Viernes, 17 Mayo 2019 07:06

Yo tengo algo que decir...

Escrito por Yuset Puig Pupo

A propósito de celebrarse la Jornada Nacional contra la Homofobia y la Transfobia, 26 Digital comparte la historia de una mujer que aboga, desde su cotidianidad, por todos los derechos para todas las personas

Las Tunas.- Lázara trasluce naturalidad. La encuentro en perfecta armonía con el color blanco, pelo cubierto, abanico, chal y los collares que reverencian su pacto con los orishas y la huella de su Yabó. Sonríe jovial, fuera de todos los estigmas, y confiesa que ha sido una mujer endemoniadamente discriminada por ser lesbiana, pero cuya vida no ha permitido que nadie la pinte de gris.

Me habla de su hija y le resplandece el orgullo en la mirada. La niña se le volvió adulta y ahora le muestra muchas cuestiones que no alcanzó ver con ojos propios. Ella es su abrevadero y su altar, uno más fuerte, incluso, que el de los ancestros africanos.

Recuerda el día que supo que la traería al mundo. Por ese entonces, sus decisiones comenzaron a mostrarle la complejidad de la sociedad, un espacio en el que se salen de los roles históricamente establecidos como correctos, a veces son crucificados sin clavos ni madera.

lazara gutierres"Me casé a los 13 años -cuenta-. No tenía ni la menor idea de lo que hacía, pero estaba llena de temor hacia mis padres y no encontré otra manera de enfrentar la situación. Mi papá me prohibió regresar, a los tres meses ya estaba embarazada.

"La relación nunca funcionó bien. Él era mucho mayor y violentaba mis expectativas; por demás machista y no podía entenderme. Tuvimos un ciclo vicioso de separaciones y retornos que influyó en mi embarazo, de por sí delicado porque era una adolescente sin el suficiente desarrollo corporal.

"Cuando nació mi hija hubo una pequeña tregua con los problemas, pero 12 meses después me divorcié definitivamente y volví con mis padres. Retorné a los estudios, hice cursos de peluquería y me gradué de Técnico Medio en Contabilidad. A los 17 años me casé con un hombre increíble, de un corazón inmenso, solo que por ese tiempo me cuestioné por primera vez mi orientación sexual.

"Para ser clara, me gustó otra muchacha, 10 años mayor. Fue muy difícil de aceptar, no tenía con quién conversar; me sentía enferma, sucia, fuera de lugar, rara, psicológicamente inestable. Siempre he sido de un carácter muy fuerte, lo heredé de mi mamá. Me replanteé la vida y al mes decidí asumir lo que las hormonas me estaban gritando, muy consciente de lo que me esperaba.

"La realidad superó mis temores. En casa me satanizaron. Mi madre vociferaba cualquier tipo de ofensas, las más obscenas que alguien pueda imaginarse y mi papá me golpeó por todas partes. Nunca supe, de las afrentas y las palizas, cuál dolía más.

"Me botaron para la calle y en el hogar de mi pareja tampoco podía quedarme. Su mamá nos aceptaba, pero su hermano era dirigente y se quejaba de que nosotras habíamos puesto su moral por el suelo. Me colaba a escondidas y cuando sentía su carro llegar tenía que meterme debajo de la cama y salir a hurtadillas a cualquier hora de la madrugada.

"Nunca voy a olvidar la ocasión en que mi pareja y yo compartimos un saco y dormimos en un portal, porque ni en su casa ni en la mía podían vernos juntas. Cómo me tocó llorar. Un día hice algo muy tonto. Tomé un montón de pastillas para no vivir más, estaba cansada de tanta humillación y, la verdad, no podía concebir que mi suerte cambiara. Hoy me arrepiento de eso. Hay que luchar, por muy terrible que pinten las cosas...

"Mi padre nos amenazó mil veces con la Policía y hasta nos llevó al sector de la PNR. No nos quedó otra que irnos para La Habana a subsistir del invento, revender ropa y lo que apareciera. Mira que dimos tumbos... Al final, una amiga nos dio la mano y empecé a hacer dinero.

