Las Tunas.- “La literatura es una bella angustia”, afirma Adalberto Hechavarría Alonso y sus ojos opacos se pierden hacia algún horizonte imaginario. El autor de Todos los trenes pasan por Omaja y otros títulos memorables, no esconde la alegría que le causa la dedicatoria de esta Feria del Libro y la Literatura en la provincia, junto a Jorge Luis Peña Reyes.
Allí, desde su Macondo majibacoense, no deja de escribir, soñar y preparar a otros a través de iniciativas como la Casa del Soneto, que aviva junto a Teresa Fonseca Oropeza, su esposa y colega de las letras.
“Empecé a escribir desde temprana edad. Mi abuelo materno, de origen canario, improvisaba décimas y me compraba textos. Así que, desde pequeño, sabía que iba a ser escritor. Imagínate, mientras mis hermanos pedían juguetes, yo pedía libros”, recuerda.
Confiesa que la naturaleza y el mundo interior le resultan temas apasionantes y por ahí ha conducido gran parte de su obra. “Me gusta explorarme a mí mismo y volcar todo lo positivo que hay en mi corazón”, añade. Él deviene, asimismo, todo un maestro del soneto, aunque cultiva otros géneros. Su formación pedagógica ha contribuido al paso seguro por las letras, pero es la poesía la que definitivamente lo atrapa como “un rafagazo”.
“La literatura es el remanso que tiene el hombre para examinarse y proyectarse hacia los demás”, resume el creador de una veintena de libros publicados y similar cantidad de inéditos. “Escribo con mucha disciplina, casi todos los días. La literatura enaltece el alma, fortalece la espiritualidad, se disfruta...”, alega. Y sus ojos vuelven al infinito, como quien busca allí nuevas musas.
El latido permanente de Jorge Luis
Biólogo de profesión, llega al mundo de las letras como muchos otros, seducido por cierta fuerza irresistible. Pero no fue en Puerto Padre, su tierra, donde nació “literariamente”.
“Carlos Téllez, Daniel Laguna y Antonio Borrego iban al Pedagógico a desarrollar un taller por la Casa Iberoamericana de la Décima. Un día me embullé a participar y escribí un texto muy malo, pero ellos me animaron y condujeron a nuevas lecturas A partir de ahí, nos reuníamos jóvenes con esos intereses, hacíamos talleres, nos obligábamos a perfeccionar los textos...”, cuenta Jorge Luis, hoy con más de 20 libros publicados.
Siguió su camino, primero con la décima y luego tras otras experimentaciones. Los lauros empezaron a llegar y una sorpresa le deparaba la vida. Justo a él, que pensaba escribir de todo, menos literatura infantil.
“Fui a una comunidad de Pilón (Granma) como parte de un premio que gané, pero sin sospechar que el público estaría conformado por niños. Entonces me atreví a leer un texto que traía, con palabras esdrújulas, y los pequeños comenzaron a reír. Eso me animó; fue todo un descubrimiento”, rememora.
Por ese sendero nació Avisos de bosque adentro, su primer libro, que resultó ganador del Concurso Principito, y después llegaría Donde el jején puso el huevo, Premio Regino E. Boti.
Jorge Luis tampoco deja de escribir para adultos y siempre anda tras nuevos proyectos, aunque el tiempo no sea el más idóneo. “La literatura es una necesidad con la que me tropecé; solo me he dejado llevar. Es circunstancia feliz, latido permanente”, concluye.

