Con esa máxima trabaja el teatro guiñol Los Zahoríes, primer grupo de las tablas creado en el territorio. A pesar del cierre prolongado de la sala Raúl Gómez García, su sede, aparejado a su restauración, el colectivo no se ha detenido a la hora de crear puestas en escenas. Felizmente, la obra Comer o no comer, fue estrenada allí el pasado 26 de mayo. De la cita salieron fortalecidos nuevos actores, entre ellos Yosvany Maceo, proveniente de la escuela profesional de arte Manuel Muñoz Cedeño, de la provincia de Granma, quien se graduó con 100 puntos.
"Antes no me gustaba el títere, pero ahora lo adoro. Nos esforzamos mucho porque la manipulación es complicada y nuestro cuerpo debe acostumbrarse, mas estoy satisfecho. En esta obra, además de trabajar con los títeres, los autores salimos a escena bailando y defendiendo lo tradicional. Mi personaje (el antagónico Perro Jíbaro), para entrar a la casa a comerse el gallo, tuvo que hacerse pasar por distintas personas y eso fue un reto hermoso", dijo el joven.
Por su parte, Pedro Pablo Facundo Zamora interpretó a Crestón (gallo), el protagónico. "Aquí me he superado. Para esa función trabajamos con marotes en varillas (muñecos de madera), que es una técnica un poco difícil, pero mágica", expresó.
De la mano del director artístico Luis Ricardo Faura, ellos y otros como Frank Herrera Costa, Lisandra Rivero Mariño y Mayelín Batista Peña (esta última con 15 años en el grupo) han hecho de cada día una clase. La pasión los caracteriza porque lo más importante, al decir de Emelia González Durañona, directora general del guiñol, "es que el público se divierta, en especial los niños".
TALENTO Y CORAZÓN EN EL ESCENARIO, PERO...
El 14 de septiembre del 2021 Los Zahoríes arribarán a su cumpleaños 50. Esperemos que para esa fecha, unido a una programación sistemática, los acompañe una infraestructura adecuada para las presentaciones en la sede.
"En el 2018 empezó el proceso de reparación del local con la ayuda de unos compañeros del Fondo de Bienes Culturales de Santiago de Cuba. Pusieron un tanque de agua y mejoraron algunas áreas. Entonces hicimos repertorios aislados buscando alternativas hasta en otros sitios para no dejar de trabajar. Pero aquí arrastramos problemas, entre los que se encuentra la parrilla, pues dijeron que la quitáramos y aún no se ha hecho. Hay una intención, de resolver esta situación con la ayuda del taller de creación Molino Rojo y Leonardo Fuentes al frente, ojalá que se materialice pronto", dijo Emelia.
"Tecnoescena (empresa cubana que maneja los tejidos, vestuarios y elementos indispensables para las producciones) dio algunos recursos necesarios para la actuación como el telón de boca; aunque todavía nos falta el aforo. También tenemos dificultades con los aires para la ventilación del centro", destacó Faura.
Ambos coincidieron que para el mejor funcionamiento del espacio se impone llenar plazas desocupadas como las de acomodadora, recepcionista, taquillera y el utilero. "Disponemos de un sonidista y un luminotécnico, pero si el grupo tiene que actuar fuera de la provincia, cómo dividimos el personal", dijo él.
Otro problema enunciado por Luis Ricardo Faura, lo corroboró Ana Rosa Díaz Naranjo (Albita), con 23 años en el guiñol. "La creación de títeres, el diseño de vestuarios y la construcción de escenografías, aunque lo realicemos nosotros, pasa por una nebulosa burocrática para recibir el pago por ese trabajo, que a veces es menor de la inversión, porque no estamos en el registro de creador".
Ella se encuentra inmersa, junto a Leonor Pérez Hinojosa y la recién graduada María de Jesús, en la tarea previa al estreno de la obra Relato de un pueblo roto. Para ello Albita se ha desdoblado en el diseño, realización, dirección y producción (esta última labor, además de la actuación, compartida con las jóvenes) de una función que augura buen impacto, como lo tuvo la pieza Pico sucio, que defendió mientras el teatro estuvo roto en festivales nacionales.
Ana Rosa recuerda con tristeza cómo se ha deteriorado la sede cuando hace alrededor de 10 años recibieron un donativo de recursos por medio del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), gracias al hermanamiento entre Italia y Cuba. "En ese tiempo el escenario estaba recién construido con madera verde y rápidamente caducó". Por eso, mirar al pasado es saludable.
Sin embargo, amén de causas y consecuencias, la voluntad de trabajar para el público sigue viva. Hoy el movimiento de reparaciones que envuelve a las instituciones escénicas tuneras (lo mismo en el centro cultural Teatro Tuyo que en el cabildo San Pedro Lucumí y otros sitios) nos llena de esperanzas. Mas, para que la época de tabloncillos dañados, lunetas truncas y espacios cerrados quede en pretérito, hay que pulir cada detalle. Recordemos las palabras de Fidel cuando dijo que la cultura es lo primero que hay que salvar.






















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