
Las Tunas.- Hace menos de un mes, la preocupación de una lectora nos puso frente a un espejo lastimoso, el aumento del consumo de drogas en su vecindario, y la sensación de que los canales establecidos no bastan para hacer los llamados de alerta necesarios.
Esta no es una historia aislada, sino el reflejo de una batalla silenciosa que se libra en las calles, en las familias y, sobre todo, en la vida de los jóvenes. Ante esta realidad, surgen preguntas incómodas...: ¿estamos ante un aumento real del consumo o ante una mayor visibilidad mediática de un fenómeno que ya existía? La respuesta es compleja y nos obliga a mirar más allá de las estadísticas.
Nuestra lectora señala un punto clave, doloroso, real, asegura que son muchos los jóvenes que, en el horario de la noche y la mañana, desandan bajo los efectos de estupefacientes o en busca de aquello que los aparte de su realidad.
Sus palabras ponen el foco en los jóvenes, quienes son las principales víctimas de este flagelo. Pero, quizás, lo más fuerte de su relato es la doble condena que enfrentan aquellos que buscan rehabilitarse, el estigma social. Al ser “abucheados” y tildados de “chivatones” por participar en proyectos de recuperación, se enfrentan a un daño psicológico que puede ser tan devastador como la propia adicción.
Es entonces cuando debemos entender, como comunidad, que esta lucha también se gana en el barrio, y para lograrlo se hace necesario escuchar las experiencias, los miedos y los saberes colectivos, a partir de lo cual podremos construir soluciones.
Volvemos a la preocupación de la lectora, es un síntoma de una inquietud social que no puede ser ignorada. La batalla contra las drogas no es una tarea exclusiva de las instituciones; es un mal social que nos atañe a todos. Y más cuando especialistas del territorio han asegurado en todos los escenarios que el consumo de sustancias ilícitas no distingue entre niveles de educación, ni estructuras familiares.
Han llegado a las consultas pacientes de hogares funcionales y desestructurados, de familias con alto nivel cultural y de otras con carencias de todo tipo. La adicción es una enfermedad que encuentra sus puertas de entrada en la vulnerabilidad emocional, en la falta de proyectos de vida, en la ausencia de redes de apoyo afectivo.
A nivel institucional, contamos en Las Tunas con el primer Observatorio Provincial de Drogas de Cuba, también con la consulta de Toxicología, una Línea Ayuda y un Hospital Psiquiátrico para pacientes que deseen iniciar con el proceso de deshabituación.
Es decir, los mecanismos pertinentes están creados, y no se basan solo en ampliar los servicios de rehabilitación, sino en desmantelar el estigma que condena dos veces a quienes buscan salir del pozo. No podemos culpar a quienes eligen la vida. La recuperación es un acto de valentía.

