Bibliotecas0Las Tunas.- La década del 90 llegaba a su fin, todavía las pantallas no habían invadido los hogares cubanos y en la escuela muchos disfrutábamos la llegada de un turno diferente: Biblioteca. Allí siempre nos esperaban propuestas de clásicos como Las aventuras de Tom Sawyer, Oros viejos, El cochero azul y otros que nos sacaron sonrisas mientras devorábamos sus páginas.

Escogíamos lo que queríamos leer, recorríamos los estantes, tomábamos un libro… Días gloriosos. En casa no nos esperaba un celular; solo a muy pocos un juego de Nintendo. Las bibliotecas se llenaban de visitantes, sobre todo, los fines de semana. Pero los tiempos cambiaron, la tecnología ganó terreno y hoy casi toda la información se consigue en Internet.

Así ha pasado en la mayoría de esas instituciones. A menos que se exija buscar un libro, pocos llegan hasta sus predios. ¿Ya a nadie le interesa ir a estos espacios? ¿Deberían transformarse a tono con las circunstancias para atraer públicos?

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        ¿SE PERDIÓ EL GUSTO POR LEER?

El hábito de lectura, además de aumentar los conocimientos, facilita la interacción social, aporta realización y sensación de plenitud. Por eso, es recomendable crearlo desde la niñez y fomentarlo en todas las enseñanzas; con la conciencia de los múltiples beneficios que trae en disímiles aspectos, hasta para manejar el estrés.

Ahora contamos con herramientas que permiten leer en soporte digital, mas es positivo que no medie tanta pantalla. Pero todos no lo ven así y, lo peor, los niños pasan más tiempo con un teléfono que jugando bolas.

Para conocer sobre el apego a la lectura entre los tuneros, 26 hizo una encuesta por WhatsApp y Telegram. En la primera red, 77 alegaron leer en sus ratos libres y 74 afirmaron que este es un hábito necesario. En la segunda, el 60 por ciento manifestó hacerlo en sus momentos libres y el 68 abogó por la importancia de este ejercicio. Un grupo que, sin dudas, insufla esperanza.

Mientras, 10 lectores respondieron en WhatsApp que leer es aburrido, y prefieren series y películas. Con esto coincide el ocho por ciento de los encuestados en Telegram. A través de WhastApp, 58 usuarios se inclinaron por los libros digitales. Así concuerda el 52 por ciento de los que contestaron en Telegram. Ante esos índices y preferencias, las bibliotecas, en su concepto primigenio, están en clara desventaja.

Este rotativo también se acercó a alumnos de varias enseñanzas para saber cómo es su afluencia a esos locales. Las opiniones no son tan diferentes. Ana, de duodécimo grado, expresa que “prácticamente los muchachos solo asisten cuando estas instituciones convocan algún concurso. Todo lo que nos orientan lo buscamos en Internet. De mi aula van pocos. Yo voy, pero no a leer, sino a estudiar porque es un lugar tranquilo. Y apenas veo a dos o tres estudiantes allí”.

Para Ernesto, la lectura “es un hábito importante por el ejercicio mental que provoca en el ser humano, además de su aporte cultural y lingüístico”. Empero, aclara que tanto él como sus compañeros no necesitan una biblioteca para concretarlo, pues “es más fácil buscar en Internet”.

Por su parte, Esteban, de sexto grado, plantea que fuera del turno concebido para ello, muy pocos niños visitan ese sitio, solo algunos para hacer tareas; y cada vez menos. Reconoce que al principio iba en varias ocasiones, porque “me gustaba leer, pero ya no. Creo que de mi aula va uno solo; nadie más…”.

Es una práctica que se extiende sin miramientos. Así lo ratificamos cuando solo tres internautas alegaron en WhatsApp que acostumbran ir a dichos espacios a solicitar un libro, mientras que en Telegram lo hizo el cuatro por ciento.

Por su parte, María Magdalena Ruiz Ávila, jefa del Departamento de Gestión de la Información en la Universidad de Las Tunas, cuenta con dolor cómo ha decaído en los estudiantes el deseo de visitar esos locales simplemente por el placer de leer.

