Despejar tal incógnita suponía hacer una indagación encaminada a esclarecer la inquietud que, ciertamente, anda de boca en boca de los consumidores de ese tubérculo, ancestral legado culinario aportado por los primeros habitantes aborígenes cubanos, de quienes heredamos la costumbre de comer tortas de casabe, catibía, buñuelos... salidos de los burenes.
Esas prácticas, con el paso del tiempo se fueron revolucionando en otros usos que se dan actualmente a la yuca, conocida en el mundo como mandioca. Así le llaman en Honduras, Colombia, Brasil, Angola.
La ingeniera Damaris Yero Pavón, de la unidad empresarial de base (UEB) Semillas Las Tunas, dejó claro que no existe ningún tipo de clon de yuca destinado de manera específica al engorde de cerdos, sino que la variedad Y-4 es la que más ha proliferado últimamente en el escenario agrícola. Ha disminuido su comercialización debido a los elevados rendimientos por hectárea y los rentables y atractivos precios pagados por los porcicultores a los productores de la vianda.
Ante esa realidad, dijo, el Ministerio de la Agricultura traza políticas para el desarrollo y preservación de los clones de tan demandado cultivo en Cuba, de modo que no desaparezca por etapas -como ha ocurrido- la simiente que debe plantarse en las áreas durante cada período de siembra, frente a la carencia de piensos importados para la masa animal y el simultáneo consumo humano.
¿A quién no le gusta la yuca con mojito acompañada de cerdo asado y casabe, en los convites por el fin y comienzo de años? ¿O frita, hervida, en la tradicional caldosa para los festejos y en bolas? ¿O las ingeniosas pizzas mezcladas con harina de trigo que hace Alexánder, en Puerto Padre?
Por dichas bondades, este milenario alimento, lejos de desaparecer tiene que multiplicarse y llegar hasta los más remotos mercados y placitas, sin olvidar los cerdos, sus mejores aliados, para enriquecer el manjar casero y hotelero.
Rubiel García, labriego destacado de la cooperativa de créditos y servicios (CCS) Eliseo Reyes, es firme defensor de la variedad de yuca Y-4, "porque pare mucho y de lo que se trata es de fomentar los bancos de semilla bien protegidos, para realizar las siembras en tiempo y que no escasee la vianda.
"Tengo miles de plantas de ese tipo en prometedoras parcelas que pueden aportar cientos de quintales. Consumida en su óptimo ciclo vegetativo de cosecha no es mala. Su sabor no cambia ni endurece, a pesar de la coloración amarilla. Cualquier yuca recolectada fuera de época no satisface al consumidor.
"Si este cultivo de gran arraigo popular, incluso, puede sustituir importaciones de pienso animal, la convocatoria debe ser sembrar más para estabilizar su venta a la población y los precios", puntualizó el campesino de la finca Indaya, en Las Tunas.
El camino y la estrategia están trazados. La tierra y el plato esperan por mayor cantidad de la huidiza yuca, que la agricultura debe garantizar en cualquier período del año, al plantar en igual proporción a las demandas del consumo.






















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