Miércoles, 19 Diciembre 2018 05:01

Encuentro en Cinco Palmas

Escrito por Juan Morales Agüero

Las Tunas.- Al amanecer del 18 de diciembre de 1956, un grupo de hombres toca a la puerta del bohío del campesino Hermes Cardero, en plena Sierra Maestra. Después de intercambiar rápidos saludos, uno de ellos se franquea con su receloso interlocutor: "Mire, yo soy Raúl Castro. Vengo para que me ayude a reencontrarme con mis compañeros de lucha. Por si no me cree, aquí tiene esta cartera con mi licencia de conducción. Cualesquiera de los míos que la revise le confirmará mi identidad".

El asombro casi deja pasmado a Cardero. Como la mayoría de los serranos, sabe que días atrás se produjo un desembarco revolucionario por la zona de Las Coloradas y de que el ejército de Batista hizo un baño de sangre por la zona de Alegría de Pío. Según se rumora, Fidel Castro y otros muchos miembros de su expedición perecieron en la refriega. Pero ahora resulta que se aparece un individuo diciendo que es nada menos que Raúl Castro. El montañés desconfía: "¿Y si se trata de una celada de los uniformados?".

Por si acaso, Cardero decide ir hasta la casa de Mongo Pérez para ponerlo al corriente de todo. No lo encuentra, pero con la mujer le deja los detalles y la cartera. Esta no pierde tiempo y corre al encuentro de Primitivo Pérez, otro campesino de la comarca digno de toda confianza. Le informa lo sucedido y, a su vez, le transfiere la posesión de la cartera. Ni por asomo sospecha el humilde hombre que el objeto que ahora descansa en sus manos propiciará pronto un encuentro memorable y trascendental para la historia de Cuba.

Al mediodía llega Primitivo al Purial de Vicana, en la propia comarca de la legendaria Maestra. Allí le aguarda nada menos que... ¡Fidel! Este reconoce en el acto la cartera de cuero mexicano perteneciente a su hermano. Enseguida acosa a preguntas al recién llegado: "¿Dónde está Raúl?, ¿con cuántos hombres anda?, ¿traen heridos?...". El campesino responde lo que sabe de oídas, pero le pide al Líder rebelde obrar con sumo cuidado.

Fidel le da instrucciones muy precisas: como en el grupo expedicionario venían cuatro extranjeros, Primitivo debe preguntarle al presunto Raúl Castro los nombres de cada uno de ellos y por cuáles motes se les conocía. Si el hombre acertaba, entonces quedarían despejadas todas las dudas.

Primitivo parte a cumplir la misión encomendada. En el trayecto lee los nombres que Fidel le ha apuntado en un papelito. Son los que el sospechoso debe decir para esclarecer su situación. Cuando llega a la casa de Cardero indaga por la gente. Ignora que esa misma gente sigue con una mirilla telescópica cada uno de sus pasos desde un cafetal cercano. Primitivo y Cardero salen al camino. Poco después dan con los hombres buscados. Quien asegura ser Raúl Castro contesta al pie de la letra la pregunta formulada. Entonces Primitivo suelta la bomba: "Bueno, pues Fidel está aquí cerquita de donde estamos...".

Raúl y sus compañeros no pueden contener su alegría. Cuando la euforia baja de tono, queda convenido para el anochecer el encuentro entre los dos grupos. En efecto, a eso de las 10 de la noche, en un lugar de la Sierra conocido por Cinco Palmas, se consuma el suceso. Los dos hermanos se abrazan en las sombras. Y se abrazan los ocho hombres que ahora componen la tropa.

-¿Cuántos fusiles traes?, pregunta Fidel.

-¡Cinco!, contesta Raúl.

-¡Ahora sí ganamos la guerra!, exclama eufórico Fidel.

Y la ganaron.

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