
Las Tunas.- Lo cuenta y muestra fotos con su kimono, blanco como su alma, y su jakama, negro cual sus cabellos; y aun así nos es imposible imaginarla, tan menuda y delgada, ejecutando movimientos de artes marciales. Luego nos lleva a su oficina, donde -entre papeles y leyes- se prepara para ser una mejor jurista.
María Alina Carralero Ceballos, especialista en Comunicación de la Dirección Provincial de Justicia y jefa de su Departamento de Organización y Control, es una mujer especial, henchida de pasiones y entrega, no solamente en el mundo del Derecho, sino también de la Comunicación.
Tunera de pura cepa y ufana de esta tierra de cactus, guarda el orgullo de haber vivido una niñez muy alegre, en la que no faltaron los juegos; una familia humilde, que ha sido su sostén permanente; y unas ganas enormes de crecer. Hoy es abogada, pero primero se hizo técnica de Nivel Medio en Informática y como tal empezó su vida laboral.
No obstante, siempre tuvo la ambición de matricular una carrera de letras. Y mientras en su mente disputaban dos disciplinas que le resultaban atractivas, ingresó a la Universidad mediante el curso para trabajadores. Eso, sin dejar sus responsabilidades en la Secundaria Básica Carlos Baliño.
“Quería Comunicación Social, pero no abrió ese curso; en cambio, Derecho sí. Fueron seis años de sacrificio; trabajaba de lunes a viernes y estudiaba los fines de semana. Era difícil, pero guardo buenos recuerdos. Al graduarme me incorporé a la Dirección Provincial de Justicia, como especialista en Control Interno, en el Departamento de Organización y Control”, recuerda.
Su llegada allí ha sido un constante crecimiento, incluso se hizo registradora civil. De la mano de excelentes profesionales, entendió que estaba en el lugar correcto. Entre sus tutores menciona a Consuelo Rodríguez Valenciano, su primera jefa y quien le enseñó las cualidades que precisan los abogados en el Ministerio de Justicia (Minjus), el actuar diario, la ética...
“Siempre he trabajado en este departamento, que tiene que ver con todo y por obligación debo aprender de todo. Entonces ha sido un reto, y justo eso es lo que me ha llevado a permanecer aquí. Al principio no sabía cómo manejarlo, pero el tiempo y la experiencia me han ayudado”, dice orgullosa.
Luego vendrían la especialización en Control Interno, varios cursos de Dirección en la Escuela del Partido, asumir la presidencia de la Delegación de Base de la Unión de Juristas de su entidad, durante ocho años... Sin embargo, le quedaba una asignatura pendiente...
LA COMUNICADORA QUE LATÍA DENTRO
A pesar del miedo escénico que -confiesa- tenía cuando niña, “y por eso nunca participé en matutinos”, se considera una comunicadora de nacimiento. La Maestría en Comunicación Social era un desvelo constante. Por eso, esperó pacientemente hasta que un día, después de la covid-19, le dijeron que abriría.
“Matriculé y ha sido plenitud perfecta entre el Derecho y la Comunicación. He alcanzado grandes logros en mi trabajo y me ha servido para expresarme mejor, manejar las redes… Una vez graduada participé en el evento internacional Juriscuba 2024, donde presenté mi tesis. Fue una experiencia maravillosa, marcó mi vida y me hizo darle más sentido al trabajo”, pondera.
Pero no se quedó ahí. Se propuso participar otro año y entonces cambió la tónica. Esta vez fusionó la comunicación con la Defensoría, un departamento que atiende a personas en situación de vulnerabilidad. Así demostró cómo influye la comunicación en su perfeccionamiento.
“Amo el Derecho, pero la comunicación es mi complemento. Son dos carreras que llevo a la par. Lo mismo estudio las nuevas normativas del Registro Civil o la Notaría, que la reciente Ley de Comunicación Social”, menciona.
KUNG FU KE HSIAO, AIKIDO, JIU JITSU Y MÁS…
Realmente María Alina es muy delgada, pero eso nunca fue impedimento para practicar deportes. En la escuela era común verla involucrada en actividades de exploración y campismo, jugando voleibol, atletismo y luego sumó natación. No obstante, meses después de convertirse en abogada descubrió otra pasión.
“Un amigo me invitó a practicar artes marciales y empecé a entrenar kung fu ke hsiao, de origen chino. Y me parecía ilógico que yo, con 48 kilos, pudiera hacer un deporte que lleva tanto esfuerzo físico, pero él me decía: ‘Tienes el prototipo para eso’. Han pasado 13 años y he sumado karate, aikido, jiu-jitsu y boxeo.
“Al inicio fue difícil, llegaba con moretones, cansada, porque entrenaba después del horario laboral, pero con el tiempo las artes marciales se convirtieron en un estilo de vida para mí. Aprendí a ser más humilde, a tener seguridad en mí misma; en fin, me hicieron mejor persona”, reconoce.
Actualmente, esta joven es una de las tuneras que entrena esgrima kali, un arte marcial filipino y complemento del karate. Con el tiempo entendió que, como le enseñara uno de sus profesores, no hay nada fuerte para nadie, todo es cuestión de propósitos y perseverancia.
CRECIENDO SIEMPRE
Con apenas 36 años, esta abogada, comunicadora y deportista tiene infinidad de vivencias por contar. Demostró que la edad no define, la actitud sí. Siempre pensando en la población, muestra resultados relevantes y es reconocida entre las comunicadoras más versátiles que ha tenido el Minjus.
“Me gusta comunicar a través de la Televisión y la Radio. A esta última voy a menudo a divulgar nuestros servicios y ahora estoy en el curso de Asesoría Radial. Quería ser locutora, pero la voz no me lo permite. Sin embargo, mediante la asesoría puedo escribir y crecerme en ese mundo tan hermoso”.
Al preguntarle qué no debe faltarle a quienes deseen estudiar Derecho, sin titubear señala “decisión, amor por la carrera y no tener miedo a decir lo que está establecido, porque eso es lo que somos”, sostiene.
Hoy María Alina es segundo dan en jiu-jitsu e instructora de defensa personal; y no descansará hasta conseguir “una maestría en deportes de combate y abrir una escuela de defensa personal para mujeres. Aún hay mucha violencia y es importante que la mujer conozca y se dé valor a través de las artes marciales.
“Usted puede tener 40 años y seguir soñando”, aconseja, convencida de que ella es una soñadora. Quizás su estatura no sea la más alta o su peso el ideal, pero es una mujer resiliente y con un nivel de altruismo, que la hace mucho más grande. Así, entre ejercicios y sueños pendientes va por la vida esparciendo valores y buenas acciones.

