Según su propio personal, desde el 23 de septiembre del 2013 Tecnoazúcar asumió su patrocinio para convertirlo en un verdadero ejemplo de sustitución de importaciones, unidad, humanismo y eficiencia.
Una y otra vez el empeño pudo más que cualquier adversidad. Los incapaces de quedarse cruzados de brazos echaron a andar iniciativas y soluciones. Fue, entonces, cuando inició una nueva etapa allí, en la que la creación devino herramienta de futuro. Hoy 28 trabajadores componen la nómina para atender a dos mil 550 cabezas; de estas 300 son reproductoras.
Luego de lograr la estabilidad en el desarrollo de la especie, siete naves hacen la diferencia. Los cerdos se clasifican según el período de vida en el que se encuentren, todos con garantía de medicamentos. Dígase maternidad, preceba, ceba y reproducción, para luego pasar a diversos destinos, como al balance nacional (40 por ciento), la alimentación del sector azucarero y una parte se transfiere al centro de elaboración Pedro Plaza Fernández, donde se diversifica el surtido.
Otro de los logros que exhiben es la recuperación de un molino, ya en desuso en la provincia de Ciego de Ávila. Gracias al desvelo de Yoandri Viltres Cisneros y la colaboración del resto de sus compañeros, esta pequeña planta cobra vida en el procesamiento de maíz y soja, para obtener un alimento proteico, certificado por especialistas en veterinaria.
El biodigestor de cúpula fija también muestra la capacidad de un colectivo que decidió pasar la página y optar por el desarrollo económico que es en sí, el suyo propio. Con 12 metros cúbicos de capacidad, su funcionamiento va aparejado a la protección del medio ambiente, genera energía renovable y, más adelante, será empleado en la iluminación interna del centro.
La atención a los trabajadores es un factor imprescindible. La construcción de la cocina, el comedor, los baños para mantener la higiene estricta e inocuidad en cada área; los uniformes, botas y alimentación hacen que estos vencedores de espíritu logren sus propósitos y los asuman con seriedad.
El apoyo a la comunidad de El Indio, donde se ubica la instalación, resulta permanente. No solo en la escuela primaria Vietnam Heroico, en la que su presencia es bien recibida; si no en la solución de cubiertas de viviendas, como la del trabajador Yenier Briñones, quien asume la crianza de un hijo con severas patologías.
Y es que para los integrantes de Tecnoazúcar en la provincia de Las Tunas, la caña es más que el dulce grano. Es desarrollo y búsqueda de alternativas, pero, sobre todo, sentido de pertenencia porque solo así estos hombres y mujeres escriben su propia historia.






















Escriba su comentario
Post comentado como Invitado