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El 23 de Abril se celebra el Día del Idioma y Día Internacional del Libro; debe ser una jornada para respetar más nuestra lengua materna. En esta ocasión, 26 conversa con una profesional que ha dedicado su vida a defender el español desde todos los escenarios

Las Tunas.- Grechel Calzadilla Vega es de esas profesionales que llevan nuestra lengua materna como bandera y escudo a cualquier lugar. El gusto por la lectura y la vocación por las letras la han acompañado desde niña. Ambos despertaron en ella la inclinación por defender el español y su variedad cubana.

Como la mayoría de los adolescentes, que sueñan varios escenarios para su futuro, en un principio pensó en convertirse en abogada. Pero la influencia de sus excelentes profesores de Español-Literatura, Maribel Vázquez y Luis Hernández, la hicieron cambiar el orden de las opciones y su meta se inclinó hacia la Filología.

Esa afición por las letras -confiesa- resultó “un acicate especial para ir perfilando una actitud de responsabilidad individual y social ante la lengua materna”. Por otro lado, su llegada a la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana definió por completo su pasión por la Lingüística hispánica.profe Grechel Día del idioma 6

De la mano de un claustro “de lujo” inició su labor investigativa sobre la variedad cubana del español, fundamentalmente en lo concerniente al léxico. Indagar en el mundo de las palabras, su etimología, las variaciones de su significado, su expresividad… resulta parte indisoluble de su vida profesional y personal; ella cree apasionadamente en el poder creador y transformador de la palabra.

Desde el Centro de Estudios Pedagógicos de la Universidad de Las Tunas, esta doctora en Ciencias Pedagógicas, profesora e investigadora titular explica cuán importante es conocer y valorar la variedad cubana del español, que es, también, parte de lo que somos. “Explorar y conocer las características del español que hablamos favorece comprender cómo el lenguaje configura nuestra cosmovisión e identidad, nuestro modo de pensar, sentir, actuar y comunicarnos con nosotros mismos y con los demás”, enfatiza.

Su trabajo como docente, además de enseñar, va encaminado a la indagación lingüística, lo cual le ha permitido participar en proyectos de ciencia, tecnología e innovación. Hoy está al frente de dos, y uno de ellos, que concluye este año, “se enfoca en el estudio sociolingüístico del idioma que se habla en nuestra provincia, pues los antecedentes más inmediatos datan de 1989”, afirma.

“Es un proyecto que me satisface y del que ya se tienen resultados parciales importantes, centrados en la descripción fónica, gramatical, léxica y discursiva, que tipifica la manera de hablar del tunero. Estos resultados se incluyen en un estudio posdoctoral y cuentan con aplicabilidad didáctica, pues resulta importante enseñar y enseñar a aprender la lengua que hablamos y que nos identifica”.

Más de 20 años de vida laboral y como docente en la formación de profesionales de lengua y literatura le ha permitido acumular muchas vivencias. No obstante, menciona que la más enaltecedora es la satisfacción de contribuir a formar a los estudiantes día a día, “a través de la enseñanza de la evolución sincrónica y diacrónica de nuestra lengua. Enseñarles a conocerla y usarla con precisión y adecuación, como una herramienta de poder, contribuye a transformarlos cognitiva, afectiva y conductualmente. Lo que más me gratifica es sentirme útil e impregnar, con sensibilidad y rigor, la responsabilidad ética ante una herencia cultural invaluable, que nos pertenece a todos”, expresa.

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Al decir de esta profesora, quien domina su idioma puede pensar mejor y con mayor claridad, argumentar con solidez y justeza, relacionarse con asertividad y empatía, y participar con voz propia en la sociedad. En este afán, explica que la defensa del español debe basarse en la comprensión equilibrada de su riqueza y su heterogeneidad, de su unidad y variabilidad; entender que la lengua es parte indisoluble de nuestra cultura e identidad.

“Mantener una actitud consecuente de lealtad y respeto por ella no implica asumir, a ultranza, una defensa rígida y purista de normas, sino encontrar el equilibrio entre la tradición académica, la conciencia histórica y los cambios propios de la variación lingüística, que singularizan la relación de los hablantes, la lengua y la sociedad”, reafirma.

Cuando se le pregunta qué significa el español para ella, explica que este no es únicamente “un sistema de signos destinado a la comunicación; es, ante todo, una forma de comprender, de insertarse y de transformar la realidad social en la que se desarrolla; de modo que su defensa resulta un compromiso consciente con su vitalidad, su diversidad y su función sociocultural.

“Para millones de personas, es la lengua en la que se construyen afectos, se transmiten saberes, se edifican relaciones sociales y se articulan memorias colectivas; es una herramienta de conocimiento, un patrimonio cultural y un instrumento de justicia social.

