
La Habana.- Mientras buena parte del mundo recuerda y celebra hoy la victoria sobre el fascismo alemán, las ideas que llevaron a la barbarie de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) renacen y se enquistan como nunca antes.
Con el imperialismo estadounidense a la cabeza y su actual presidente Donald Trump, lanzando dardos envenenados sobre un mapa global, la historia y el futuro de la humanidad penden de los caprichos de un delincuente egocéntrico sin control.
A la nueva cruzada se le unió, una vez más, el gobierno sionista de Israel y su amigo Benjamín Netanyahu, quien este 9 de mayo debiera esconderse de vergüenza frente a la efeméride que no olvida, ante todo, los millones de víctimas del holocausto, gran parte de ellos judíos.
El Día de la Victoria debiera servir para alertar a líderes y decisores sobre los peligros inminentes de una conflagración mundial, de mayor alcance que las anteriores, la cual pudiera acabar con nuestra civilización.
Los pueblos debemos insistir en la urgencia de retomar el camino del multilateralismo, la Asamblea General de Naciones Unidas requiere cerrarle el paso al egoísmo y la codicia de algunos grupos de poder internacionales, con planes de armar un nuevo reparto del mundo.
La realidad está demostrando que el fascismo no es historia del pasado para contarle a los niños y las niñas en las escuelas, son los cohetes y las armas que caen hoy sobre el pueblo palestino, en el Líbano, Irán, y que amenazan como nunca antes a Cuba.
El hambre que una vez mató a muchos seres humanos de distintos países de Europa en los campos de concentración nazis, no tiene edad, es el mismo que sufren por estos días miles de personas en la Franja de Gaza, como mismo niños cubanos no tienen acceso a determinados medicamentos y procederes médicos a causa del criminal bloqueo estadounidense. Eso también es fascismo.
La mayoría del mundo civilizado asiste fríamente al exterminio de grupos humanos y civilizaciones desde la tranquilidad de sus móviles y televisores.
Hoy es un día para invocar la necesidad de vivir en paz, de llamar al diálogo entre países y gobiernos, de volver sobre las metas de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, de seguir trabajando para no dejar a nadie atrás, aunque cada día esos sueños se tornen más lejanos y ese futuro parezca una quimera.

