Desde muy pequeño se incorporó ayudándole a su padre en un pequeño tejar que poseía, para llevar el sustento a la familia, era muy aficionado al béisbol, pero la prioridad de aquellos tiempos era sobrevivir.
"Era de carácter alegre, cariñoso y muy respetuoso, virtudes por las que se hacía querer por todos los que lo conocían. Tuvo una formación patriótica y revolucionaria desde muy pequeño, tomando el ejemplo de su padre, quien era militante del Partido Socialista Popular y viejo luchador por los derechos del hombre".
"No había cumplido 8 años cuando se instaura la oprobiosa tiranía batistiana, por lo que su niñez y adolescencia transcurrieron bajo el despótico régimen, sufriendo en carne propia las injusticias sociales y los atropellos de toda clase. Es por eso que a pesar de su corta edad cooperó con el Movimiento 26 de Julio en la zona donde vivía".
Desde 1959 se incorporó a la Asociación de Jóvenes Rebeldes, en 1960 ingresó a las Milicias Nacionales Revolucionarias y a los CDR en el enfrentamiento a los enemigos de la Revolución.
En 1961 es seleccionado para la Escuela de Capacitación Cívica, en la ciudad de Holguín. Estuvo acuartelado cuando la invasión mercenaria por Playa Girón y ese mismo año ingresó a la Fuerzas Armadas Revolucionarias.
Cursó varias escuelas militares y fue designado para la División 59 en Las Tunas, en la que también fue seleccionado esta vez para cursar estudios de instructor político en la escuela Osvaldo Herrera de las FAR en la capital, ubicado en el batallón fronterizo.
Tiempo después fue trasladado al municipio de Manatí como instructor político, de las tropas de lucha contra bandidos (LCB), ocupó también el cargo de jefe del batallón de LCB en el poblado de Bartle, en Las Tunas.
Desde su llegada a territorio tunero, Alberto Arcos Luque demostró su arrojo y valentía en el enfrentamiento decidido a las bandas de alzados que operaban en la zona, combatió contra Tuto Pupo; y en el peine de Virama se enfrentó a las bandas del Chino Figueredo y Gusberto Guerra.
A través del trabajo operativo y las informaciones de los agentes de la Seguridad del Estado se ubica al cabecilla contrarrevolucionario Gusberto Guerra Hernández, quien acompañado por un grupo de bandidos se movía por las cercanías de Manatí, intentando buscar una vía para abandonar el país.
"En la madrugada del 24 de mayo, cuando ya prácticamente se había concluido el peine, un grupo de combatientes continuaba buscando a los alzados, pero no aparecían. La escuadra dirigida por el sargento Rigoberto Batista Chapman, jefe del Departamento de Orden Público en Puerto Padre, hizo un alto frente a la finca de Eladio Vidal Carreño, cerca del río La Gallina al norte del central Manatí."
Los combatientes se acercaron a la casa a fin de determinar la posible presencia de los alzados, pero no adoptaron suficientes medidas de seguridad, los bandidos que allí se escondían al verse cercados lanzaron una descarga cerrada utilizando armas automáticas y escopetas de perdigones, aprovechando que los combatientes avanzaban confiados y no tenían cómo protegerse.
Instantáneamente cayeron muertos cinco hombres, Alberto Arcos Luque quedó malherido, pero consiguió una nueva posición detrás de una letrina y ripostó la agresión, eliminando al bandido González Figueredo. Gusberto Guerra salió apresuradamente con la intención de huir, pero Arcos Luque le disparó y logró herirlo. El bandido ripostó el ataque y uno de los disparos inutilizó el arma del combatiente.
Al darse cuenta de que el joven miliciano estaba indefenso, fue adonde se encontraba, le volvió a disparar y lo mató a bayonetazos, se alejó del lugar para tratar de escapar, mas resultó detenido poco después cerca de allí, fue juzgado por los tribunales revolucionarios y condenado a muerte por fusilamiento.
El joven Alberto Arcos Luque es un ejemplo de revolucionario, su recuerdo perdura en las nuevas generaciones que siguen su ejemplo en el cumplimiento de las tareas de la Revolución.






















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