
Las Tunas.- Llega febrero y con él la estampa de un caballero de barba amplia y ojos expresivos retorna a sus contemporáneos y amigos, a las calles que lo vieron crecer. Pudo haberse quedado lejos; oportunidades no faltaron. Pero Las Tunas vibraba en sus textos, latía en cada personaje que habitaba en su piel cuando avivaba las musas.
Entonces entiendo a María Liliana Celorrio cuando dijo, desde la poesía que le invade, que "su espíritu está aquí, rondando; nunca se ha ido". O a Lucy Maestre cuando afirmó, categórica: "Guillermo Vidal es Las Tunas; Guillermo Vidal es Cuba".
Podrá haber dicho en una entrevista "soy un ser normal, casi normal… Solo dedico tiempo, que otra gente dedica a otra cosa, a escribir", pero fue más que eso. Cultivó la técnica sin que se notaran las costuras; escribió desde el alma; abrazó a los marginados; se alejó de lo superfluo y, claro, también fue incomprendido.
"Revolucionó con su novela Matarile la narrativa contemporánea; una obra nueva, distinta, que puso patas para arriba la escritura del momento", al decir de Lucy. "El paladín de la literatura tunera", como lo describió quien rubricó junto a él Las hijas de Sade. "Es imborrable de la historia de las letras cubanas; todo un maestro", apuntó Andrés Casanova, sin dejar de recordar cómo le prestaba libros, daba consejos y hasta lo sobaba cuando estaba "empachao".
Aquel que no llevaba plan de clases al aula -según Maritza Batista- y le bastaba un pedacito de papel con algunas notas para dar vida a un encuentro memorable. Ese que, cuando ella era jefa del Departamento de Literatura en el Centro Provincial del Libro y la Literatura (CPLL), se sentaba allí sobre una mesa, lo mismo para hacer un chiste que cantar un tema cristiano. Al que no le importaba demasiado si había pago o no para las actividades, especie de imán en la obra de jóvenes narradores.
Ese que "es lumbre, cántaro, maíz, hombradía…; habló de lo que nos duele y llevó la vida provinciana a escala universal", como dijo la Celorrio a 26. O sobre quien, tal como confesó tiempo atrás Antonio Gutiérrez (ya fallecido): "La crítica especializada (hablamos de Garrandés, Rogelio Riverón, Francisco López Sacha, Heras León…) ha coincidido en que, desde el año 90 hasta acá, ningún narrador lo ha superado".
Pero detrás de eso estuvieron horas de entrega al insaciable oficio de escritor, aun de madrugada, mientras la ciudad era un susurro apenas. "Se preparó para su obra. Leyó y estudió mucho. Innovó, cambió maneras de hacer diálogos, trabajó puntos de vista... Hay un antes y un después de su creación para la literatura cubana", explicó el intelectual Carlos Tamayo. O como argumentó Carlos Esquivel: "Una figura insuperable, que dejó una obra marcada por esa frondosa búsqueda de la verdad que cura, de romper todas las fronteras posibles, ensanchar los límites, crear otras fronteras y límites. Y, por supuesto, un sentido de lo auténtico, de lo novedoso, de la transgresión como emblemas supremos".
"La libertad del escritor está en las palabras", lo dijo el propio Vidal, quien "también fue una persona con una sensibilidad extrema", al decir de Argel Fernández. Este último inspirador de la palabra prefiere quitarse el sombrero para hablar del Guille; es consciente, como otros, de la inmensidad del ser al que sabemos cerca.
Por estos días Las Tunas acoge la tradicional jornada en su honor, donde se le rinde tributo a través de lecturas, audiovisuales y conferencias; merecido todo. Pero, más allá del evento, late el deber de diseminar su obra. Solo entonces ese enorme legado, acompañado por Toño y otros personajes, permanecerá siempre.

