Jueves, 22 Marzo 2018 12:33

Día Mundial del Agua: Gestionar el riesgo y no la crisis (+video)

Escrito por Elena Diego Parra

Las Tunas.- Desde 1992 cada 22 de marzo se conmemora el Día Mundial del Agua, como medida para crear consciencia sobre la conservación y acceso de este importante recurso natural.

Uno de los eventos meteorológicos más nocivos conocidos en el Planeta es la sequía. Aunque constituye una afectación climática extrema que la sociedad ha enfrentado tradicionalmente, en los últimos decenios su acrecentada influencia ha dado lugar a que se le considere como uno de los mayores desastres naturales del mundo, el más frecuente y persistente, pues ocasiona grandes efectos negativos en la producción agrícola y tiene además impactos adversos sobre el medio ambiente.


Cuba es vulnerable a la escasa disponibilidad mundial del líquido. Aquí, los eventos de sequía moderados y severos se han duplicado en los últimos 50 años. Según las estadísticas del Centro del Clima disponibles las afectaciones ocurridas en los veranos de 1993, 1994, 1998 y 2000 fueron muy notables, siendo el suceso de 1998 el más intenso para el período abril-mayo-junio registrado. Dentro de este panorama Las Tunas lleva una de las peores partes.
LA PROVINCIA MÁS SECA DE CUBA
La sequía es un fenómeno natural intrínseco del territorio tunero, pero el cambio climático está incidiendo marcadamente en cómo se manifiestan en intensidad y frecuencias los procesos severos de sequía. La media histórica de precipitaciones de la provincia era de 1126 milímetros y ha descendido en los últimos 30 años a mil 38. La tendencia es que sigue bajando.
"Solo el 3,8 por ciento del agua embalsada del país está aquí, por lo que la disponibilidad del recurso de los tuneros no excede los seiscientos metros cúbicos. De acuerdo con las Naciones Unidas un ser humano para satisfacer sus necesidades normales necesita como mínimo mil 200 metros cúbicos, por tanto estamos en desventaja con el resto del país", explica Amado Luis Palma Torres, Especialista principal de Gestión Ambiental del Citma en el territorio.
"El período de sequía de 2003- 2005, que fue el más fuerte que nos afectó, todas las áreas tuvieron afectaciones y la mayoría fueron severas. Aunque tradicionalmente la zona norte es la de mayor incidencia, de acuerdo con los estudios que hemos desarrollado la zona sur también está experimentando fenómenos fuertes", afirma el Ingeniero Agrónomo Yusniel Núñez Acosta, especialista del Centro Provincial de Meteorología.
El hecho de que seamos la provincia más seca tiene que ver fundamentalmente con ubicación y características geográficas. Todos los tipos de suelo que se identifican en el territorio son altamente susceptibles a los procesos degradativos y ya existen grandes áreas afectadas, con un marcado descenso de los rendimientos agrícolas. No obstante influye notablemente la gestión que hacemos en las zonas industriales, la agricultura y la vivienda, que son los grandes consumidores.
MANEJO Y CUIDADO
El Balcón del Oriente cuenta con poca superficie de bosques, en su mayoría deteriorados. Se destacan además la pérdida y la degradación de franjas hidroreguladoras en arroyos, ríos y embalses y la desproporción existente entre las superficies agrícolas y forestales.
"No se concibe que en la actividad agropecuaria no existan sistemas de protección de cultivos, de pastos y de cuerpos hídricos. Somos mucho más vulnerables cuando tenemos cultivos desprotegidos, porque aunque llueva poco si somos capaces de protegerlos con cortinas rompevientos, esto maximiza la humedad en la plantación hasta un 40 por ciento y contradictoriamente cuando miramos nuestros campos, no se pone el árbol en función de la producción de alimentos, lo cual es una derrota", asevera Palma Torres.
Otro aspecto a tener en cuenta es la contaminación. Asegura el especialista que más del 90 por ciento de los residuos sólidos orgánicos e inorgánicos tienen valor de uso. Sin embargo "hoy existen industrias aquí que no tienen sistemas de residuales o que son obsoletos. Muchos de los que trabajan en los procesos industriales se ocupan del proceso productivo y no miran la gestión de la contaminación.
"Los aceites usados que se producen a raíz del mantenimiento a los vehículos, también constituyen desechos muy peligrosos con altas concentraciones de metales usados. Un litro de aceite usado inhabilita como mínimo mil metros cúbicos de agua, perdiendo su valor de uso. Cada vez que permitamos que en una institución se vierta un litro de aceite usado en el suelo o el agua estamos inhabilitando el agua de casi dos tuneros."
Es indispensable además que los responsables que tienen cuerpos hídricos, ríos, embalses presas, establezcan las fajas de protección, como resguardo a la cantidad y la calidad del recurso.
MÁS VERBOS QUE SUSTANTIVOS
El tema Agua es una de las grandes preocupaciones del sistema de Naciones Unidas. Los estudios revelan que unos 750 millones de seres humanos carecen de acceso a buenas fuentes de abastecimiento y se espera que para el 2025 la situación se recrudezca, pues habrá escasez en muchas regiones del orbe y en no pocas se decretará estrés hídrico, lo cual provocará el desplazamiento de millones de personas.
Anticipándose a esto, en la cumbre de la Tierra, el Líder Histórico de la Revolución Fidel Castro expresó: "una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva destrucción de sus condiciones naturales de vida: el hombre."
El uso eficiente del agua es una necesidad y el centro del problema es el hombre y su accionar. El cambio climático es real, irreversible y nos afecta, por tanto no podemos acordarnos de la sequía cuando no hay agua. Hay que cambiar el paradigma de gestionar la crisis para gestionar el riesgo. El tema ambiental necesita más verbos que sustantivos.

