delegada las margaritas

Las Tunas.- “Tú siempre estás alegre”, le dicen todo el tiempo sus vecinos y amigos a Ana Gainza Charlot, delegada de la Circunscripción 89 del Consejo Popular 16 de Las Margaritas, en la ciudad cabecera. Y la respuesta siempre es la misma: “Hay que estar alegre. Por eso vivo bailando, riendo con todos ellos”.

De Baracoa a Las Tunas llegó hace muchos años para marcar una trayectoria destacada en el trabajo con las organizaciones de masas. Su dinamismo lo trae en la sangre desde pequeña, pues siempre fue muy activa y desempeñó cargos desde la Primaria hasta el Preuniversitario, etapa en la que se vinculó con el trabajo de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM).

De su mamá, quien durante muchos años ejerció como coordinadora en los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), aprendió a valorar el trabajo en la comunidad. Por eso, no vaciló en involucrarse, desde muy joven, con la labor de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), como secretaria general de bloque en Las Margaritas.

Su elección como delegada de la circunscripción la obligó a despegarse un poco de esa “línea tan bonita, pero constantemente apoyo el trabajo que realizan las mujeres”, comenta. En su comunidad todos la conocen, la siguen. Con esa cualidad innata de liderar, Ana conquista el respeto y cariño de quienes la rodean.

Tras su llegada a este terruño, comenzó a laborar en el Complejo de Servicios a la Salud, como encargada de actividades administrativas, y desde allí se destacó por esa capacidad de llevar las ideas adelante. Luego su rumbo cambió con la incorporación a la Dirección Municipal de la FMC, para atender la recepción. Pero ya trabajaba desde antes en su demarcación como secretaria de bloque.

Lamentablemente, una enfermedad y luego pérdida de sus padres no le permitieron seguir, pero no ha dejado de contribuir a las tareas de la Federación, organización que la ha reconocido por tantos años de entrega. “Me gusta mucho el trabajo con las mujeres. A ellas hay que llegarles a la casa, buscar el mejor horario. Debemos incitarlas a seguir adelante, motivarlas para los eventos de mujeres creadoras, que tengo muchas aquí y han dado el paso al frente”, cuenta orgullosa.

Para sus vecinos no fue difícil, llegado el momento, proponerla como delegada. Entendieron que con su entusiasmo y dedicación los representaría dignamente. Era ella quien, en la difícil etapa de la covid-19, se subía en los tractores, en las pipas de agua, siempre al tanto de todos.

Una vez electa, tenía una gran misión por delante. Entonces comenzó a trabajar “con el pecho, porque hay que laborar duro para alcanzar las metas”, afirma. Desde entonces, bajo su liderazgo y con el concurso de todos, allí se han realizado jornadas cucalambeanas de base, proyectos comunitarios, reparaciones... A pesar de convivir con una situación de discapacidad en sus dedos, nunca se ha rendido ante los obstáculos. Ella pertenece a la Asociación Cubana de Limitados Físico-Motores y desde allí ha recibido apoyo para seguir adelante.

“Hay quien dice que me he ‘crecido’, y le respondo que todavía me falta mucho. Aunque esta es una comunidad vulnerable, siento que vamos bien y la población está contenta conmigo. Cuando trabajamos con personas en situaciones diversas, más allá de cumplir una tarea, hay que hacerla con el alma”, pondera.

Ante el advenimiento de un nuevo mandato, Ana entiende que debe venir un relevo, aunque muchos seguirán buscando a la mujer que siempre he estado pendiente de las personas en situación de discapacidad, en la cola, en la farmacia, cuando llega un medicamento…

Todos extrañarán a la delegada que no se molesta si un elector toca su puerta, a la hora que sea. Ella va, cumple sus tareas, ayuda con las gestiones. Una mujer que no tiene horario para trabajar y es común verla tanto al mediodía como en la noche. Para su orgullo, cuenta con una familia que también se ha involucrado de lleno en la labor comunitaria.

En la delegada de Las Margaritas descubrimos a una mujer activa, con muchas metas y que a diario demuestra que, cuando hay deseos, los imposibles se disipan. Constantemente la acompaña un grupo de niños y adolescentes; juntos recorren el barrio averiguando cómo ayudar o qué pueden mejorar en beneficio colectivo.

Ana nunca se cansa de hacer el bien. Con su fortaleza interior demuestra que, a pesar de la dureza de estos tiempos, todavía se puede lograr mucho si se pone el corazón. A sus vecinas, sus federadas y a todas las mujeres cubanas, las invita a que luchen para ejercer lo que se propongan. “Porque mire, yo cada día me siento más útil para cumplir con las tareas de la Revolución”, dice con una sonrisa, mientras se alista para salir a ver qué más falta por hacer.

 

 

 

 

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