Enseguida fue socorrido y operado por un equipo de especialistas. Aun así, su vida quedó literalmente pendiendo de un hilo. El incidente dejó un halo de tristeza que se extendió como pólvora. Y la mayoría de los presentes rememoraron que hace algo más de un año el trencito de Manatí terminó con la existencia de una muchacha de veintitantas primaveras, cerca de la bodega La Colmena, en la localidad capital, porque iba escuchando alguna canción con unos aparatos similares en sus orejas.
Antes, un suceso parecido había roto el ritmo tranquilo aquí, cuando el tren urbano embistió con fuerza a otra mujer que tampoco miró hacia atrás ni escuchó el pito por estar concentrada en el reproductor de música de su teléfono. Por fortuna, ella logró sobrevivir al impacto, pero estuvo hospitalizada por mucho tiempo.
Estos siniestros paralizaron a la población en su momento. El dolor por la pérdida o desgracia de una persona joven se magnifica, pero infortunadamente hechos de la misma índole se siguen repitiendo sin que las autoridades pertinentes tomen medidas severas contra los conductores y peatones que incurren en las vías con cualquier aparato electrónico que los disocie de la realidad.
La situación requiere de medidas ejemplarizantes. Abundan las anécdotas de cocheros y bicicleteros que aseguran que adolescentes con auriculares se les cruzan en frente y ni cuenta se dan del peligro que causan y corren. Tampoco es difícil observar a algún conductor hablando por teléfono y el volante descuidado.
La mayoría de los accidentes de tránsito obedecen a la falta de sentido común. Debería estar muy claro que las normas ciudadanas exigen andar alerta en las calles, líneas, cruceros y demás espacios públicos, porque cualquier descuido puede acarrear un acontecimiento nefasto que incluso, dañe a otras personas.
Los audífonos emergieron de los adelantos de las telecomunicaciones para facilitar la vida y hacerla más entretenida. Son accesorios que implican la cancelación de los ruidos externos y permiten reproducir con calidad las melodías, pero por su efectividad en la anulación del entorno sonoro se recomienda el uso de dicha tecnología en la casa, sentados en el parque, para compartir una composición con alguien especial, para relajarnos durante los viajes...
Cierto es que la cotidianidad no carece de encrucijadas que dan ganas de "enajenarse". En el caso de los jóvenes es mucho más fácil abstraerse y rememorar encuentros, visualizar metas, la mirada de unos ojos especiales, el regaño de algún familiar o solo perderse en la letra de la canción preferida. Corresponde como familia orientar a nuestros hijos para que sepan encontrar el espacio seguro donde "desconectarse".
La música es inherente a la humanidad. Siempre ha sido una suerte de bálsamo para los que esperan, los que extrañan, los tristes, los enamorados... Pero como a todo, hay que saber encontrarle sus momentos. Y cuidado con los audífonos en cualquier vía, porque pueden y han demostrado ser mortales.






















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