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Las Tunas.- Pudiera parecer sencillo hablar de Fidel en la fecha de su centenario; sin embargo, el que constituye su más tangible legado, la Revolución Cubana, pervive hoy en medio de una crisis colosal y una coyuntura económica que no tendrá remedio a corto plazo.

Así estamos; entre el espanto y la ternura, diría el poeta y, por ende, cualquier asunto que tenga que ver con el más iluminado discípulo de Martí pasa en la actualidad por ese prisma; el de los apagones, la inflación, el envejecimiento poblacional, la emigración, la insalubridad en las calles, el civismo desmejorado…

Es dura la cotidianidad y el enemigo histórico no duerme, no deja de estar al acecho, y solo sabe de obstáculos, de sanciones, de asfixia. No nos perdona la osadía de existir, de no bajar la cabeza. ¿Qué haría Fidel hoy? Las respuestas, de seguro tan diversas como las individualidades que les dan vida, siempre coincidirán en algo: la urgencia de atender, con los pies bien puestos en el suelo, todo lo posible.pasocenizas4

Así era el Comandante. Así es. Estaba en la fábrica, preguntaba hasta el cansancio, se tiró a nado cuando las lluvias del ciclón Flora pretendieron cortarle el paso, lloró de frente el día aquel del adiós a las víctimas del crimen de Barbados… Y hasta una tarde, en la mismísima Aula Magna de la Universidad de La Habana, dijo que la obra podía tener fin, porque la Revolución Cubana era capaz de autodestruirse, una responsabilidad que, de suceder -acotó- sería exclusivamente de los cubanos.

Dueño de un verbo prodigioso, heredero de la terquedad gallega de sus ancestros paternos, hijo de su tiempo (como debe ser), existe un antes y un después de este hombre infinito en la historia fecunda de Cuba.

Hacer que el camino siga el trillo empinado que él ayudó a encauzar, exige una unidad que no siempre encuentra espacio; pide la voz de todos puesta en función de la obra común, sin esquinas, irrespetos baratos, banderas a media asta, posturas de pacotilla.

Y eso, que parece posible en el papel, no consigue lo suficiente en que discurso y acción vayan de la mano, o que las generaciones de cubanos que ya han crecido sin ver su actuar en primera persona lo sientan cerca, vivo, desafiando todas las ventiscas.

Lograr que la palabra de Fidel no sea un cartel más el 26 de Julio, la frase que citamos para completar una “buena intervención” y hasta la excusa ante lo que decidimos dejar a un lado para, supuestamente, “cambiar todo lo que debe ser cambiado”, es también deber revolucionario, lealtad, necesidad y futuro.

Esos asuntos han de ocuparnos cada día, más allá de una fecha de centenario que, si bien define el paso de un hombre por el mundo, no necesariamente será la razón que atice, para los tiempos, conciencia y camino.

Hoy en nuestra web, lector, habita el “día inolvidable” de muchos tuneros, cuando un uniforme de verde olivo sembró de sueños la ocasión y los puso a fraguar el mañana. Les hemos dicho “cuéntanos de aquella vez” y las palabras han brotado limpias, sin dobleces, gustosas, dejándonos una certeza desde su propia enunciación: a Fidel, maestro, guía, proa, empeño, hay que volver siempre.

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