Las Tunas.- El proyecto no surgió de una campaña ni de una convocatoria institucional. Surgió dentro del propio trabajo diario. Adianes Batista Heredia, logopeda del Centro de Diagnóstico y Orientación (CDO) de Las Tunas, explica que Cromosoma de Amor nació cuando comenzaron a trabajar directamente con niños con síndrome de Down y sus familias.
«El CDO es la institución encargada de orientar y diagnosticar a los niños con necesidades educativas especiales», precisa. Desde esa experiencia —dice— empezó a sentirse la necesidad de crear algo más cercano. «Este proyecto nace de nuestro cariño hacia estos niños, pero también de lo que vimos cuando empezamos a trabajar con ellos en la práctica».
Habla sin exageraciones. Explica que el proyecto no se centra solo en la atención profesional, sino en acompañar a las familias.
«Ellos necesitan el apoyo de los especialistas, pero también el apoyo de la familia y de la comunidad», afirma. Por eso insiste en que el trabajo no puede quedarse únicamente en el diagnóstico. «Lo más importante es trabajar a partir de las potencialidades de los niños».
Repite esa idea varias veces durante la entrevista. «Nosotros no trabajamos desde lo que les falta, sino desde lo que pueden lograr», señala. Según explica, ese es el objetivo central de Cromosoma de Amor: lograr que los niños puedan integrarse plenamente a la sociedad. «Queremos que estén incluidos como niños, después como jóvenes y más adelante como adultos».
Cuando habla del Día Mundial del Síndrome de Down, lo hace con un enfoque práctico. «No se trata solo de vestirse de amarillo o de azul, ni de ponerse medias diferentes», comenta. «Lo importante es construir un futuro más inclusivo para ellos». Y añade: «La diversidad no es una excepción, es parte del ser humano».
En medio de la conversación vuelve constantemente al papel de la familia. «Por más que el especialista se esfuerce, si la familia no está a nuestro lado, los resultados no son los mismos», explica. Dice que muchas veces los avances más importantes ocurren en casa. «Nosotros damos planes de estimulación a las familias y cuando la familia los cumple, los niños avanzan mucho más rápido».
Actualmente, señala, trabajan con 15 niños y el proyecto sigue creciendo. «Estamos invitando a todas las familias que tengan niños con síndrome de Down menores de 16 años a que se acerquen a nosotras», comenta. Explica que cuentan con un grupo en Facebook llamado Cromosoma de Amor y también con grupos de WhatsApp donde comparten orientaciones y materiales. «A través de esos espacios les damos herramientas y los orientamos sobre cómo trabajar con sus hijos».
También realizan talleres mensuales donde participan tanto los niños como sus familias. «No trabajamos solo con los niños», aclara. «Trabajamos con las familias y también orientamos a las instituciones educativas, porque la inclusión no depende de una sola persona».
Cuando se le pregunta cuánto tiempo lleva trabajando en el CDO, responde con sencillez. «Empecé en enero del 2025», cuenta. Dice que su vínculo con el síndrome de Down comenzó incluso antes, cuando realizó su tesis sobre el tema. «Desde ese momento me interesó mucho, pero cuando empezamos a trabajar directamente con los niños fue cuando entendí realmente la necesidad que existía».
Recuerda con claridad al primer niño con el que trabajó. «El primer niño fue Alexander», dice. «Al principio no se relacionaba mucho, era muy tímido». Luego hace una pausa breve y añade: «Cuando logró darnos un beso, eso fue algo muy fuerte para nosotros». Explica que son avances pequeños, pero muy significativos. «Cuando ves que la familia cumple el plan de estimulación y el niño empieza a avanzar, eso es lo más gratificante».
Menciona también a Liz, una niña que llegó al proyecto después de que su madre leyera una publicación en el periódico 26. «Tenía tres años cuando llegó», recuerda. «Es una niña muy cariñosa y su familia ha sido muy constante en el trabajo con ella».
Hacia el final vuelve a la idea que considera esencial. «Reivindicar los derechos de estos niños no es algo simbólico», dice.
«Significa que puedan participar, decidir y construir su propio proyecto de vida». Y añade: «El objetivo es que su presencia en la escuela y en la sociedad sea algo real».

