hogar psico pedagpogico las tunas 2026.jpgLas Tunas.- Cuando Osmay Vázquez Leyva llegó al centro médico psicopedagógico Calixto Sarduy Arcia (más conocido como Hogar de Impedidos Físicos) de Las Tunas, venía solo. Sin saber del todo lo que encontraría. Era finales de octubre del año pasado. La comisión de cuadros lo llamó para ponerlo al frente de una institución con características muy especiales.

"Uno llega y a los pocos días queda atrapado", confiesa. Y no es metáfora.

Osmay recuerda con claridad su primera semana. Los pacientes, muchos con severas limitaciones motoras y cognitivas, no lo dejaban pasar. Le agarraban la bicicleta, le tocaban el hombro, lo llamaban.

"Ellos me dicen papá", cuenta con una sonrisa que se le escapa entre las palabras. "Saben que soy el director, pero me llaman papá".

No es un título vacío. Ese cariño verdadero, asegura, es lo que atrapa a cualquiera que tenga sensibilidad humana. Y es también lo que lo impulsa a quedarse.director hogar psicopedagogico calixto sarduy las tunas 2026.jpg

PARA QUIENES NO PUEDEN VALERSE POR SÍ MISMOS

La institución tiene actualmente 72 pacientes: 70 internos y 2 seminternos. Están distribuidos en tres salas: varones (25), hembras (26) y polivalente, una sala especial donde están los que no se valen por sus propios medios.

En ese último espacio, todos tienen silla de ruedas. Dependen totalmente de los cuidadores y del personal de Enfermería para las actividades más básicas: comer, bañarse, moverse.

Aunque el centro comenzó como un hogar de niños, hoy ninguno de los internos es menor de edad. Algunos llevan 40 o 50 años viviendo allí. El único menor, de 14 años, asiste como seminterno.

Las patologías predominantes son las secuelas de parálisis cerebral, trastornos neuromotores y otras afecciones que limitan la movilidad y, en muchos casos, la autonomía.

ENTRE EL ANTES Y EL HOY

El colectivo que hoy dirige Vázquez Leyva no es el mismo que encontró. La Fiscalía investigó el centro entre junio y agosto del año pasado por denuncias de irregularidades.

Los directivos fueron separados. También el administrador, el jefe de Servicios y personal del área económica. Seis trabajadores fueron sancionados.

"Entonces llega este colectivo nuevo con el reto de hacer las cosas mejor", resume. La palabra clave, repite una y otra vez, es organización.

Hoy ya completaron los cuadros directivos: director, jefa de Asistencia Médica, administrador, jefes de turno. Solo el Departamento Económico sigue asistido por una mipyme.

"Lo principal es la transparencia", insiste Osmay. "Y para eso lo mejor es trabajar en equipo: dirección, Partido y Sindicato".

La organización ha sido la base para todo lo demás: desde la limpieza hasta la alimentación, pasando por la recepción de donaciones, que ahora se registran con expediente y entrada al almacén.

"Eso no se hacía antes", subraya.

DÉFICIT DE PERSONAL: LIMPIEZA, SEGURIDAD Y LAVANDERÍA

Uno de los mayores retos es el capital humano. Solo tienen dos agentes de seguridad para una plaza de nueve. No hay personal de limpieza contratado.

Son los propios trabajadores quienes, mediante pluriempleo, limpian, lavan y cocinan.

"Eso les mejora el salario", explica Osmay. "Y la institución se mantiene limpia y organizada gracias a ese esfuerzo".

La lavandería, sin embargo, sigue siendo un punto crítico; necesita más puestos cubiertos.

Por su parte, en la cocina no hay lugar al inmovilismo. Hicieron una alternativa y ahora los fogones de leña son la norma. El gas licuado escasea.

"Tenemos distribuidores que nos traen la leña", explica Osmay. "Después de que se hizo la cocina, ese asunto dejó de ser un problema".

Eso sí, reconocen que ese tipo de cocción implica un esfuerzo extra, pero han logrado mantener el servicio diario sin interrupciones.

