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El Día Internacional de la Radiología es una jornada que se celebra cada 8 de noviembre desde 2012; la oportunidad para enaltecer una disciplina médica tan necesaria en la atención. De la historia de una radióloga va este trabajo 
 
Las Tunas.- Hay una sala en el Hospital Provincial donde cada semana se cruzan la incertidumbre, el miedo y la esperanza. Es la consulta de Sombras Pulmonares. Allí, la doctora María del Pilar Estrada Pérez recibe a pacientes que llegan con una pregunta que nadie quisiera escuchar: ¿tengo cáncer?
Ella los mira. Les habla con calma. Les hace un ultrasonido de pulmón -técnica que dominó cuando casi nadie en el oriente cubano creía en ella. Luego, con la misma mano que sostiene el equipo, sostiene la verdad. Y la dice con ternura, sin adornos, sin falsas promesas.
 
"Siempre cuesta", confiesa. "Siempre cuesta porque nadie quiere enfermarse, y mucho menos morir".
 
María del Pilar lleva 39 años en la Medicina. Treinta y cuatro en el servicio de Imagenología de Las Tunas. Fue jefa de servicio en dos ocasiones. Preside el Capítulo Provincial de la especialidad. Pero más allá de los cargos y los títulos -especialista de Segundo Grado, profesora asistente, máster en Urgencias Médicas-, hay una mujer que se enamoró de una especialidad que muchos desconocen.
 
"Cuando entras en el mundo de la Imagenología, ves que no sabes nada", dice. "Y así uno se va enamorando, porque realmente es una especialidad que te exige todos los días".
 
Recuerda que en 1991, cuando comenzó la residencia, solo existían las radiografías convencionales y el ultrasonido. En 2004, cuando llegó el primer tomógrafo al hospital, fue ella la primera en viajar a La Habana para prepararse.
 
"Nos dijeron que la tomografía era un medio diagnóstico muy limitado. Hubo quien hasta nos puso obstáculos para que no fuéramos a hacer ese curso", cuenta. "Pero fuimos".
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 LA MUJER QUE APRENDIÓ A VER EL PULMÓN CON SONIDO
 
Hace 25 años, cuando comenzó a hacer ultrasonidos de pulmón, un profesor eminente de Santiago de Cuba le dijo que estaba loca. Que eso no servía. Que el ultrasonido solo mostraba derrames.
 
Ella siguió. "Bueno, yo era un poco intrépida", sonríe. "Tenía juventud".
 
Hoy, el ultrasonido de pulmón es una herramienta reconocida en todo el mundo. Y ella fue pionera.
 
"Vi que servía para diagnosticar los cánceres, los tumores, las neumonías, los diagnósticos diferenciales", recuerda. "Y así he ido".
 
En la consulta de Sombras Pulmonares, la doctora Estrada no solo diagnostica, también acompaña.
 
"Esos pacientes llegan a nosotros. Después yo les hago el ultrasonido, les hago la biopsia. Y ya vamos creando como un lazo de familia", dice. "Y cuando pasa algo malo, uno se siente muy dolido".
 
Recuerda a una señora que llegó por un chequeo preoperatorio y descubrió que tenía un nódulo en el pulmón. No quería operarse. Puso condiciones. Finalmente aceptó. Hoy está viva.
 
"Hay personas que después de los tratamientos pueden seguir viviendo", insiste. "Aquí tenemos muchos ejemplos".
 
Pero también recuerda los otros. Los que llegan demasiado tarde. Los jóvenes con cáncer de pulmón que rompen el mito de que "eso es cosa de viejos". Los que fallecen.
 
UNA HISTORIA DE EQUIPO
 
Ella insiste en que no está sola. El Departamento de Imagenología, dice, se ha caracterizado por el trabajo en equipo. Cuando hay dudas, se consulta al profesor Noel. Se llama a los más jóvenes. Se discuten los casos en colectivo.
 
"Nosotros trabajamos por los datos clínicos", explica. "Porque las imágenes tienen diagnósticos diferenciales. Hay una imagen que puede obedecer a un tumor, a otro tipo de tumor. Y ahí es donde tenemos que definir".
 
Y aunque el servicio ha perdido equipos -de cinco equipos de Rayos X, hoy solo queda uno digital para todo el hospital-, el personal sigue. Faltan especialistas, faltan licenciados. Pero ahí van.
 
"Es un departamento que prácticamente se dirige solo", dice con orgullo. "Porque cada uno está muy identificado con el trabajo y la importancia que tiene para la poblacion".
 
La doctora Estrada también llevó su vocación fuera de Cuba. En Venezuela, trabajó en Táchira, en la frontera con Colombia, en un territorio violento. Fue radióloga de la comisión de peritaje del estado. Comenzó la docencia con residentes de Imagenología. Participó en tribunales en varios estados.
 
En Ecuador, la experiencia fue distinta. Trabajó en un hospital privado en Quevedo, un lugar "sumamente violento". La asaltaron dos veces. Pero aun así, está orgullosa de su trabajo allí.
 
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LA MUJER DETRÁS DE LA BATA
Tiene dos hijos. Ninguno siguió la Medicina. Su familia conoce bien el sacrificio de vestir la bata blanca. Recuerda cuando comenzó a trabajar. A veces su esposo la acompañaba cuando tenía que ir de madrugada al hospital. El niño pequeño dormía en la camita de la Enfermería.
 
Al despedirse, la doctora Estrada no habla de jubilación ni de descanso. Habla de la gente que la espera cada semana en la consulta de Sombras Pulmonares. De los que llegan con miedo y se van con un poco de esperanza. De los que ya no están, pero cuya memoria la impulsa a seguir.
 
"A veces me dicen: ¿por qué no te jubilas?", confiesa. "Y yo digo que no, que todavía la población tunera necesita de mí".
 
No lo dice por obligación. Lo dice porque, a sus 64 años, sigue encontrando sentido en cada ultrasonido, en cada diagnóstico difícil, en cada paciente que la mira buscando respuestas. Sigue creyendo que la Imagenología es una especialidad que "enamora todos los días". Sigue pensando que un tomógrafo roto no es una excusa para rendirse, sino un motivo para llamar, insistir, tocar puertas.
 
En un tiempo en que muchos se cansan, ella sigue ahí. Con la misma intrepidez de aquella joven que se atrevió a hacer ultrasonidos de pulmón cuando todos le decían que estaba loca. Con la misma terquedad de quien no acepta un "no" cuando se trata de salvar vidas. Con la misma ternura de quien sabe que, detrás de cada sombra en una radiografía, hay una persona que merece ser escuchada.

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