acto por Barbados 2

Las Tunas.- Quizá en alguna casa de Cuba alguien miró el reloj aquella tarde y pensó que ya debía estar por llegar. Las noticias tardaban más en esos años. Un avión podía desaparecer del cielo y durante un rato todavía quedaba la esperanza de que todo fuera un error, una confusión, cualquier cosa menos la verdad.

Era 6 de octubre de 1976 y el vuelo CU-455 de Cubana de Aviación salía de Barbados rumbo a Jamaica y La Habana. A bordo iban 73 personas, entre ellas, los jóvenes del equipo cubano de esgrima que regresaban de una competencia, estudiantes guyaneses que se formaban en nuestro país, ciudadanos de la República Popular Democrática de Corea y los trabajadores de la tripulación.

Pocos minutos después del despegue, dos explosiones destruyeron el avión sobre las aguas de Barbados, nadie regresó. Y es que hay una distancia enorme entre decir que murieron 73 personas y pensar que fueron 73 despedidas que nunca pudieron hacerse como merecían. Y así, con toda la tristeza a cuestas, quedaron recuerdos, una conversación pendiente, un cumpleaños que ya no tendría a quién celebrar y una puerta que alguien siguió mirando durante demasiado tiempo.

Los imberbes esgrimistas ganaron el Campeonato Centroamericano y del Caribe, llevaban consigo medallas, fotografías y seguramente planes para la próxima justa. Los alumnos guyaneses venían a estudiar y la tripulación simplemente cumplía con su trabajo, pero la muerte los puso a todos en el mismo lugar.

Luego vinieron las investigaciones, las detenciones, los testimonios y los documentos. También quedaron señalados los responsables intelectuales y materiales del atentado y sus vínculos con organizaciones terroristas cubanoamericanas. Un pueblo enérgico y viril lloró por días, años… y la injusticia no pudo menos que temblar.

Cinco décadas después, aquel suceso forma parte de una estela más dolorosa, porque el tiempo no sana una ausencia, la vuelve cotidiana, con efecto bumerán y cala hasta lo más hondo.

Decir sus nombres sigue siendo una forma de devolverlos al sitio que nunca pudieron alcanzar. La memoria hace ese trabajo sin que el cuerpo lo pida. Reúne lo que el crimen, aún impune, quiso separar y vuelve a poner a aquellos rostros frente a nosotros.

Cuba cambió, y con ella, sus calles, sus generaciones, sus preocupaciones. Algunos de quienes recuerdan aquel día ya peinan canas y otros ni siquiera habían nacido cuando ocurrió. Y es que, hay experiencias que no necesitan haberse vivido personalmente para ser comprendidas.

¿Qué habría sido de todo si aquellos pasajeros hubieran llegado a su destino?

La historia no concede esas respuestas. Solo dejó su huella y un vuelo que, medio siglo después, todavía no llega a casa.

Escribir un comentario

Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Código de seguridad
Refescar