
Las Tunas.- En medio de la oscuridad que dejó la pandemia del covid-19, nació una pequeña chispa de vida que se aferró con fuerza al mundo. Thiago Alberto Bello Betancourt llegó en circunstancias difíciles, marcado por la ausencia de su madre, quien falleció víctima de la enfermedad, y por las secuelas de una gestación complicada. Desde sus primeras horas, el niño tuvo que enfrentar la batalla de respirar, sostenido por la fe de su familia.
Su tía, Yarelis Peña Bello, asumió el papel de madre y cuidadora, convirtiéndose en el sostén de un hogar que aprendió a vivir entre la fragilidad y la esperanza. Cada día es un reto; la traqueotomía, la displasia pulmonar, la hipertensión y el asma crónica obligan a que Thiago esté acompañado a tiempo completo bajo cuidados constantes. Cada día es una victoria porque el niño sigue aquí, creciendo, resistiendo y rodeado de un amor incondicional.
“Desde que me quedé con el niño, empecé a pedir ayuda. Los médicos me indicaron que acudiera al Gobierno, y así lo hice. Fui a todos los organismos y siempre me atendieron. Reconocieron el caso de Thiago como crítico y comenzaron a ayudarme en todo lo que necesitaba. Yo vivía en una casita en pésimas condiciones, se mojaba, pasaba mucho trabajo. Gracias a las gestiones, logramos esta casa donde ahora vivimos mi mamá, mi papá, mis otros dos hijos y yo con Thiago.
“La sorpresa más grande fue cuando me llamaron del Programa de Atención Materno Infantil (PAMI). Me pidieron los datos del niño porque habían decidido ponerle un panel solar en la casa. Yo no lo podía creer. Para nosotros la electricidad es vital, porque Thiago necesita estar aspirado constantemente y la máquina que usamos depende de la corriente. La batería ya estaba agotándose después de casi cuatro años de uso y yo vivía con el miedo de que en cualquier momento dejara de funcionar.
“Cuando me dieron la noticia del panel solar sentí un alivio enorme. No es solo un aparato, es la seguridad de que mi niño puede seguir respirando. Es la tranquilidad de saber que, aunque cambie el tiempo o se complique, siempre tendremos energía para atenderlo. Thiago no puede ir a la escuela, necesita cuidados a tiempo completo, y yo estoy siempre a su lado”.

El gesto del Gobierno y de las instituciones involucradas fue más que una ayuda material, fue un reconocimiento al valor de la vida de un niño que lucha cada día. Fue también un alivio para Yarelis, que tiene la responsabilidad de estar a tiempo completo junto a su sobrino, aspirándolo periódicamente y cuidando cada detalle de su salud.
Su voz se entrelaza con la de quienes hicieron posible esa ayuda. Alberto Pérez Maldonado, director de la unidad empresarial de base Centrales Eléctricas con Fuente Renovable de Energía de la Empresa Eléctrica Las Tunas, comenta a 26 que “en diciembre pasado recibimos un comunicado de la Dirección Nacional, en el que se informaba de una donación de sistemas solares.
“Cada sistema consistía en un panel de 400 watts (W) y un inversor compacto, ya que viene con inversor, batería y regulador en un solo modelo. La orientación fue clara, se donarían 50 sistemas solares a niños con padecimientos complicados, que necesitaban el servicio eléctrico a tiempo completo para que funcionaran los equipos médicos que utilizan, dígase ventiladores artificiales, nebulizadores y aspiradores.
“En Las Tunas nos fue asignado un solo sistema, y fue para Thiago. El equipo llegó el día 24 de diciembre. Ese mismo día fuimos a la vivienda, pero la familia se estaba mudando. Nos pusimos de acuerdo y el día 25, aunque era feriado, fuimos a instalarlo.
“Es un equipo que, aunque no es de gran porte, cumple perfectamente con lo que se necesita, mantener funcionando el nebulizador y el aspirador del niño, cargar teléfonos, conectar ventiladores recargables y dar iluminación durante los apagones. El sistema tiene una particularidad: no se carga con la corriente, solo con el panel solar.
“La custodia del equipo corresponde a la familia. Nosotros hacemos dos contratos, uno específico para la custodia y otro para el pago del servicio, que es de apenas 10.00 pesos al mes. Además, mantenemos comunicación constante con ellos, porque es una tecnología nueva en la provincia y queremos asegurarnos de que todo funcione bien. Cada seis meses debemos darle mantenimiento, y en caso de avería, pueden llamar al centro de atención al cliente.
“Para nosotros fue un compromiso especial instalar este sistema en la casa de Thiago. Sabemos que su vida depende de que esos equipos funcionen, y por eso la donación no es solo un panel solar, es un acto de humanidad”, asegura Pérez Maldonado.
La cadena de apoyo cuenta con quienes supervisan que todo funcione y que la ayuda llegue realmente a quienes la necesitan. Maritza González Llorente, directora de la Oficina Nacional para el Control del Uso Racional de la Energía (Onure) en Las Tunas, asegura que “con la instalación del sistema solar fotovoltaico en la casa del niño con una enfermedad crónica, en este caso respiratoria, nos corresponde a nosotros como oficina verificar, fiscalizar que este sistema sea instalado correctamente y lograr que la familia tenga un grado de satisfacción.
“Ya lo vimos en el terreno, contactamos con ellos; el grado de satisfacción es alto porque el objetivo se cumplió, que el niño mantenga el equipo que necesita para su enfermedad todo el tiempo activo.
“Para nosotros, comprobar esa satisfacción es tan importante como la instalación misma. Detrás de cada panel hay una vida que depende de él, y en este caso, la vida de Thiago. Saber que la familia se siente más tranquila y que el niño tiene garantizado el funcionamiento de sus equipos médicos es la mayor recompensa”.

