
Las Tunas.- Por más que lo intente, para Yamila desde hace meses la vida perdió el sabor. Le cuesta reírse, cuando antes lo hacía hasta por gusto. Le cuesta hablar, incluso con los de casa, cuando antes no dejaba ni ver la novela por estar “cotorreando”. En el trabajo no se concentra; solo piensa, piensa, piensa…, y sufre.
Le han dicho que ya no lo haga, que siga su vida, que no vale la pena, pero ella se empeña en seguir cargando con recuerdos que la agobian a cada segundo. No se le olvidan, no se van… La migraña empezó a ocupar espacio y su espalda carga un estrés que ya lo sufren la cervical y los hombros.
No es exactamente por un problema físico, pero en eso se convertirá si Yamila no toma una decisión. “No es fácil”, se dice a sí misma; “no es justo”, se argumenta. Pero al final es ella la que sufre las consecuencias de cargar con un morral muy pesado y agobiante: el rencor. Yamila necesita perdonar…
Puede parecer trillado, y en lo personal ya he tocado el tema del poder que tienen las palabras en las personas; poder para edificar y también para destruir. Sin embargo, hay algo que, si no se combate, poco a poco nos lastra la paz y destruye interiormente, al punto de sentirse en carne propia.
Quienes guardan resentimientos no avanzan, al contrario, se estancan, se victimizan. Por si fuera poco, esto puede convertirse en la causa de decisiones destructivas, como el abuso de sustancias. Aunque muchos no lo crean, es un ladrón silencioso de la paz.
El dolor no procesado es generalmente lo que da lugar al rencor. Los especialistas recalcan que este puede conducir a problemas físicos como hipertensión arterial y el riesgo de enfermedades cardíacas. Viene un estrés emocional que provoca una liberación de hormonas, las cuales a largo plazo perjudican el corazón y los vasos sanguíneos.
Según me dijo un médico allegado, el sistema inmunológico también sufre, porque estos sentimientos negativos debilitan la respuesta inmune y hacen que el organismo sea más vulnerable a infecciones y enfermedades. Eso sin hablar de los problemas de salud mental como ansiedad y depresión.
Y lo peor no es solo eso, quienes te rodean también sufrirán, porque se dañan las relaciones interpersonales; y no vale la pena seguir perdiendo amigos solo porque otros no valoraron lo que ofreciste. Más allá de destruir relaciones, este sentimiento hace más daño a quien lo alberga. Pregúntate si vale la pena “paralizarte” por algo que ya pasó (y que no tiene por qué regresar). Prefiero pensar en todo lo que queda por delante, en todo lo que aún me falta por crecer, experimentar…, y ganar.
Debes saber algo, quien te haya dañado continúa con su vida, con sus proyectos y sueños. El rencor no puede impedirte eso; no se lo permitas. Sigue con los tuyos tú también, nadie merece que te detengas. La vida de por sí ya es difícil en estos tiempos, no hay por qué tornarla más dura.
Por muy malas pasadas que la memoria pueda jugar, los seres humanos somos expertos en recordar lo que queremos, lo que nos interesa que permanezca ahí, intacto en la memoria, y más si se trata de algo doloroso. Cuando hablo de perdonar no me refiero a una “amnesia” repentina o por arte de magia. El daño no se borra de la noche a la mañana; el daño fue real. Siempre que veas a esa persona lo vas recordar, es inevitable. Perdonar es justamente no guardar rencor, a pesar de todo.
Aunque parezca que al hacerlo estás otorgando un obsequio, en realidad te estás dando un regalo a ti mismo y es mucho lo que vas a recuperar. Vas a liberar a esa persona de la culpa, pero también te desharás de una carga que es solo a ti a quien afecta.
¿Es difícil?, sí; ¿imposible?, no. Cuesta, es cierto, la naturaleza humana tiende a ser vengativa y el desquite puede incluso sentirse placentero. Sin embargo, no vale la pena; a la larga vendrán las consecuencias.
Es tu decisión dominar o dejar que te domine. La mejor manera es buscar el modo de lidiar con el dolor y seguir adelante. No puedes cambiar el pasado, pero sí tu futuro, y para eso necesitas salud.
Existen estrategias y se puede buscar apoyo. Los especialistas están ahí para ayudar a procesar el dolor, dejar ir y seguir adelante. Si eres de los que aún sigue agobiado con resentimientos y te cuesta perdonar, hoy puede ser el día de tu liberación. Suelta esa carga; no la necesitas.