“Hoy el horario de biblioteca es hasta las 4:00 pm, pero del 2011 al 2015, en la sala donde se prestan libros, se trabajaba hasta las 11:00 y había buena afluencia. Es un salón grande y quedaban muchos esperando afuera; ahora la asistencia es nula.

“El estudiante no debe conformarse con lo que recibe en el aula, porque es muy poco el tiempo; necesita indagar más. Pero solo vienen si se les orienta buscar algún libro o consultar determinada tesis, no a leer. Los ejemplares de literatura prácticamente no se miran. Los demás se emplean si hay algún evento extra. Desde los últimos 10 años para acá es como si solo se estudiara por el teléfono”.

Ante la interrogante de qué pueden hacer las instituciones para reanimar su existencia, Zoila Nieves Molina Pupo, bibliotecaria con 41 años de entrega, reconoce que ahora estos centros tienen la contrapartida de las nuevas tecnologías, pero de su lado están la sensación única de la lectura en papel y ser un punto de encuentro.

“Nosotros convocamos certámenes como Sabe Más Quién Lee Más y Leer a Martí. Pero el alumno debe sentirse estimulado a participar. Necesitamos hacer presentaciones de libros, narraciones de cuentos, que sea un espacio vivo, funcional, y forme su público, que logre su objetivo…

“Los maestros deben promover la lectura. Todavía hay mucho por hacer. No se trata de llevar al niño a la Feria del Libro a ver quién compra más, sino que los títulos se lean y disfruten”, asegura ella.

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           EL SILENCIO DE LOS ANAQUELES

Armando López Carralero, director de la biblioteca provincial José Martí, informa que actualmente en Las Tunas hay 11 bibliotecas públicas (siete municipales, tres sucursales y la “José Martí”). Al cierre del 2025, en esa red existían 21 mil 30 usuarios y mil 244 lectores.

“Los primeros son los que van a estudiar a la biblioteca, sin la necesidad de estar inscritos. Los segundos están inscritos y solicitan préstamos. Siempre hay más usuarios que lectores”, explica. Según datos extraídos del Anuario Estadístico de la provincia, desde hace varios años han ido disminuyendo considerablemente ambos números.

Al decir de López Carralero, “aunque esta institución cuenta hoy con tres salas especializadas, solo una está trabajando, la Patrimonial. También figura la de navegación, pero permanece sin funcionamiento por deterioro tecnológico.

“A pesar de las acciones de mantenimiento de los últimos años, la situación infraestructural del inmueble es regular. No obstante, los libros están en buen estado, pues la labor de restauración y conservación es sistemática. Gracias a esto, los ejemplares han permanecido en su estantería de acuerdo a la clasificación y contamos con una base de datos, creada en el 2013, de referencia nacional. Y estamos presentes en las plataformas Facebook y X.

“Además, todas las prisiones cuentan con minibibliotecas y el cambio del fondo se hace periódicamente. Una vez al mes, nuestros especialistas realizan un taller literario que potencia la promoción de la lectura y la adquisición de habilidades en diferentes géneros literarios. A ello se suman varios espacios fijos”.

Por su parte, Carmen Velázquez Quintana, presidenta de la Sociedad Cultural José Martí (SCJM) en Las Tunas y quien dirigió esta instalación por 21 años, rememora acciones que se hicieron tiempo atrás, ejemplos de buenas prácticas.

“En 1980 se lanzó el Programa Nacional Por la Lectura, con una estrategia para llevarla a diferentes grupos etarios y comunidades, mas no siempre las personas acudían a nosotros. Eso nos obligó a buscar alternativas. De ahí que se crearan aquí las casas biblioteca. Se trataba de personas que en sus barriadas tenían espacios de este tipo o les gustaba la lectura, y les facilitábamos colecciones de textos para que ellas, de manera voluntaria, involucraran a otras.

“Esta provincia fue pionera en ello, funcionó cerca de 20 años. Luego se expandieron al país. En el territorio hubo 32, la mayoría en la ciudad cabecera. Lamentablemente, eso se perdió… Por otro lado, la ‘José Martí’ disponía del área de extensión bibliotecaria, que propiciaba iniciativas fuera del recinto. Tuvimos las Bebetecas, para niños de 3 o 4 años, a quienes hablábamos sobre libros y enseñábamos imágenes”.

