Cuando se constituyó la asociación campesina en el barrio Álvaro Reynoso, se vinculó con la organización. Años después se fue al sur en busca de territorios más propicios para el cultivo. Tras él fueron para el nuevo asentamiento alrededor de 100 familias. Según cuentan los compañeros de Sabino, este tenía mucho prestigio entre los precaristas.
Estos territorios eran ambicionados por la Manatí Sugar Company, monopolio norteamericano encabezado por la familia Rionda, cuya casa matriz radicaba en Nueva York. Acostumbrada a proceder según sus intereses, la "Manatí..." comenzó a ejercer presiones para desalojar a los campesinos, intentos que tropezaron con la oposición de los precaristas, liderados por Sabino.
La compañía trató de sobornarlo con un cheque en blanco para que el campesino pusiera la cantidad por la cual estaba dispuesto a abandonar la lucha. Sabino respondió: "No existe dinero para comprar la vergüenza del campesino". Le ofrecieron 50 caballerías de tierra, pero una vez más chocaron con su actitud: "Si me entregan el mismo central Manatí no lo cambio por el prestigio mío y de mi familia ni el derecho de los campesino a la tierra".
El 23 de septiembre de 1948, Sabino Pupo fue elegido por sus compañeros para presidir la asociación campesina. Su figura recia se convertía cada vez más en un obstáculo mayor para las pretensiones geófogas de la compañía imperialista, que decidió asesinarlo, con el conocimiento y la aprobación del presidente Prío. La "Manatí..." alquiló a los asesinos, y el 20 de octubre de 1948 se consumó el crimen. Más tarde, la compañía pagó la defensa de los matones que había contratado y estos salieron absueltos.
El entierro de Sabino Pupo se convirtió en una manifestación de duelo popular. A pesar de su desaparición física, los campesinos cubanos, inspirados en su ejemplo, continuaron la lucha por sus derechos.






















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