"Les agradezco infinitamente el gesto, se han esforzado mucho en organizar esta fiesta campesina y no ha sido fácil. Que me hayan tenido en cuenta es algo hermoso", confiesa Marilyn Pérez Pérez, escritora a la que el festejo rindió honores.
Un total acto de justicia significó el reconocimiento a alguien que ha sido hada madrina de tantos infantes, por sus historias y la labor con ellos en los más recónditos lugares de la geografía local. Desde hace varios años es asesora literaria en la Dirección Municipal de Cultura.
Sin mucho ruido y suficientes nueces, la creación no cesa. Ahora mismo prepara dos libros de poesía, uno especialmente centrado en sus abuelos y el otro, en la campiña.
Durante el capítulo habanero de la 26 Feria Internacional del Libro presentó la novela Cuentos de invierno (Ediciones Bayamo) y el volumen de teatro Gabriel, la lluvia y el arcoíris (El mar y la montaña).
Diversifica así su "repertorio", hasta ahora bastante marcado por la lírica. "En la novela retrato mi infancia, que fue inolvidable -explica-. Narro sucesos con mis primos, otros familiares y la escuela. Y lo del teatro llegó por el trabajo comunitario que realizo, en esas actividades está la literatura, pero también la representación escénica de algunas obras literarias.
"Un día quise escribir algo diferente y pensé en el teatro, así nació la aventura del pequeño que busca el arcoíris y en su trayecto tiene muchas vivencias".
Vedado 3 se luce, la Cucalambeana marcha viento en popa y a la autora de Establo abierto, el primer título tunero en ganar La Puerta de Papel, le regalan varios ramos de flores en un día. Ella nació a pocos kilómetros de allí, en otro Vedado, este de apellido 2, un sitio conocido por el controvertido y gracioso nombre de Tronconera.
Esta mujer pertenece a todo aquel paraje. Sus ojos y manera de hablar delatan una nobleza y sencillez apabullantes. Idolatra al campo y a los niños, su quehacer está cruzada por esos dos amores. No quiere mayor trascendencia que la vivida. "Agradezco lo que he logrado", dice y se despide declarando animadversión a las fotos, por eso, desde lejos, sin molestar su armonía, apretamos el obturador.






















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