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Las Tunas.- Mientras el 24 de febrero de 1895 en Baire se daba el grito de independencia que reiniciaba la guerra contra el colonialismo español, en la lejana jurisdicción de Las Tunas, una región entonces considerada marginal y escasamente poblada, ya se gestaba un movimiento insurgente que desafiaría la narrativa oficial de su “pobre participación” en la contienda.

Desde los primeros días de marzo de 1895, según documentos coloniales reproducidos en la prensa de la época, partidas de rebeldes comenzaron a organizarse en la zona de Cauto y Victoria de las Tunas. Nombres como Capote, Manuel Martínez Robles, Panchín Varona y Aquilino Sánchez emergen en los partes militares españoles como líderes de grupos que, aunque pequeños en número, demostraron una temeraria capacidad de movilización y combate.

ACCIONES AUDACES Y TEMPRANAS

Medios como El Avisador Comercial, Diario del Ejército y La Tribuna de Puerto Príncipe intentaron minimizar la insurrección tunera, tildándola de “partidas de bandidos” o “grupos aislados”. Sin embargo, sus propias crónicas delatan la inquietud militar: el primero de abril de 1895, el comandante de Victoria de las Tunas reportó haber “batido una partida de más de 60 hombres montados”. Días después, se mencionaba una fuerza insurgente de “500 hombres” que obligó a las tropas españolas a perseguirlos hasta Las Arenas.

Uno de los hechos más simbólicos ocurrió en San Miguel de Nuevitas, donde la partida de Panchín Varona irrumpió con el grito de “¡Viva Cuba libre!” y atacó el cuartel de la Guardia Civil. Aunque el asalto fue repelido y Varona murió en combate, la acción demostró que los tuneros no esperaron pasivamente a que la guerra llegara: la llevaron a territorio enemigo.

La posición estratégica de Las Tunas, entre Oriente y Camagüey, la convirtió en un nudo logístico clave. Por su territorio pasaban convoyes españoles entre Puerto Padre y el interior, lo que la hizo escenario de constantes emboscadas y hostigamientos. Ya en 1896, con la Invasión a Occidente liderada por Gómez y Maceo, las fuerzas coloniales se vieron obligadas a concentrarse en la defensa de poblados, mientras el campo tunero quedaba bajo control mambí.

LA BRIGADA DE LAS TUNAS: ORGANIZACIÓN Y SACRIFICIO

Bajo el mando de jefes como Julián Santana, Enrique Collazo y Calixto Enamorado se estructuró la Segunda Brigada de la Tercera División del Segundo Cuerpo, con más de dos mil 500 efectivos, el 36,8 por ciento de la población estimada de la jurisdicción. De ellos, 128 tuneros murieron entre 1895 y 1898, la mayoría en combate. Nombres como los hermanos Ávila y González, caídos en Velazco y Los Güiros, o los hermanos Osorio y González, muertos en Becerra, testimonian el aporte familiar a la causa.

El 3 de diciembre de 1897, en el combate del Guamo, la Brigada de Las Tunas sufrió una costosa derrota al intentar asaltar un fuerte español bien defendido. La acción, ordenada contra las instrucciones del mayor general Calixto García, dejó decenas de muertos y expuso las limitaciones materiales y tácticas del Ejército Libertador en la región. Sin embargo, incluso en el fracaso, los tuneros demostraron un valor temerario que quedó registrado tanto en fuentes cubanas como en los elogiosos partes españoles a la defensa de la guarnición colonial.

EL LEGADO DE UNA PARTICIPACIÓN OLVIDADA

Al finalizar la contienda en 1898, Las Tunas había sido escenario de combates significativos, incluyendo la toma de la ciudad por Calixto García en agosto de 1897. Lejos de ser una región pasiva, fue un territorio en disputa constante, donde la población civil y militar aportó hombres, sacrificio y una resistencia obstinada.

Como señaló el investigador Raúl Izquierdo Canosa en Las Tunas en la guerra de 1895-1898: “(…) la participación de una región en la guerra no se mide solo por el número de batallas, sino por su papel geopolítico, su contribución humana y su capacidad de desgastar al enemigo (…)”. En eso, Las Tunas no fue excepción: fue un eslabón necesario, un territorio rebelde que, desde el mismo febrero de 1895, supo que la independencia también se escribía con acento tunero.

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