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Las Tunas.- Conversar con un especialista de nuestro idioma siempre será placentero para quienes hacemos la prensa escrita, pero si la plática es con Verena García Mirabal, el diálogo adquiere otro matiz. No se trata de entrevistar a otra profesora más de Español-Literatura, sino el orgullo de tener delante a una defensora a ultranza de la lengua materna y a quien ha dedicado su vida a enseñar desde el corazón.

Es muy común verla con libros entre manos, esos amigos que desde pequeña aprendió a valorar. Tuvo una infancia feliz, “con mucho espacio”, pues ella y sus hermanos disfrutaban de dos patios para jugar, incluso, entre la hierba. Nativa de Las Tunas, “hija” del reparto Buena Vista, intentó vivir en otras dos provincias, pero no se adaptó. Verena ama este terruño; “me atrapa su gente, su cariño…”, expresa.

Justo desde la infancia viene esa pasión por la literatura, pero otros “cómplices” conspiraron al respecto. Su vecina Virgen, por ejemplo, la enseñó a leer antes de ir a la escuela. En la casa de la abuela la esperaba un baúl lleno de revistas y libros. Y dos bibliotecarias que vivían cerca se encargaban de llevarle un ejemplar cada día.

“Pasaba madrugadas leyendo y me gané regaños de mis padres por eso; decían que me volvería loca, pero es que debía devolver el libro al día siguiente. Ese gusto creció y en la actualidad necesito leer a diario. Disfruto mucho la literatura francesa del siglo XIX, mi preferida. Evidentemente, ese amor por los libros influyó en mi decisión por el magisterio”, sostiene.

El uso correcto del idioma ha sido dedicación constante en su vida. De ello dan fe varias publicaciones que ha hecho al respecto. Como profesora de lengua materna, su trabajo va dirigido a incentivar en sus estudiantes el buen hablar, la dicción, el léxico…

“El español es un idioma precioso y me preocupa mucho su cuidado. Para hacer una crítica y llamar la atención a alguien no hacen falta las malas palabras. Ahora se escuchan canciones cuyo ritmo es contagioso, pero la letra es obscena. Lamentablemente, eso está influyendo en el lenguaje de los jóvenes”, señala.

Según cuenta, alguien le dijo un día que era una promotora de lectura y así lo creyó. Por eso, sus investigaciones también han estado dirigidas a esta labor, pues -declara- “las personas que leen están mejor preparadas para enfrentar la vida”. Y no solo defiende las letras desde el aula, también lo hizo desde el sello editorial local.

“Empecé en la editorial Sanlope a raíz de una petición de su directora, quien necesitaba atenderse una enfermedad. Pensé que esa tarea me quedaba extremadamente grande, pero ella me asesoró y conté con la ayuda de varios escritores.

“Esa etapa me marcó, porque estaba entre libros, el paraíso en la tierra. Viví momentos de mucho gozo, sobre todo cuando escuchaba en voz de los autores fragmentos que ya yo había leído; es maravilloso, una experiencia única. Asimismo, tuve la oportunidad de ir en dos ocasiones a la Feria Internacional del Libro de La Habana, a promocionar la literatura que se hace en la Sanlope, y conocí a creadores de otras provincias”.

Verena ha ejercido el magisterio en varias enseñanzas: Primaria, Secundaria, Especial... En estos momentos imparte clases en la Universidad de Ciencias Médicas, específicamente en el Técnico de Nivel Medio en Enfermería. Desde allí, los alumnos disfrutan de su entrega; y ella, que ama enseñar, busca la manera de vincularles la literatura con su carrera.

No obstante, otra pasión ocupa sus días: la artesanía. El proyecto Manualidades y Literatura para la Salud, por ejemplo, prepara a futuros enfermeros para hacer sentir mejor a los pacientes.

“Las artesanas van allí, exhiben lo que hacen, les muestran cómo hacer una muñeca, puntadas, tejer... Así ellos pueden enseñar a sus pacientes, a modo de terapia. Igualmente, se les habla de literatura y de cómo esta ayuda al bienestar personal e, incluso, a que el cerebro se mantenga activo.

“Me queda pendiente un proyecto que quiero hacer en el parque de Buena Vista, donde podamos, al menos una vez al mes, sentarnos con la comunidad y las artesanas, e invitar a promotores literarios, escritores… Sé que los tiempos están difíciles, pero no pierdo la esperanza”, pondera.

Verena vive el mundo de las letras, pero también las creaciones que brotan de puntadas y costuras. Entre clases y proyectos, entre sueños y esa lectura que no puede faltarle nunca, ella disfruta de su hijo, “el que siempre quise tener”, y de su nieto, “el sol de mis días”.

Aún le quedan libros por hojear y alumnos que la recordarán. Pero sin miedo al futuro y con horizontes todavía por descubrir, expresa una intención que estamos seguras de que cumplirá: “Yo quisiera siempre estar haciendo algo”.

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