Mundial de fútbol 2026 récords deportivos y controversias 2

Las Tunas.- La pelota rodó este jueves en el estadio Azteca con victoria del Tri mexicano, pero antes de que rodara el primer balón ya flotaba una pregunta incómoda: ¿qué clase de mundial es este, cuando el principal anfitrión deporta árbitros, humilla selecciones enteras y la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) le regala un premio de la paz a su ególatra presidente? Este evento, que se disputa desde el 11 de junio hasta el 19 de julio en Estados Unidos, Canadá y México, lejos de la fiesta popular que promocionan los anuncios institucionales, refleja una más oscura: la del fútbol como negocio, arma geopolítica y máquina de crear adicciones.

LO DEPORTIVO

Esta cita del balompié universal es la más grande de la historia. Por primera vez participan 48 selecciones, se disputarán 104 partidos y el campeón deberá jugar ocho encuentros, uno más que sus predecesores; y el torneo se extenderá por 39 días. Las sedes son tres países: México, Estados Unidos y Canadá, al inédito también, con 16 estadios en total, pero la distribución de partidos es desigual: 78 se disputarán en la unión americana, 13 en suelo azteca y 13 en el país de la hoja de maple. El formato también cambió. Esta vez se formaron 12 grupos de cuatro equipos cada uno. Clasificarán los dos primeros de cada llave, más los ocho mejores terceros, totalizando 32 selecciones en la fase eliminatoria.

En consecuencia, aparece una ronda de dieciseisavos de final, que nunca antes existió en un Mundial. Curiosamente, una selección podría perder dos partidos en la fase de grupos y aun así clasificar.

Cuatro selecciones debutan en el Mundial: Cabo Verde, Curazao, Jordania y Uzbekistán. El caribeño Curazao, con apenas 185 mil habitantes, se convierte en el país más pequeño en disputar una Copa del Mundo.

Entre los favoritos, Argentina defiende el título obtenido en Qatar 2022. Brasil, Francia, España, Inglaterra y Portugal también parten como candidatos. Posiblemente, sea el último Mundial de Lionel Messi y Cristiano Ronaldo.

Para el evento la FIFA implementó varias modificaciones reglamentarias, en función de agilizar el juego, una de sus obsesiones de cara al tiempo televisivo: las sustituciones no podrán tomar más de 10 segundos; de hecho, si el jugador demora en salir, el equipo se quedará con uno menos. Los saques a cargo de los arqueros o por los jugadores en la banda deberán ejecutarse en máximo de cinco segundos, si no la posesión cambiará de equipo. Además, las atenciones médicas deberán ser siempre fuera del campo y el jugador atendido no se podrá reingresar antes de un minuto.

Asimismo, con el videoarbitraje (VAR) se podrán revisar segundas amarillas y tiros de esquina. Los balones con inteligencia artificial asistirán al arbitraje en tiempo real. Los jugadores tendrán una pausa de hidratación de tres minutos por cada media mitad de juego; y en la final habrá un show de medio tiempo al estilo del super bowl estadounidense.

Mundial de fútbol 2026 récords deportivos y controversias 1¿FIFA MÁS QUE LA LEY?

Quizás ese último cambio refleje las fuerzas que se mueven tras este evento dizque deportivo. La primera señal al respecto es que la FIFA tiene el monopolio absoluto de consumo, de modo que la mayoría de los hinchas deberán literalmente comprar todo en el interior de los estadios.

Mientras en ciudades como Monterrey, una de las sedes mexicanas, el Gobierno estatal levantó muros de concreto, mallas tapizadas con cinta verde y lonas gigantes para ocultar colonias populares de las avenidas; ir a ver un partido de fútbol en esa justa trinacional ya no es asunto de clases medias altas, sino directamente de los ultrarricos.

La FIFA justifica los precios como “ley de mercado” y la legal reventa en Estados Unidos. Y es que, si en 1994, el último mundial en EE. UU., la localidad más cara para la final costaba 475 dólares; en 2022, en Qatar, el boleto más caro llegó a mil 600 dólares; para la final en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, los precios oscilan entre 10 mil y 33 mil billetes verdes. Frente a eso el Gobierno federal mexicano instaló pantallas gigantes en sitios de amplio acceso, como el Zócalo de la capital de su país, a fin de que los que menos tienen pudieran ver los partidos y disfrutarlos en grupo, como es tradición en estos certámenes.

Pero el negocio más siniestro no estará en las gradas, sino en los teléfonos móviles. Durante el Mundial tomarán fuerza las apuestas en tiempo real, que permiten apostar a cualquier evento del desafío: próximo gol, expulsión, número de tiros de esquina. Las plataformas, que ya utilizan inteligencia artificial para personalizar promociones, analizan el comportamiento del usuario, a fin de maximizar así su permanencia. Incluso, clasifican a los apostadores: si alguien gana demasiado, el sistema reduce sus límites y le oculta bonos.

EL MUNDIAL COMO FILTRO RACIAL

El historial de humillaciones a selecciones “no deseadas” empezó antes del primer silbatazo. Omar Artán, considerado uno de los tres mejores árbitros de África y el primer somalí en dirigir un partido mundialista, fue retenido 11 horas en el aeropuerto de Miami y deportado a Turquía. La FIFA se lavó las manos: “No está vinculada a los procesos migratorios del país anfitrión”, se justificó.

El delantero estrella de Irak, Aimén Hussein, fue interrogado siete horas en Chicago. Lo dejaron entrar, pero no así al fotógrafo de la delegación. Las selecciones de Senegal y Uzbekistán sufrieron requisas humillantes a pie de pista y dentro del autobús.

El caso más extremo es el de Irán. Estados Unidos le negó el derecho a alojarse en su territorio. La selección persa pernocta y entrena en Tijuana, cruza la frontera para jugar sus partidos y regresa a México al terminar. Además, la FIFA le revocó las entradas que, por normativa, le corresponden como federación.

La FIFA, que en diciembre del 2025 le inventó un premio de la paz al presidente estadounidense Donald Trump, no mostró la misma solicitud con los presidentes de México y Canadá. Pero el plan de convertir a Estados Unidos en mercado futbolero viene de lejos. En 1986, el Mundial debía ser en aquel país, pero por fortuna para los argentinos, que salieron campeones con Maradona, se hizo en México. Quien movía los hilos entonces era Henry Kissinger, el ex secretario de Estado, arquitecto de la geopolítica estadounidense. Kissinger ya había estado cerca del fútbol en 1978, cuando el evento se jugó en Argentina, bajo la dictadura de Jorge Rafael Videla.

Mundial de fútbol 2026 récords deportivos y controversias 3DEFENDAMOS LA PASIÓN

A pesar del panorama desolador, otras voces reivindican el derecho al disfrute crítico. Porque nada les gustaría a los magnates de esta industria, que esas alertas no se escucharan. El fútbol es un territorio en disputa y no le haríamos nada bien si abandonamos ese espacio de disfrute colectivo, que viene de generaciones en la mayoría de los países del mundo.

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