Miércoles, 14 Febrero 2018 06:40

Que todas las noches sean noches, ¿de boda?

Escrito por Yuset Puig Pupo

Las Tunas.- Yami nunca creyó en cuentos de hadas ni en príncipes azules. Siempre fue una chica que defendió a toda costa su libertad, la oportunidad de salir con las amigas, comprar sus propias cervezas y no dar explicaciones. En realidad muchos contratiempos la hicieron así, pero entonces conoció a Miguel.

Él tenía una mezcla de ternura y juventud que echó por el suelo, de un tirón, todas sus defensas. Y ella olvidó los recelos, el miedo de terminar otra vez con el corazón medio roto, y se aventuró en citas a media semana, en madrugadas despierta, en otros ojos que la miraban como ni ella sabía que era.
No fueron el lugar, el momento ni las palabras precisas. Aun así se prometieron no lastimar al otro, ni dejarle solo por muy distantes y complicados que fueran sus caminos.
En unos pocos meses se mudaron juntos. Apenas hicieron una comida para celebrarlo. Porque Yami no cree en el matrimonio convencional, menos en las bodas, considera que es algo pasado de moda y, además, carísimo. Hoy van del brazo con los mismos conflictos de cualquier pareja y la esperanza de reconocer en el otro, ligeramente a la izquierda, los latidos que un día les hicieron enmudecer.
Como Yami y Miguel, hoy, cada cual encuentra sus propias maneras de vivir el amor y comprometerse o no. El matrimonio ya no es indispensable para que los cónyuges tengan derecho a los bienes de su compañero ni es imprescindible mostrar un acta para hacer valer una unión frente a los ojos de la sociedad.
En estos tiempos el casamiento no ofrece otros beneficios que los de la compañía. Ya no existen las famosas casas de los novios con múltiples surtidos, ni hoteles, cerveza, refresco, o equipos electrodomésticos que se puedan adquirir como bono adicional al contrato legal. La decisión es ahora más espontánea. Unos se juntan simplemente, mientras otra parte de la sociedad tunera sigue apostando por el matrimonio formal y su máxima expresión: las bodas.
SÍ QUIERO
Hay un olor dulce en el aire. El Ave María de Shubert se cuela bajo la piel. Los invitados toman sus asientos y miran hacia el altar adornado con globos blancos y rosados. El novio entra en la habitación. La maestra de ceremonia lo anuncia y su mejor amigo sale de la multitud y le deja un abrazo.
Una pequeña con el rostro envuelto en rizos camina con gracia y a su paso va dejando pétalos de rosa muy rojos, con besitos tímidos a punta de dedos. Las personas sonríen.
La marcha nupcial hace enmudecer la habitación. Todos se voltean y observan... Y la novia está ahí, avanzando lentamente del brazo de su hermano. El vestido blanco se pierde en las miradas. Está hermosa en verdad, y ya en el altar su futuro esposo le dice algo al oído.
Al final del camino no hay un clérigo, sino una notaría y cuatro testigos. El Código de Familia aclara los deberes y derechos, pero la multitud solo escucha cuando ellos dicen "sí, sí quiero". El "puede besar a la novia" se materializa y todos aplauden. En la sala, entre la multitud, hay miradas húmedas.
Después se intercambian alianzas, hacen las ceremonias de las copas, cuando el contenido de dos recipientes se vierte en uno para simbolizar la unión que se sella. Se realiza el primer baile en pareja; la novia lanza el ramo y dentro de unos minutos los recién casados se mezclan con sus familiares y amigos para disfrutar de la fiesta.
Debajo del espumoso vestido, Yeny sonríe exhausta. Los zapatos altísimos, el corsé muy justo y los nervios la hacen sudar y otras veces temblar.
Abre bien los ojos para no perder ni un segundo. En algunos años se trastocará la nitidez de los detalles y ya no recordará quién atrapó el ramo o los regalos que recibió ese día. Pero al hombre de traje quiere conservarlo intacto.
Sin maquillaje, con el pelo deshecho, en ropa cómoda, y ya en su casa vuelve una y otra vez a su boda. Y sin estrés ni temores piensa que valió la pena cada pedacito. Ese será sin dudas uno de los días más especiales de su vida.
DETRÁS DE LOS GLOBOS Y LOS LAZOS
Yoandri y Sandra tienen la vocación y el talento. Hace más de siete años se aventuraron en la creación de Decorarte y hoy gozan de prestigio y habilidad en la organización de bodas y otros eventos festivos. Se emocionan con cada ceremonia, disfrutan en realidad esta especie de pacto con Cupido.
