
Las Tunas.- En el fútbol -como en casi todos los deportes-, cuando un equipo triunfa, los titulares de prensa y las cámaras de Televisión persiguen casi siempre al delantero que anotó el gol decisivo en tiempo agregado o al guardameta que enloqueció el graderío con una atajada espectacular. Los reveses, en cambio, suelen inculpar al hombre que da instrucciones desde una banda o le ordena calentar a un jugador de cambio para que entre a la cancha. A ellos los cintillos y los parabienes les son esquivos, menos cuando sus equipos ganan. Aun así, se les reprocha por una alineación controvertida o un reemplazo inoportuno.
Muchos creen que el banquillo es el refugio natural de los grandes jugadores cuando cuelgan los tacos. Pero no siempre es así, y la realidad lo confirma. Muchos técnicos llegan al fútbol con un título universitario bajo el brazo, luego de ejercer profesiones tan ajenas al césped como la ingeniería, la medicina o la administración de empresas. Para ellos, el campo de juego no solamente se lee con el instinto del conocedor. También se diseña con la misma precisión con la que se proyecta un puente o se diagnostica una dolencia. Son estrategas que, antes de preocuparse por el fuera de juego, se preocuparon por superarse.
Un ejemplo es el chileno Manuel Pellegrini, conocido como El Ingeniero. Se graduó de esa profesión en su país, y luego de una etapa como jugador, debutó como técnico y ganó con clubes en Chile, Ecuador, Argentina, Inglaterra y España. El argentino Carlos Salvador Bilardo, por su parte, llegó al más universal como ginecólogo. Para el Mundial de México 86 le encargaron dirigir la selección nacional gaucha, y lo hizo tan bien que ganó el título con Maradona a la cabeza. Bilardo le aportó al fútbol el sistema 3-5-2, último planteamiento táctico del siglo XX. Luego de perder en Italia 90, devino comentarista de la cadena FOX Sports.
Otro profesional convertido en estratega es Heimir Hallgrímsson, quien lleva las riendas de la selección nacional de Islandia, una isla nórdica de poco más de 300 mil habitantes. En su aval figura un pergamino de odontólogo, y, cuando no está entrenando a sus pupilos, suele marchar a su clínica a empastar caries y resarcir molares. El mexicano Hugo Sánchez es un caso singular: no solo fue Pichichi en el Real Madrid. También aprovechó el tiempo en su etapa con los Pumas y estudió en la Universidad Nacional Autónoma de México, de donde egresó como cirujano dentista. Tras su retiro se hizo técnico, y como tal dirigió a la selección azteca y al club Almería de la Liga Española. El colombiano Francisco (Pacho) Maturana es un ejemplo análogo. Además de calificado técnico que dirigió la selección nacional de Colombia, es un reconocido odontólogo.
Un caso atípico entre los entrenadores de alta gama es el del argentino Jorge Valdano. Integró la plantilla del equipo rioplatense campeón en México 86, luego devino estratega y comandó el Real Madrid, del que fue, además, director deportivo. A su preparación como técnico unió sus éxitos en la literatura, al punto de publicar 12 libros, entre ellos Sueños de fútbol, Cuentos de fútbol y Apuntes del balón. Autodidacta confeso y agudo comentarista, se le atribuye la frase “el fútbol es lo más importante entre las cosas menos importantes”.
Los entrenadores que llegaron al fútbol desde otras áreas son la mejor respuesta a esa equivocada creencia de que este maravilloso deporte es solo cuestión de instinto. Se trata de ingenieros, médicos, odontólogos y escritores que convirtieron la cancha en su quirófano, su obra civil o su página en blanco. Porque al final, el sistema táctico más efectivo no se aprende en una banda, un vestuario o un banquillo, sino en la vida real, esa que gana y pierde partidos.