LA ALIMENTACIÓN: EL GRAN DESAFÍO NUTRICIONAL

Uno de los logros más valiosos ha sido cubrir las plazas de dietista y nutricionista, mediante pluriempleo. Crearon un comité de nutrición que sesiona cada mes para analizar la alimentación y los abastos.

Pero el déficit de proteína resulta innegable. La carne escasea, y la base de la dieta es picadillo, jamonada o mortadela.

"Eso dificulta la mejoría nutricional", admite.

Alrededor de 40 pacientes están bajo peso. Un porcentaje importante, que refleja el principal problema de salud de la casa: la desnutrición, agravada por las dificultades para masticar y deglutir que presentan muchos de ellos. A eso se suman la hipertensión, la anemia.

MEJORAS VISIBLES: COLCHONES, SILLAS, PINTURA Y UN PARQUE

Asegura el directivo que después de la investigación, la unidad fue repotenciada: cambiaron los colchones de la sala polivalente, entregaron sillas de ruedas a todos los pacientes y también a otros que las necesitaban.

Pintaron las salas. Transformaron el comedor: pintaron mesas, enchaparon el pantry, mejoraron la iluminación. El parquecito del frente fue arreglado.

En abril crearon la brigada Centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro, una estructura organizada que asigna a cada trabajador un paciente con bajo peso.

"De nuestras casas, según las posibilidades, le traemos una merienda, una pizza, un almuerzo", cuenta. "Porque realmente tenemos que ayudar. La situación está compleja y aquí sobra el sentido de pertenencia".

La iniciativa, asegura, ha fortalecido el vínculo entre el personal y los internos, y ha mejorado la calidad de vida de los más vulnerables.

DONACIONES Y ALIANZAS: LA SOLIDARIDAD QUE SOSTIENE

"Las donaciones llegan. Mañana mismo, el director de la Plaza Martiana vendrá con una cooperación. Y te puedo enumerar trabajadores por cuenta propia, iglesias, una mipyme de Buena Vista, un religioso que arregló puertas, una jefa de sala que prestó su lavadora personal...

"Son acciones que marcan a uno", confiesa nuestro entrevistado. "Y así la cooperación es bastante importante".

Pero Osmay no se rinde. Sabe que su mayor reto -y empeño- es mantener la vitalidad de esta institución con las dificultades que todos atraviesan.

DE LUCES Y SOMBRAS...

La historia de este hogar en Las Tunas es, ante todo, un testimonio de resistencia humana y compromiso. En apenas meses, el colectivo liderado por Vázquez Leyva ha logrado transformar una realidad marcada por irregularidades en un espacio donde la transparencia, la organización y el sentido de pertenencia comienzan a ser los nuevos cimientos.

Sin embargo, los desafíos persisten y demandan atención impostergable, pues el déficit de personal especializado constituye una de las heridas más profundas de la institución. La ausencia de agentes de seguridad, personal de limpieza y trabajadores para la lavandería obliga a los propios empleados a asumir múltiples funciones mediante pluriempleo, una solución que, aunque muy válida, debe revisarse continuamente, para no poner en riesgo el bienestar de los trabajadores y la calidad del servicio que reciben los pacientes.

La desnutrición preocupa sobremanera y urge garantizar una alimentación mejor. La dependencia de picadillos y embutidos limita cualquier posibilidad de recuperación nutricional sostenida. Mientras, la infraestructura tiene un punto de atención en la cocina, y el esfuerzo que implica que sea la leña la variante de cocción.

Frente a estos tropiezos, la institución ha desplegado un arsenal de creatividad y solidaridad que merece ser reconocido y potenciado. Más allá de una misión laboral, aquí se siente que se trata de vocación. Sin embargo, lamentablemente, eso no basta.

El camino más prometedor, y que debe ser fomentado desde todas las instancias, es el de la imbricación social, que implica tejer alianzas estables con actores diversos que compartan el compromiso con esta causa, y posibiliten la colaboración sistemática para eliminar problemas y que no se desvanezcan los logros ya cosechados. Un centro de tan alto valor humano no merece menos. 

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