"No faltaron los golpes duros. Mi hermana enfermó de cáncer. Me permitieron volver y pasé con ella sus últimos días. Me pidió que cuidara de sus hijos. Nunca he sentido una opresión tan fuerte en el pecho. Desde la capital yo abastecí siempre a mi hija y a mis sobrinos de todas sus necesidades materiales. Me rompí la espalda por ellos.

"Cuando decidí regresar a Las Tunas mi pequeña tenía 12 años. Un muchacho me pretendía y me gustó la manera en que ella se emocionó con eso. Decidí empezar un noviazgo, aunque él era casado. Para mis adentros, me cuestionaba el mal ejemplo que le estaba dando, al llevar una relación con tantos engaños, pero no me atreví a romper la supuesta normalidad.

"Estuve embarazada y cuando perdí a la criatura sentí que había sido un aviso ultraterrenal. Estaba engañándome a mí misma y a quien más quería en el mundo. Nunca he sido bisexual.

"Una jovencita de la escuela le dijo a la niña que yo era homosexual. Hasta se pelearon. Esa tarde mi hija me sentó y pidió la verdad. Yo le conté cada parte. Nos abrazamos y nunca me juzgó, ni criticó, se portó como si fuera mi madre y le tocara aceptar mi individualidad. Me dio la primera gran lección de esperanza".

                                         LOS JÓVENES NECESITAN SABER...

Lázara Gutiérrez González tiene 45 años, y ya no es aquella muchachita asustada y sin techo. Confiesa que su tranquilidad llegó el día que pudo tener una casa y allí poner sus propias reglas, una indispensable: el respeto.

Comenta orgullosa su afiliación a la Red de Lesbianas, un espacio para desmontar el mito de que las mujeres homosexuales por naturaleza son promiscuas, problemáticas, ejercen la prostitución y demás.

Ella y las otras afiliadas pretenden informar a la población, llegar hasta las zonas rurales donde el conocimiento es más limitado y, sobre todo, ofrecer a los jóvenes la confianza y la asesoría que necesitan para, desde cualquier orientación sexual, vivir con responsabilidad el amor.

"Me molesta mucho que muchas amigas con más de 50 años no hayan sido capaces de defender su orientación sexual y tengan matrimonios heterosexuales por guardar las apariencias -puntualiza Lázara-.

"Me molesta que aunque se hable tanto de la igualdad de derechos y la gente asuma una posición socialmente de progreso, al interior sigan siendo prejuiciosos; que algunas vecinas no quieran saludarme con un beso por el qué dirán.

"Me molesta que una prostituta cuestione mi integridad, y se sienta en ventaja por ser 'hetero', cuando yo sé que lo que ella hace sí está mal.

"Me molesta que en Las Tunas persista tanta discriminación en sectores como Salud y Educación, cuando deberían ser la vanguardia contra la homofobia; igual, que esta Jornada no esté tan preparada como otras.

"Me molesta que no se respete la diversidad. Yo soy muy femenina, pero mi pareja actual tiene una identidad más orientada a lo masculino y eso está bien, es su decisión, su vida.

"Me molesta mucho la falsa moral, pero lo que más me duele es que la sociedad piense que por ser lesbiana, yo no puedo enseñar, educar, respetar. Justamente, por llevar tantas cicatrices te puedo asegurar que tengo algo que decir y enseñarles a los jóvenes; una lección de vida, para que no sufran lo mismo que yo".

 

Visto 636 veces Modificado por última vez en Viernes, 17 Mayo 2019 10:17

Escriba su comentario

Post comentado como Invitado

0
  • Invitado - Aram Joao Mestre León

    Me gustó mucho este artículo. Lázara es una mujer con mucha fuerza, ha pasado por muchas cosas desagradables pero mantiene su espíritu vencedor. Se debe respetar a todas las personas por sus valores humanos.

    Like 0 Short URL: