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Las Tunas.- Cuando una persona se contagia de hepatitis en el barrio, la preocupación colectiva suele prender las alarmas porque nunca se sabe a ciencia cierta hasta dónde puede llegar el contagio. La mayoría asume que este virus es altamente contagioso y ofrece poco peligro a las personas sanas, pero en cuanto a protocolos y modos de actuación, no siempre sabemos qué hacer.
La doctora Yumara Acosta, directora del Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología, aseguró a 26 que la fortaleza del proceso está en acudir de inmediato a los servicios de Salud Pública, pues es desde el consultorio médico de la familia que se le realiza un seguimiento a todos los miembros del hogar y las personas que estuvieron expuestas a la enfermedad.
“Lo primero que debemos precisar es que en Cuba la hepatitis es una enfermedad de declaración obligatoria -enfatiza la galena. En cuanto se sospecha o se confirma un caso, nuestro sistema de salud activa de inmediato la vigilancia epidemiológica. Esto significa que el médico de la familia y el policlínico hacen un seguimiento para ver de dónde vino el contagio, y por supuesto, esto permite cortar la cadena de transmisión.
“Esta enfermedad no es para alarmarse, pero sí para actuar con rapidez. Para nosotros poder establecer la vigilancia epidemiológica se hace necesario que toda persona que tenga síntomas subjetivos de la hepatitis acuda al consultorio médico de la familia o al cuerpo de guardia del policlínico. Esto es vital para lograr identificar, notificar el caso, y por supuesto realizar desde el punto de vista epidemiológico el control de focos en el lugar y realizar una serie de acciones encaminadas a la vigilancia del agua y de los alimentos.
“Es importante que todos los miembros de la familia se realicen los análisis, los contactos de los familiares y las personas que hayan estado en riesgo. ¿Por qué? Porque hay personas que pueden tener el virus y no presentar síntomas, sobre todo los niños, y sin querer, por supuesto, lo transmiten. Esto puede causar confusión, pero es importante aclarar que los menores de 6 años, generalmente, suelen ser asintomáticos, esto no significa que no transmitan el virus”.
La epidemióloga asegura que se estudia a la familia para protegerla y a la comunidad, que es la principal responsabilidad del sector. Conductas irresponsables pueden hacer que casos aislados adquieran mayor notoriedad.
“En el hogar se tiene que actuar como un equipo de cuidado. Lo principal es extremar, por supuesto, las medidas de higiene: el lavado de las manos con agua y jabón después de ir al baño, antes de cocinar, antes de comer, la higiene personal hay que extremarla, el paciente debe tener su propia toalla, cepillo de dientes y hasta su servicio sanitario hay que desinfectarlo bien.
“No es opcional. Hay que garantizar la desinfección de la ropa y la vajilla del enfermo, o sea, se pueden lavar de forma normal, pero con agua caliente y bastante detergente, cloro y, sobre todo, tenerlo separado de la de los demás miembros de la familia.
“En cuanto al reposo, en esta enfermedad no es solo una recomendación general sino una indicación médica dictada por los síntomas y el estado de energía del paciente. Suele durar de dos a cuatro semanas, mientras continúe la coloración amarilla (ictericia), la fatiga y la falta de sueño. En la fase de la convalecencia, cuando mejoran las transaminasas, el reposo es relativo, aunque es necesario evitar el esfuerzo físico.
“Lo normal son dos, tres o cuatro semanas de reposo laboral o escolar hasta que el médico vea que las pruebas del hígado están bien y existe funcionabilidad hepática, o sea, con relación a la inflamación de las células hepáticas. La recuperación total de la energía puede llevar hasta un mes o más.
¿Y si hay gravedad?
“Ahora, hay que estar muy pendientes a los síntomas o los signos de alarma. La persona empieza con una gripe, o sea, cansancio extremo, fiebre baja o febrícola, que se comporta entre 37 y medio, 38 grados, dolor de cabeza, dolores musculares, pérdida del apetito y náuseas. Lo típico de la hepatitis es que en pocos días aparece orina oscura, o sea, como un color parecido al té, cargado, heces fecales pálidas como una arcilla o blancuzcas y la piel y ojos se vuelven amarillos (hictericia).
“Ahora, hay síntomas de alarma. Cuando la persona se pone muy somnolienta, le sangran las encías, se le hincha el abdomen, el vómito es muy frecuente y muy intenso, le pedimos que acuda de inmediato al médico. En cada organismo el virus de manifiesta diferente, máxime si tienen condiciones de riesgo y lo desconocen.
ALERTAS…
Desde el Centro de Higiene, los especialistas recomiendan precaución porque los brotes suelen aumentar en épocas de lluvia o calor intenso. En esas temporadas, como la que está a nuestras puertas, a veces se contaminan más fácil las fuentes de agua y los alimentos si no se manejan bien. Claro, la prevención es para todo el año.
“La hepatitis A, es la más común en la infancia y la juventud, se transmite por la vía fecal oral. Esto pasa cuando una persona infectada no se lava bien las manos después de ir al baño y contamina la comida, el agua, los cubiertos o las superficies. También pasa por comer mariscos crudos de aguas contaminadas o por el contacto cercano en la casa o en la escuela con personas que ya están en propio período de transmisibilidad de la enfermedad.
“La prevención es completamente fácil y es el lavado de manos la principal clave. El 90 por ciento de la prevención está aquí, hacerlo antes de comer y después de ir al baño. Hay que tomar agua segura, cocinar bien los alimentos. Se recomienda no comer mariscos crudos y extremar la limpieza de las verduras.
“Como última medida y no menos importante, está la vacuna. En Cuba nosotros tenemos varios esquemas de vacunación para grupos de riego y siempre existe esta posibilidad de inmunización. Exhortamos a los tuneros a mantener limpias nuestras casas y nuestras comunidades. La higiene es la mejor vacuna social”.
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La hepatitis A es una enfermedad ruidosa pero benigna que genera anticuerpos protectores de por vida. Asusta mucho por el color amarillo de la piel y los ojos y el cansancio brutal que provoca, pero desde el punto de vista del hígado no suele dejar secuelas en la mayoría de los casos. Lo más importante, es totalmente prevenible. Solo se precisa extremar la higiene.


