vejez 0 cubasi
La población de 60 años y más en la Isla es mayoritariamente femenina. Las mujeres representan aproximadamente un 54 % del total de habitantes con 60 años y más. Villa Clara y La Habana son las provincias más envejecidas.

El dato no es nuevo, pero sí permite ahora una mirada más precisa. Al cierre de 2025, 2 millones 519 mil 823 cubanos tenían 60 años o más, es decir, el 26,7 % del total de la población.

La cifra había sido divulgada anteriormente por la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), pero el pasado 1ro de octubre, con motivo del Día Internacional de las Personas Mayores, esa entidad hizo público un retrato más detallado del envejecimiento en Cuba, particularizando según sexo, zona de residencia y territorio.

Y en ese retrato resaltan dos rasgos particularmente notables: la población mayor es mayoritariamente femenina y su peso no se distribuye de manera uniforme por el territorio nacional. Del total de cubanas y cubanos con 60 años y más, 1 millón 360 mil 603 son mujeres en tanto 1 millón 159 mil 220 son hombres, para una diferencia de 201 mil 383 personas.

La Isla encanece de manera desigual

La distribución según zona de residencia introduce el otro matiz significativo. En las áreas urbanas se localizan 1 millón 78 mil 583 mujeres de 60 años y más frente a 834 mil 792 hombres. En contraste, en las áreas rurales los hombres mayores superaban en número a las mujeres: Ellos suman 324 mil 428 y Ellas, 282 mil 20.

Los datos describen, por tanto, una población mayor cuya composición por sexo cambia según la zona de residencia.

Tampoco el envejecimiento presenta la misma intensidad en todas las provincias. Villa Clara registra el mayor porcentaje de población con 60 años y más, acumulando un 30,2 % del total.

Le sigue La Habana, con el 29,1 %. Esto significa que en ambas provincias aproximadamente tres de cada diez habitantes pertenecen ya a ese grupo de edad.

Cienfuegos registra 27,7 %, mientras Sancti Spíritus y Camagüey alcanzan 27,6 %. En el otro extremo se encuentra Guantánamo, con 23,3 %.

La feminización de la población adulta mayor es uno de los rasgos más claros de la estructura demográfica actual. Las mujeres representan aproximadamente 54 % de las personas de 60 años y más, frente a 46 % de hombres.

Este dato adquiere relevancia cuando se observa la estructura demográfica en su conjunto. El envejecimiento no consiste únicamente en que aumente el número absoluto de personas mayores; también supone que ese grupo adquiere un peso cada vez mayor dentro de una población donde las generaciones más jóvenes tienen menor número.

Villa Clara y La Habana, en el extremo superior

Villa Clara no aparece por primera vez como territorio particularmente envejecido. Ya en 2024 encabezaba el indicador provincial. La diferencia está en la magnitud alcanzada al cierre de 2025: 30,2 % de su población tenía 60 años o más, frente al 29,1 % registrado en 2024.

La Habana pasó de 28,1 % en 2024 a 29,1 % en 2025, manteniéndose en el segundo lugar.

En Villa Clara, además, la edad mediana fue de 48,1 años. Este indicador no significa que el 50 % de los habitantes tenga 60 años o más, sino que la mitad de la población se encuentra por encima de los 48,1 años y la otra mitad por debajo.

La diferencia territorial también se observa a escala municipal. Plaza de la Revolución, en La Habana, registró el mayor porcentaje de población de adultos mayores, con 38,2 %, mientras Yateras, en Guantánamo, presentó el menor, con 17,9 %.

Así, el mapa demográfico cubano muestra diferencias considerables. Existen territorios donde la población mayor constituye más del 30 % de sus habitantes, y otros donde representa menos de una quinta parte.

Menos nacimientos, más envejecimiento

El envejecimiento cubano forma parte de una transformación demográfica prolongada. Los indicadores correspondientes a 2025 muestran algunos de los elementos que están modificando la estructura por edades.

Ese año se registraron 68 mil 64 nacimientos y 136 mil 214 defunciones. El crecimiento natural fue, por tanto, negativo en 68 mil 150 personas. La tasa global de fecundidad se situó en 1,29 hijos por mujer.

A ello se añadió un saldo migratorio total negativo de 245 mil 264 personas. La combinación de baja fecundidad, crecimiento natural negativo y saldo migratorio negativo modifica el tamaño y la composición por edades de la población.

Otro indicador muestra la dimensión del cambio: la población en edad laboral se situó en 5 millones 606 mil 541 personas en 2025, una reducción de 1 millón 259 mil 894 con respecto a 2021, según los datos de la ONEI.

Estos indicadores no permiten atribuir el envejecimiento a una sola causa. Pero sí observar que Cuba está experimentando simultáneamente una reducción de los nacimientos, un crecimiento natural negativo, una disminución de la población en edad laboral y un aumento del peso relativo de las personas mayores.

Las consecuencias de esa estructura demográfica son importantes. Porque una población con menos personas en las generaciones jóvenes y en las edades laborales, y con una proporción elevada de personas mayores, plantea necesidades distintas para la organización económica y social del país.

¿Quién cuida a quién?

La feminización del envejecimiento plantea, además, una pregunta que desborda las estadísticas: quién cuida a quién cuando las principales cuidadoras, que tradicionalmente han sido las mujeres, se inscriben en el grupo más envejecido, atendiendo al sexo.

En Cuba, las mujeres han asumido tradicionalmente una parte importante de las tareas de cuidado dentro de los hogares -de niños, familiares enfermos y muy mayores-, pero si ellas constituyen la mayoría de la población de 60 años y más, esa estructura de cuidados puede volverse progresivamente más frágil.

Una mujer mayor podría encontrarse cuidando a otra persona todavía más dependiente, mientras disminuye la disponibilidad de familiares en edades activas capaces de asumir esas responsabilidades.

El envejecimiento femenino, por tanto, no concierne únicamente a las propias mujeres mayores, puede modificar la organización cotidiana del cuidado dentro de las familias.

Las consecuencias potenciales alcanzan también otros ámbitos. Una mayor presencia de mujeres en edades avanzadas puede incrementar la demanda de servicios de salud y de atención de larga duración, específicos para una población que, por su propia composición, necesitará respuestas diferenciadas.

Es posible que aumente asimismo el número de hogares en los que una mujer mayor viva sola o dependa de redes familiares cada vez más reducidas, especialmente en un país donde la emigración y la baja fecundidad están modificando el tamaño y la composición de las familias.

Y a ello se agrega otra dimensión menos visible: si las mujeres llegan a edades avanzadas después de una vida marcada por una mayor dedicación que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados, la feminización de la vejez puede estar acompañada por desigualdades acumuladas en ingresos, autonomía económica y capacidad para afrontar la dependencia.

La pregunta, entonces, ya no es solamente cuánto envejece Cuba, sino cómo seguir afrontando ese envejecimiento, sobre todo con cara de mujer.

 

Escribir un comentario

Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Código de seguridad
Refescar