
Las Tunas.- “Esta profesión para mí representa el sentido de mi vida”, resume a 26 Domingo Antonio Alás Rosell, a quien recientemente la Sociedad de Arquitectura de la Unión de Arquitectos e Ingenieros de Cuba otorgó el Premio Nacional Vida y Obra 2026.
El padre de importantes construcciones confiesa que no pretendía desandar ese sendero; ser físico era lo que realmente robaba sus latidos. Sin embargo, “después descubrí que la carrera podía ser también una forma de aplicar mi sueño y ejemplo de ello es nuestra Casa Insólita. Asimismo, la Plaza Martiana y el memorial Caimito del Hanábana tienen que ver con la cinemática del movimiento del sol y la sombra”.
Cuenta él que desde el año pasado estaba nominado para el lauro, que ahora se concretó felizmente. “Estoy muy contento. Es algo importante para cualquier profesional de nuestra rama; lo reciben personas con amplia trayectoria. Obtener este reconocimiento no es cosa fácil porque en Cuba existen colegas con cualidades notorias. La arquitectura me ha traído sin dudas grandes alegrías”, dice.
El conocido Arquitecto del Sol (o de la Luz, como prefiere) inició sus caminos laborales en la Construcción en 1971 y siempre ha estado, de alguna manera, vinculado a esa esfera. Incluso desde la docencia, labor que ha ejercido -por ejemplo- en la Universidad de Oriente. Así, asignaturas como Prefabricación, Técnica de Construcción y otras han contado con la savia de su sabiduría.
Por ello, no extraña que en su engrosado palmarés se agolpen varias guirnaldas: réplicas de los machetes mambises de Vicente García y Máximo Gómez; medallas como la de Hazaña Laboral, “Armando Mestre”, “Jesús Menéndez”, Por la Producción y Defensa… Pero es aportar a su tierra, según refiere, el mayor premio.
“Recuerdo con mucho cariño la construcción e inauguración de la Plaza Martiana, en la que puse todo mi empeño y rigor, así como toda la matemática, astronomía e historia aprendidas, para lograr un espacio donde el sol, junto a Martí, fueran protagonistas.
También me ocurre así con la Plaza de la Revolución Mayor General Vicente García, de la cual fui proyectista, entre muchas otras.
“Otro momento feliz fue cuando me invitó un grupo compuestos por personas que fueron estudiantes míos a la celebración por su aniversario 40 de graduados. Me reconocieron allí; fue lindo. También me entusiasma la reanimación de la parroquia San Jerónimo, un proyecto que concluí en el año 2021, estaba detenido por determinadas circunstancias, pero arrancó desde el 2025 con mucha fuerza”, alega.
Domingo agradece sus 74 años de vida y las más de cuatro décadas dedicadas a la construcción y la arquitectura. Con varios proyectos aún por volar desde su gaveta a la materialización y creaciones que llevan su huella en diferentes lares, desde provincias como La Habana, Matanzas y Mayabeque, hasta otros países, este arquitecto no deja de soñar. Inversionista, tutor, consultante y hasta asesor de ministros en Granada y Timor componen el currículo de esta Personalidad de la Cultura y Vanguardia Nacional del sector de la Construcción en 10 ocasiones.
“Toda mi carrera, a pesar de los escollos, ha sido feliz. Solo he intentado mejorar arquitectura y urbanismo. Estoy dispuesto a seguir trabajando siempre para Las Tunas y mi país”, concluye el amante empedernido de relojes y calendarios solares.

