ciclismo las tuns
Las Tunas.- Carisma e inteligencia definen su personalidad; su talento la acompaña sobre ruedas. Saray Velásquez es algo tímida para las entrevistas, pero basta que se monte en la bicicleta para que se suelte por completo, frenando solo al llegar de primera a la meta, y convirtiendo así cada carrera en un privilegio para los ojos de los espectadores.

Así lo demostró esta joven, quien arrasó en la Vuelta a la Fría, en Venezuela. A pesar de tener su corazón vinculado a la música, nada resistió el empuje, la dedicación y trabajo de pedalista.

cickista las tunasSaray nunca había pensado en el ciclismo como su destino; su corazón estaba en la música, pero alguien la convenció de entrar a la Escuela de Iniciación Deportiva Escolar (EIDE) y ahí comenzó todo. Al principio, lo veía fácil. Se quedó, siguió adelante y, aunque más tarde sufrió desilusiones, algo la mantenía en la carretera.

“Pedí la baja en dos ocasiones. Me decían que todo tenía su tiempo, que veían en mí una gran posibilidad; en ese momento no lo entendía, hasta que mis padres me convencieron de continuar. Entonces, poco a poco, empecé a mejorar. Primero un poquito, después un poco más, hasta que el esfuerzo comenzó a dar frutos”, comenta.

Cursó sus primeros dos años en el equipo de Camagüey. En el primer año participó en los Juegos Escolares y fue la única que obtuvo medalla de bronce. En el segundo, ya con otras perspectivas, cogió oro y en ese tiempo fue campeona nacional de ruta.
Con el tiempo, se incorporó al equipo de Las Tunas. Gracias a su dedicación y constante entrenamiento logró que la provincia fuera campeona nacional en los Juegos Escolares y Saray, la atleta más destacada, siendo líder del equipo.

“Luego me trasladé a La Habana. Era de las más pequeñas en mi deporte. En las carreras, siempre quedaba de segunda, pero entonces llegó la noticia de un viaje juvenil a Venezuela, a una carrera llamada La Fría. Eso me animó muchísimo. Entré al equipo habanero casi de las últimas, cuando todas ya estaban entrenando”, nos cuenta.

“En la primera carrera, la cronoescalada, obtuve plata. El circuito estaba supercomplejo. Al otro día recorrí la ruta y, aunque en Cuba siempre era en plano, en ese circuito no era igual. Fue como si estuviera cansada de correr en loma, como si no hubiera dejado de entrenar, como si me hubiera pasado todo el año practicando”, dice Saray.

Cuenta que los últimos meses hubo muchos percances, enfermedades y caídas, pero, si de algo sabe ella es de no rendirse nunca. En Venezuela tocó la gloria con tres podios, subcampeona de montaña, subcampeona de crono y tercera de sprint. Y en la general, subcampeona de montaña.

Confirma que su esfuerzo valió la pena y, aunque el ciclismo no estaba en sus planes, hoy sigue pedaleando con la misma dedicación que la trajo hasta aquí.

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