escena inicial en la Fábrica de Arte Cubano (La Habana), con el patrocinio de la Real Embajada de Noruega. La propuesta, en ese entonces con 10 piezas de gran formato (90 cm x 124 cm), fue todo un éxito y la invitación de Eduardo Lorier, embajador de Uruguay en nuestro país, no se hizo esperar, y por eso Montevideo le abrió las puertas.
"Es un orgullo y compromiso estar aquí, pues no solo represento mi obra, sino también a la cultura cubana. Por el Centro de Información y Documentación de las Artes Escénicas, que radica en el teatro, me enteré que han estado figuras como Alicia Alonso y la orquesta Lecuona Cuban Boys. Eso me hace sentir paz y magia al unísono".
¿El futuro? "Quiero que Cuba conozca mi nueva serie titulada Espejos, el silencio de los dioses, que se incluye en esta expo. Espero que al público le sorprenda. Yo seguiré construyendo torres de marfil".






















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