Lo afirma el Héroe del Trabajo de la República de Cuba Domingo Urrutia Estrada y recuerda que en las últimas elecciones generales le propusieron, por su avanzada edad, llevarle la boleta a la casa y "no acepté, caminé poco a poco hasta el colegio y después me quedé tremendo rato observando cómo transcurrían las cosas. Soy militante del Partido y en ese momento me sentía parte y responsable de que todo saliera bien".
A nadie que conozca al detalle la historia de Cuba antes del triunfo de la Revolución y la vida de este ejemplar trabajador puede parecerle ilógica su determinación de "ir a las urnas", como me dijo, "a defender su infancia".
Es que Domingo tuvo la mala suerte de nacer en El 20, del actual municipio de Manatí; luego, por decisión familiar se fue a vivir a La Macagua, otra zona rural de gente humilde esquilmada por terratenientes y colonos, muy parecidos a las actuales oligarquías nacionales que ahora asaltan el poder político, pues el económico ya lo tienen, en las tierras de Nuestra América.
"Es cierto, dice con una sonrisa bonachona, que ya soy un viejo y el tiempo no tiene vuelta atrás. Yo no tuve oportunidad de disfrutar como los niños de hoy, a quienes la nueva Constitución da y defiende derechos negados a muchos antes del Primero de Enero de 1959".
El otrora recio machetero nació negro, pobre y guajiro y en esos tiempos era un pecado, "y yo pequé", dice y vuelve a sonreír, porque se siente reivindicado en sus descendencias, "ni ellos, ni tú conocieron aquellos maltratos y alégrense".
Y su relato es conmovedor: "Era todavía un muchacho y caminé mucho. Iba pa´la Sierra a ver si tenía suerte y encontraba algo que hacer. Iba para el central Francisco, hoy Amancio Rodríguez, cuando empezaba la zafra, a ver si me ponían a cortar aunque fuera un bulto de caña. Así era mi vida", rememora sin nostalgias.
"La Revolución fue el todo pa´mí", lo afirma enérgico y los ojos color café brillan, y recuerda su participación en la toma de Bartle, el 28 de diciembre de 1958 y la marcha triunfal de su columna rumbo a la ciudad de Las Tunas, "nosotros estábamos en la retaguardia, prestos al combate, pero la guarnición se rindió. Muchos de mis compañeros se quedaron en el ejército, pero yo decidí volver al campo".
Y ya no tuvo que desandar colonias para buscar el sustento propio y de su familia. Y todas sus energías y fuerzas las volcó en los cañaverales liberados, en las zafras del pueblo, donde conquistó muchos estímulos y reconocimientos, y la Condición de Héroe del Trabajo de la República de Cuba que guarda con absoluta modestia.
"La Constitución refleja la realidad cubana de ahora mismo y se proyecta al futuro. Y vamos adelante y hay que votar por el Sí", esa es la recomendación de Domingo Urrutia a los trabajadores, al pueblo, a las nuevas generaciones.
"El socialismo hay que seguirlo, defenderlo, porque materializó los anhelos de todos los que luchamos, porque es el que reivindica los derechos del pueblo y le da sentido a la Revolución", concluyó.






















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