Sábado, 23 Junio 2018 07:01

Cartas... ¿dónde están las cartas?

Escrito por Graciela Guerrero Garay
Cartas... ¿dónde están las cartas? Foto:Internet

Las Tunas.- "El cartero viene todos los días a traerme el periódico, pero nunca trae cartas. ¿Es que ya no se usan?", me dice con cierto pesar en sus ojos. "¿Te imaginas si las muchachitas en vez de llamarme tanto me escribieran? Podría leer mil veces las notas cuando me desvelo y creo que el asma me llevará de nuevo a Terapia Intensiva. Nadie entiende el valor de una carta".

"Deberían realizar un concurso para que la gente las haga", insta rotunda, con un brillo de añoranza en sus ojos cansados. Es joven aún, pero varias enfermedades le ponen un matiz oscuro a su rostro. Migdalia Betancourt no es la única que añora esos pliegues de papel escritos por las manos del ser querido... personales, confidenciales, espléndidos en detalles, cercanos... Al menos, eso encontramos al indagar un poco.

Un mero sondeo a lectores de diferentes edades y niveles culturales arrojó que todos, al menos una vez, redactaron una misiva amorosa, perfil que parece ser el más explotado, incluso desde la adolescencia. Pero, al mismo tiempo, estos 20 entrevistados confesaron que hace más de un lustro no utilizan ese maravilloso modo de incrustar los mensajes y sentimientos para siempre.

Partesdeunacarta¿Razones?, diversas. La común de las "culpas" recae sobre la digitalización de la comunicación y la proliferación de los celulares, aunque igual alegan que con la crisis de papel del Período Especial  desaparecieron los sobres y se impuso el teléfono, "porque hasta los telegramas perdieron su primacía", señalaron otros.

Para Leo, como todos conocen a este querido cartero recién jubilado, el asunto resulta "algo triste en verdad. En mis últimos tiempos de trabajo repartí muy pocas. ¡Y cómo me gustaba ver la cara feliz de la gente cuando recibían una! Es cierto que la demora de la correspondencia se agudizó mucho desde los 90 hasta hace dos años, época en que dejé mi oficio. Eso puede haber influido, y también se perdían, llegaban abiertas o nunca aparecían".

Algo interesante es que a los adolescentes les gusta escribir epístolas llenas de emociones expresas o secretas, pero al ponerlas frente a los modernos MMS y SMS se quedan con estos. Los adultos mayores desean que alguien querido les dedique unas líneas desde la distancia, "para guardarlas de recuerdo o leerlas cuando los extrañe; pero escribir, ya no, las manos se cansan".

Mientras las cartas familiares, íntimas o amorosas -llamadas informales y/o personales- van en total declive y se las traga la novedad de la tecnología, las clasificadas como formales, aumentan y se mantienen a la orden del día en la vida social de los tuneros.

Reclamaciones, quejas, solicitud de servicios, avales de cualquier índole, documentos de fe, de negocios, despidos, ventas, recomendación, autorización, recibo y aplicación, entre otros, son pliegos que circulan con una misión y mensajes específicos según remitentes y destinatarios y, al parecer, no están todavía sujetos al furor del reinado digital, amén de que se tecleen, impriman y hasta sea aceptado su envío a través del correo electrónico.

¿Desleal competencia? No se sabe aún. Algunos encuestados prefieren no tener que hacerlas por el tema de la burocracia, las respuestas demoradas o la pérdida entre buzones y valijas.
Las otras, las perfumadas y pintadas de amarillo por las huellas del tiempo y el valor sentimental parecen condenadas al olvido, sustituidas a fuerza de emoticonos y caracteres pulsados desde los dispositivos modernos.

Este fenómeno no es privativo de los tuneros. En el resto del país y el mundo la correspondencia epistolar corre igual suerte y deja de ser preferencia en los modos de comunicación humana, fundamentalmente de los jóvenes. Sus detractores le auguran la muerte en las próximas décadas.

Lo anterior puede tener una buena dosis de certeza a partir de criterios emitidos en diferentes reuniones de balance del Grupo Empresarial Correos de Cuba, en las que consta el declive del envío de cartas personales en las últimas épocas. En la búsqueda de motivaciones para rescatarlas andan los empeños.

HISTORIA Y REALIDADES

A Cristóbal Colón se le atribuye el haber sido el primer cartero que tuvo la Isla, según datos de un dossier rubricado por Lucía de la Caridad Sanz Araújo, en ocasión del aniversario 260 del Correo cubano. El almirante trajo en su viaje la primera epístola de que se tiene noticias en la historia del continente.

La misiva estaba dirigida al Gran Khan (Ojan), Rey de Reyes, o a cualquier otro príncipe soberano, firmada por los Reyes Católicos y con fecha del 3 de abril de 1492. La custodió el judío Luis de Torre y en ella los soberanos ofrecían su amistad a quien llamaban "amigo carísimo" y añadían: "Hemos sabido que estáis de ánimo y mejor voluntad hacia nosotros y nuestro reino".

Dos años después, el descubridor de América llevó a España la primera carta escrita por un europeo en el Nuevo Mundo, embalada en cajas de madera, precintadas y embreadas con encerados dobles para evitar que se mojase o estropeara durante la larga travesía.

Tal importancia merecida a esos papeles que atesoran la caligrafía de puño y letra de cualquier mortal parece desmoronarse ahora. Sin embargo, para muchos todavía una carta de amor es eso, una carta de amor, y la escriben y mandan el 14 de Febrero. Pero también la familia y las madres reciben esos sobres timbrados, con esperadas noticias de los hijos distantes.

"Es verdad que la tecnología se ha impuesto a la costumbre de escribirlas, pero los alumnos de la Enseñanza Primaria aprenden a redactarlas. Ahora, en los exámenes finales de sexto grado, uno de los objetivos evaluados fue ese. Disfruté mucho cómo contaron a sus amigos las bellezas de Cuba y la provincia. En el aprendizaje, este vital recurso de la comunicación no se olvida", señala Rosa Tamayo, bibliotecaria del seminternado El Vaquerito.

No todo está perdido. Puede que quizás falte una motivación pública, intencionada, a la usanza de un gran festival que traiga de vuelta el deseo de hacer y recibir un mensaje redactado sobre un papel en blanco, escondiendo pasiones o desvelos en un sobre. O tal vez algún pacto con la inteligencia práctica, capaz de hacerles ver a los humanos del siglo XXI que las esencias del espíritu no deben mutilarse.

A lo mejor, así, Migdalia espante la nostalgia y el cartero, caramba, sea... porque ahora no suena irreal ni despectivo que la gente, no más, le llame periodiquero.

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