"¿Cómo que lo multaron por vender eso?", le interpelé.
"Pues sí, me pusieron mil 500 pesos. Imagínese, de dónde voy a sacar ese dinero, si lo que yo hago son unos quilos para el diario", contestó el hombre con el rostro colorado de indignación.
"Llevé a vender unos tarequitos que fui recopilando en la calle; cartones viejos de cajas de pollos, laticas de cerveza, unas botellitas y pedazos de metal; me pasé casi un mes para reunirlos entre mi hija y yo. Acabando de desmontarme del coche en que los trasladaba, un inspector me abordó y dijo que me iba a multar por no tener licencia.
"Fíjese que esto lo hago ocasional, vengo una o dos veces al mes y lo que me queda de ganancia después de pagar el coche son 80.00 o 100.00 pesos, ¿cómo usted cree que voy a pagar una multa de mil 500? Además, todo no es mío, eso lo compartimos mi hija y yo. Nada, pues me pusieron los mil 500".
Su hija Diannerys Figueredo Martínez, una muchacha inhabilitada para trabajar, interrumpe el diálogo y expresa que a ella le hicieron una advertencia y por poco corre con igual suerte cuando discutía con el supervisor por el caso del padre: "Me dijo: Cállate que también te voy a poner la multa".
SACO ADENTRO
El andar de unos cuantos jobabenses, que buscan en esa actividad un alivio a la economía familiar, se vio truncado en las últimas dos semanas por contravenciones y apercibimientos ante la "ilegalidad" de vender sin licencia de Recolector Vendedor de Materias Primas, en la tienda destinada a ese fin en la localidad.
"Aquí llegaron unos cuantos supervisores con su jefa de equipo y comenzaron a inspeccionar a los vendedores, diciéndoles que sin esa licencia no podían ofrecernos nada; sin embargo, en la Resolución 50 del 2016 no dice por ninguna parte que deben tener patente para el expendio", afirma Osmel Ávila León, responsable de Producción en la Casa de Compra de Materias Primas del municipio.
"Lo que nos explicaron fue que a raíz de una verificación fiscal se les exigió a los supervisores conciliar los datos de las personas que venden y velar por la legalidad. Fíjese, que en estos días ha disminuido el volumen de recaudación de manera significativa, de unos 20 clientes que asistían en una mañana aquí, ahora promedian de siete a ocho por día. Tienen miedo a las multas", refiere.
El plan está en riesgo. Se calcula que en septiembre Jobabo no llegue ni a la mitad de las 68 toneladas de productos reciclables, pues casi las tres cuartas partes de ese volumen salen de los recolectores ocasionales, y si no pueden operar sin licencia... ¿qué sucederá con ese programa que sustituye importaciones y genera divisas al país?
"Nos preocupa que se trata de individuos que vienen una o dos veces al mes y el valor de lo que perciben no es significativo, estamos hablando de 80.00 hasta ciento y tantos pesos, cuando más llegan a los 200.00. Y son personas que cuando usted las mira se da cuenta de que viven en condiciones muy complejas, que hacen esto para subsistir, no para un lucro propiamente dicho", argumenta indignado Sebastián Acosta Suárez, el cajero de la entidad, quien señala el montón de desechos y refunfuña...
"Esto lo recoge la gente en las calles, en los basureros, en sus casas... y no le hacen ningún daño a nadie, al contrario, contribuyen con la economía de la Isla".
La respuesta de Bárbara Ramírez, directora de Supervisión Integral en la localidad, fue: "El decreto no me dice si el ciudadano tiene problemas o no. Expresa: ejercer una actividad que esté debidamente autorizada y no poseer licencia para hacerlo. Cuando va más de una vez, cuando va dos o tres es porque se está dedicando a dicha actividad". Esa resultó más o menos la misma aclaración que hizo el fiscal jefe Elio Luis Figueredo Vázquez.
Aquilino Vázquez, un hombre que pasa de los 70 años y que evidentemente lo que vende no le alcanza para pagar impuestos, aclara qué es ocasional. "A veces, cuando tengo necesidad de 10.00 o 20.00 pesos salgo por ahí y recojo unas laticas, alambres viejos, cartones de cajas de pollo, herraduras... y vengo y los vendo, porque es la única forma de buscarme la vida, ya que la chequera no me da para cubrir los gastos diarios de la casa.
"Pero ahora, con todo este problema de las multas y que los inspectores andan detrás de uno, vaya, no sé qué voy a hacer".
QUÉ DICE LA LEY
Al consultar a especialistas en el tema, los másteres en Derecho Constitucional y Administrativo, Yordanis Álvarez Alzar y Yulier Pérez Borrego, entendemos que hay vacíos legislativos que evidentemente requieren de la interpretación y un análisis más profundo por parte de las autoridades para no perjudicar a la población.
"Es cierto que aparece la figura del Recolector Vendedor de Materias Primas dentro del trabajo por cuenta propia, pero hay que valorar qué es una actividad. En cuestiones de leyes se entiende como tal la acción o el hecho que se realiza con sistematicidad, y al mismo tiempo la Ley no recoge qué cantidad de veces tiene que hacerse la venta para que se catalogue como actividad.
"Entonces se puede comprender que esas personas que van de manera irregular no ejercen una actividad como tal, sino un negocio civil, una acción económica que sí está autorizada. Es por ello que en la tienda no piden licencia para comprar", aclara Yulier.
Yordanis se pronuncia en ese mismo sentido. Opina que hubo un error al determinar que cualquier cliente que fuera a vender materias primas estaba cometiendo una violación.
"Realmente no en todos los casos califica como actividad económica, para que se considere así necesariamente tiene que haber permanencia, estabilidad, lucro... y estamos hablando de individuos que realizan una acción como método de subsistencia y sin ingresos estables por eso. La mayoría son ancianos, amas de casa, personas de bajos ingresos, incapacitados para trabajar, que ayudan al país para erradicar vertederos. Lejos de multarlos, debían reconocerlos".
Lo más difícil ahora será que los directivos de las instituciones implicadas reconozcan que se actuó a la ligera y sin medir las consecuencias sociales y económicas de las contravenciones y advertencias. Pues no solo se trata de Rubén y su hija; o de Bertica, una barrendera de Comunales que de vez en cuando vende algunos cartones y botellas que encuentra en la calle, o de Aquilino que en la última ocasión solo percibió 12.00 pesos por unos alambritos machucados..., sino otro puñado de jobabenses. Algunos multados en la puerta de la tienda o advertidos en sus casas por los supervisores con listado en mano.
"Mientras no se aclare la situación, no puedo seguir en esto. Imagínese, ¿mil 500 por vender materias primas en Jobabo?... pues no vendo", soltó a boca de jarro un hombre cuyo nombre no quiso revelar ante el temor a las sanciones.






















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