“El español de Cuba representa un entramado dinámico y en constante transformación, que sintetiza como ningún otro elemento nuestro decursar como nación y nuestra identidad, al tiempo que es el vehículo de transmisión de la cultura toda: la material y la espiritual. Su defensa trasciende lo académico: es un acto de responsabilidad consciente y de preservación de una herencia sociocultural secular”, resalta.

No solo Grechel se ha mantenido en constante defensa de nuestra lengua materna, quienes sentimos orgullo de hablar el llamado “idioma de los dioses” nos unimos a ella. Lamentablemente, muchos no lo ven de la misma manera, y es alarmante cómo inclusiones y anglicismos están amenazando su uso correcto. Al respecto, llama la atención hacia un problema que debe ser de todos.

“Defiendo el papel de la variación léxica como el motor impulsor de la vitalidad de la lengua materna, pero me preocupa que cada vez es más común la transgresión de los empleos, que debieran ser justificados contextualmente, sin sanción social. Es alarmante la ‘normalización’ de expresiones soeces, vulgares, malsonantes (también a través de pseudomúsica), sin que esto pareciera ni siquiera llamar la atención de casi nadie, muchas veces en espacios o instituciones públicas.

“También me preocupa que continúa dilatándose la aprobación de la política lingüística cubana, que describa, norme y proteja los usos lingüísticos del español, de acuerdo con las particularidades históricas y culturales de la nación. Una política lingüística permitirá articular los esfuerzos entre instituciones educativas, culturales y mediáticas, garantizando la necesaria coherencia -sin imponer rigidez normativa -, que se revierta en la educación de la sociedad y la preservación del patrimonio cultural”.

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UN OFICIO ESPECIAL: LA CORRECCIÓN DE PRENSA

Desde hace poco tiempo, Grechel es una de las correctoras de 26, pero desde su etapa universitaria, y como parte de los perfiles principales de su carrera, tuvo la oportunidad de incursionar en la edición y pulido de textos, ejercicio que -confiesa- es el que más disfruta.

Las editoriales Letras Cubanas y Arte y Literatura le abrieron las puertas a este mundo, que le permitió ejercer este oficio varios años en la revista La Jiribilla y, tras su regreso a Las Tunas, en el año 2006, convertirse en correctora de VisiónTunera, el sitio web del telecentro TunasVisión. De un trabajo tan necesario, y que este Periódico defiende sobremanera, también ofrece sus consideraciones.

“La corrección de prensa no es un simple ejercicio de pulcritud estilística; constituye una práctica de responsabilidad social. En cada texto existe algo más que la forma en la que se configura un discurso en cualquier género; a la vez que se informa o se recrea la realidad, se legitima y se modela la conciencia lingüística de una comunidad. El trabajo del corrector debe entenderse como una garantía de rigor lingüístico, ético y estético, de respeto hacia el lector y también como una manera de educar en torno al uso adecuado de la lengua materna.

“El corrector tiene a su cargo revisar la precisión terminológica, la ortografía, la calidad de la redacción, para evitar sesgos discriminatorios, ambigüedades o alteraciones en el significado de los hechos que se pretende comunicar. Además de ajustar el discurso a una norma estándar, que sea comprensible para todos, evitando errores que puedan derivar en desinformación o en interpretaciones equívocas, y garantizar que el mensaje llegue con calidad.

“En el plano social, la corrección adquiere una dimensión aún más profunda. Los medios de comunicación son referentes lingüísticos para amplios sectores de la población, pues lo que se publica tiende a ser reproducido y legitimado. De ahí que la difusión de errores no sea inocua, pues contribuye a la erosión de la norma y a la naturalización de usos inadecuados, en un contexto donde la información circula con rapidez y, a menudo, sin filtros.

“Una prensa cuidada favorece la educación lingüística de los lectores y fortalece el prestigio de la lengua como herramienta de pensamiento crítico, a la vez que pondera la calidad y credibilidad del propio medio ante la comunidad sociocultural de hablantes a la que representa”.

¿Qué recomiendas a los lectores de 26 y a todos los que, como tú, sentimos orgullo de nuestro idioma?

“El 23 de abril es una fecha significativa. En este contexto, recomiendo acompañarse siempre de la lectura, porque es la puerta al conocimiento; respetar nuestra lengua y ‘cerrar filas’ a lo que la dañe, pues esto implica destruir una herencia sociocultural, la identidad y la memoria colectivas”.

Por último, la profe Grechel no quiere terminar el diálogo sin antes ponderar que “defender el español es, ante todo, tender puentes entre la norma culta y las variedades populares, entre la tradición y la innovación léxica, entre la corrección y la expresión auténtica”. Desde 26 le decimos que estamos totalmente de acuerdo.

 

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