El antiguo profesor tiene un montón de anécdotas para contar. Las horas vuelan entre fotos y arreglos florales. Él está a cargo de un equipo de nueve personas que cuidan celosamente todos los detalles para darles a los novios un casamiento perfecto.
"En todo este tiempo -me cuenta Yoandri- hemos realizado muchísimas bodas, desde las más sencillas hasta las verdaderamente glamorosas. Algunas con las formalidades religiosas y otras con las ceremonias de las copas, la arena, las velas e, incluso, más modernas, de procedencia europea como la ceremonia azul en la que los novios se entrelazan con una cinta de dicha tonalidad, pues sus adeptos consideran que es el verdadero color del amor.
"Tenemos clientes de todas las nacionalidades, aunque predominan los cubanos. Pero hemos organizado festejos para otras culturas e idiosincrasia diferentes,  bodas judías inclusive, en las cuales el protagonismo recae en la figura del novio y todo gira a su alrededor.
"Es gratificante organizar la unión de dos personas. Aquí descubrimos enseguida el nerviosismo o los bríos que delatan a los enamorados. Todas las semanas hacemos ceremonias pequeñas y en la temporada de noviembre a enero realizamos hasta cinco grandes por mes. Somos muy respetuosos de los gustos de cada persona, nuestro objetivo es darles lo que desean. Eso nos mantiene motivados".
Yaíma fue una hermosa novia de blanco en el Palacio de los Matrimonios de esta ciudad. Para ella y Armando el recinto tenía la fuerza de lo tradicional, allí se habían casado los padres de él y cuando decidieron aventurarse en hacer legal su unión, fue el primer lugar que les vino a la mente.
En apenas un mes sus sueños de niña se hicieron realidad. La peculiaridad es que para la fecha traía a su primogénito en el vientre y cuando dijo "sí quiero", tenía la certeza absoluta que el hombre frente a sus ojos era ya una extensión de su vida.
La ceremonia fue sencilla. El personal del Palacio cuidó todos los detalles, les hizo las coordinaciones pertinentes y a las 10:00 en punto de la mañana las campanas sonaron por ellos. Sus fotos de la boda son una suerte de remembranza constante de ese 20 de mayo.
HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE
A pocos días del 14 de Febrero, 26 Digital se fue a las calles en busca de historias. Algunos mostraron sus alianzas de compromiso y muchos, sobre todos los más jóvenes, aseguraron que algún día quisieran vestirse de blanco, pero sin prisa. Unos fueron osados y repitieron eso de "para comer cake no hay que ir a cumpleaños". Hubo algunas anécdotas que vale la pena compartir.
Nori empieza a vivir su primer amor, el brillo en los ojos la delata. Conoció a Ale hace apenas unos meses. Hasta ahora solo pasean juntos por los alrededores de su Secundaria. Como incontables niñas, ella espera un casamiento de princesa, el vestido blanco flamante, el velo en el rostro, el desfile hacia el altar.
Leidi sonríe y Luis se pone un poco tímido. En la discoteca fue el flechazo, las luces ayudaron un poco. Salen juntos hace más de cinco años, duermen en la casa de ella y algunas veces en la de él. Les pregunto si habrá boda y se ríen. Ellos no necesitan "10 papeles grises para amar".
La abuela Marta ojea con cuidado su álbum de fotos. Allá adentro está intocado, en sepia, el día más feliz de su vida. Su esposo se fue de este mundo hace años y ella sigue guardando para él el primer traguito de café de la mañana y el balance de la izquierda, su preferido, justo delante de la puerta.
Yami, las novias, la adolescente, la pareja joven, la abuela y su añoranza son a apenas rostros en el lugar recurrente  e intocado de los sentimientos.
En las cuestiones del corazón poco mandan los formalismos y las tradiciones. Estar enamorado no se suscribe a un catálogo en el que existen posiciones socialmente correctas o no. Cada cual busca la felicidad según los medios que posee.
De blanco o en jean, en una iglesia o un hogar de ancianos, con alianzas o simplemente del brazo por la vida. La certeza de un futuro compartido no está en los detalles, solamente en el brillo de los ojos, en el apetito de las mariposas que, eternamente, castigan a los enamorados.

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