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                        DE CASOS Y COSAS

Al analizar este asunto, Carmen refiere que -con el transcurso del tiempo- en nuestra tierra se vislumbran más pérdidas que ganancias. “Ha disminuido la calificación del personal bibliotecario y las plantillas están muy deprimidas. No es llamativo el salario ni el incentivo para trabajar. Falta la adecuada formación de estos trabajadores. No es cuestión de localizar el libro, sino de enamorar al lector para que nos visite y luego tenga la atención pertinente”, señala.

Ella recuerda cómo en el área de arte y música tenían un fondo de discos de vinilo extraordinario, además de diapositivas, obras y bibliografía especializada. “Hoy, prácticamente, en todas bibliotecas del territorio las condiciones físico-ambientales no resultan atractivas para los visitantes.biblioteca1 1

“La sala Patrimonial aquí, por ejemplo, presenta filtraciones, que causan moho, un gran enemigo. Eso es atroz, ahí existen obras valiosas, de siglos anteriores. Además, logramos el primer laboratorio tiflológico del país, o sea, la informática en función de los invidentes. Pero sin computadoras, ahora las bibliotecas no son nada; esa es la manera de acceder a información que jamás tendremos en papel”, añade Velázquez Quintana.

A Carmen la envuelve la nostalgia por esos tiempos que situaron a la institución en un lugar activo dentro del panorama cultural tunero. El nacimiento, bajo su cobija, del espacio Ciudad virtual, de la Feria del Libro y la Literatura aquí; convertirse en pionera en el país en la digitalización de catálogos y disponer de una sala de navegación con un público fiel figuran entre los días gloriosos que vivió la directiva.

“La compra de libros es otro asunto latente. Las bibliotecas no deberían descuidar ese tópico y destinar parte de su presupuesto a ello. También persisten deudas en materia de promoción”, expresa esta mujer, con 42 años vinculados al oficio.

    TRAS LA RESURRECCIÓN DEL ENCANTO

Redimir la vitalidad y la magia que emanan de estos recintos debe ser compromiso de toda la sociedad, más allá de sus artífices. Autoridades, directivos, estudiantes, maestros, bibliotecarios y otros se benefician con los resultados, pues su buen funcionamiento tributa a un país más culto. Pero eso solo será posible si renovamos el enfoque tradicional con el que se ha mirado el ejercicio de estos centros, para ir construyendo un camino de atraer al público con propuestas más creativas y contemporáneas, que pongan a dialogar prioridades institucionales y prácticas culturales del presente.

Si ya pedir un libro no es lo común, y aún en el imaginario popular persiste la utilidad de sus locales como sitios de estudio, entonces hay que explotar más esa vertiente y que sirva como puerta de entrada para mayores empeños.

biblioteca3Institución cultural al fin no debe bajar la guardia en la comunicación con la sociedad. Al respecto, Velázquez Quintana recomienda estudiar los públicos antes de cualquier actividad, no olvidar su carácter inclusivo y promover, en varias plataformas, las iniciativas. “La promoción de la lectura es una ciencia”, comenta.

Una opción que pudiera pensarse, a nivel territorial, es la asociación con actores económicos privados, tomando como referente los cafés literarios, con excelentes experiencias en provincias como Camagüey. Asimismo, “es preciso cambiar la imagen de las bibliotecas, intencionar la formación del personal, poner la tecnología en función de promover la lectura y ampliar el fondo bibliográfico. Esas entidades son parte esencial del Programa para la Preservación de la Memoria Histórica, priorizado en Cuba, al que debe dársele presupuesto, y eso no se ha logrado en nuestra tierra”, remarca la directiva de la SCJM.

No es cuestión de menospreciar la tecnología, ni los cambios culturales que impone; sino de conocer bien ese terreno, y encontrar oportunidades y no obstáculos, desde la renovación de ciertos paradigmas. Desde 26 exhortamos a una mirada gubernamental, institucional y social en torno al tema para rescatar espacios “dormidos” y necesarios en pos del desarrollo intelectual. Defendamos mejor esos templos de sabiduría, que -al decir de Martí- nos invitan a pensar en grande.

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