El inmueble original era de madera, de dos plantas y dos aguas, estructura que se mantiene en el proceso de reparación, pero las paredes, que se veían deterioradas, ahora son sustituidas por hormigón, que simula el tabloncillo de la otrora vivienda, un trabajo concebido por el escultor Róger Antuña.
Ha sido una labor minuciosa y en detalle, para que la instalación mantenga la misma forma de cuando se convirtió en museo en 1978, hace cuatro décadas.
Se espera que para el 6 de octubre, aniversario 42 del horrendo crimen, las tres salas expositoras del local reabran sus puertas para volver a mostrar las informaciones que generó el hecho, fotos de las 73 víctimas del atentado y parte del fuselaje del avión caído en las costas de Barbados.
Objetos personales, trajes y armas de combate empleados por Carlos Leyva y Leonardo McKenzie -el otro tunero víctima de la acción terrorista- en eventos de esgrimas, se exponen en el museo.
En la parte exterior del inmueble mantienen una sala de esgrima construida también hace 40 años, la cual funciona como un área especial para los estudiantes que les gusta practicar ese deporte.
La casa es acompañada por una singular escultura de metal, del matancero Juan Heznart, titulada Nuestros muertos alzando los brazos, premio del Salón Nacional de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en 1978.
Es habitual en Las Tunas que cada 6 de octubre llegue hasta el memorial una peregrinación popular, en recordación a las 73 víctimas del sabotaje y específicamente al equipo juvenil de esgrima, que acababa de ganar el Campeonato Centroamericano de esa disciplina, efectuado en Caracas, Venezuela.






















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