
Hablemos de atletismo. De los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo. De nombres, de marcas, de posibilidades. De esa mezcla de ilusión y prudencia que siempre acompaña a los eventos fundamentales. Mi primera tesis es clara: Cuba puede superar los nueve títulos conquistados en San Salvador 2023. No será sencillo, tampoco será un camino libre de sobresaltos. El atletismo de estos Juegos reúne numerosos duelos de fuerzas muy parejas, lo que hace todavía más difícil el siempre arriesgado ejercicio de vaticinar. Y precisamente ahí radica el mayor atractivo de esta competición.
Santo Domingo no estará exento de estrellas. Marileidy Paulino volverá a ser uno de los grandes símbolos del atletismo regional. Y será un privilegio presenciar el accionar de figuras como Leyanis Pérez, Keshorn Walcott, Anderson Peters, Flor Denis Ruiz, Gianna Woodruff o nuestro fenómeno, Jorge Hodelín. La jabalina, por ejemplo, será una prueba de nivel mundial. Y muchas otras especialidades prometen emociones porque estarán protagonizadas por atletas de un nivel muy similar, donde los detalles decidirán las medallas.
En mi proyección, Cuba tiene opciones reales de títulos en el triple salto de ambos sexos, la longitud masculina, el disco masculino y femenino, los 800 y los mil 500 metros femeninos, el martillo masculino y los 100 metros con vallas. Tengo, además, mucha fe en el salto de altura femenino y en la bala femenina. Ahí estarán dos batallas preciosas. Dacsy Brisón tendrá que medirse con la local Marysabel Senyu, y Dianelis Delís enfrentará a Rosa A. Ramírez con el público dominicano empujando desde las gradas.
También me ilusiona lo que pueda hacer Daily Cooper. Buscar el doblete de 800 y mil 500 metros siempre remite a algunas de las páginas más hermosas del atletismo cubano. Y Anisleidys Ochoa asumirá un reto enorme. Confieso que todavía tengo dudas sobre la decisión de hacerla competir también en los mil 500 metros, pero si consigue llegar a su mejor versión puede dominar los tres mil con obstáculos y presentar una dura batalla por el título en los cinco mil. Ya veremos.
Al final, toda esta historia depende de una sola cosa: el nivel de forma deportiva con el que cada atleta llegue a Santo Domingo. Ese será el verdadero juez. Si la mayoría consigue acercarse a su mejor versión, Cuba puede regresar con muchos más podios de los que hoy imaginamos. Y eso tendría un mérito enorme, porque el grueso de este equipo ha entrenado entre dificultades que hace unos años habrían parecido inimaginables: una preparación accidentada, carencias, interrupciones. Y, aun así, una vez más eligieron ponerle el corazón a una historia que también los define.
Siempre se ha dicho que el atletismo es el deporte rey. Y lo es. Para Cuba ha significado mucho más que medallas. Ha sembrado señorío, ha construido héroes, ha regalado victorias que van mucho más allá de los números. De esas que arrancan un grito, de las que se quedan viviendo en el corazón, de las que nos recuerdan por qué seguimos creyendo en el deporte y en su extraordinaria capacidad para emocionarnos y recordarnos que todavía existen razones para seguir creyendo.
Y quizás por eso este torneo significa algo más. Vivimos probablemente uno de los momentos más difíciles que recuerdo. Nunca antes nos habíamos enfrentado a una realidad marcada por tantas horas sin electricidad, sin conectividad y, muchas veces, sin la posibilidad de hacer nuestro trabajo con normalidad. Intentaré encontrar la manera de seguir contando estas historias. Aunque sea..., y nunca mejor dicho: a retazos.
Estoy convencida de que este equipo volverá a regalarnos emociones. Y yo..., yo voy con los míos. ¡Muchísimo éxito, muchachos!