Visto 2860 veces Modificado por última vez en Jueves, 22 Marzo 2018 14:06

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  • Invitado - arturo manuel

    En ocasión del Día Mundial del Agua

    Sobre ella acunada, se gestó la vida, y gracias a ella, se conserva y perpetúa. Sirvió, y sirve, de asiento a las grandes civilizaciones y urbes; por ella, se auguran guerras entre naciones para asegurar su presencia entre los contendientes; es una molécula de solo dos elementos que llenan escaños distinguidos en la Tabla Periódica de Dimitri Mendeleiev (1834-1907): hidrógeno y oxígeno.

    Desde bien temprano, los humanos aprendieron a almacenarla y, luego, a conducirla, mediante zanjas y cañerías, de un lugar a otro; y también a desperdiciarla.

    El ingenio domeñó el precioso líquido gracias a los acueductos. Aztecas, babilonios, chinos, egipcios, incas, indios y romanos construyeron redes de conducción del agua.

    La arquitectura romana empleó el arco y la bóveda en sus edificaciones, bajo la escrutadora mirada de los denominados ediles curules o gestores estatales encargados de las construcciones públicas.

    Los acueductos romanos se extendían por todo el territorio conquistado, y con sus largas hileras de arcos a manera de puentes, llevaban la corriente de agua desde un manantial en las montañas hasta una fuente de abasto en la ciudad.

    Ya en el suelo, el agua corría a través de canales abiertos a base de ladrillos y morteros; las calles contaban con cloacas para el desagüe de las aguas pluviales y albañales.

    Los acueductos romanos de Segovia (Hispania) y de Pont de Gand (Galia) fueron importantes en su momento, cuyas estructuras todavía se aprecian.

    El uso y disfrute de las aguas fluviales y pluviales, vale decir, de ríos y lluvias, fue regulado por el derecho romano clásico.

    Ordenaba el numeral 7 de la Tabla VIII, “De los predios”, que “si por causa de un artefacto pudiese el agua de lluvia perjudicar al vecino, nombre el pretor tres árbitros, y dése acción al dañado”.

    No obstante, la disciplina hidráulica no terminaba aquí. Al amparo de su derecho civil, los romanos regularon la institución de la servidumbre.

    La servidumbre no es más que un derecho sobre una cosa ajena que beneficia a su titular.

    De tal modo, el derecho romano desarrolló las servidumbres de “saca de agua” (o facultad de sacar agua del pozo o fuente); de “acueducto” (o derecho de conducir agua a través del predio ajeno); de “vertimiento de aguas” (o hacer pasar al contiguo, aguas del predio propio para desecarlo); de “abrevadero” (o llevar el ganado a abrevar al predio vecino), y la de “permitir el vertimiento del agua de lluvia al predio colindante”.

    El quebranto de estas reglas hidráulicas provocaba, en el perjudicado, reclamaciones ante las autoridades edilicias y judiciales de entonces.

    Jalón histórico en la evolución de los acueductos cubanos, sin duda lo es la construcción del Acueducto de Albear, maravilla de la ingeniería civil criolla, levantado en 1858 (su terminación se prolongó hasta 1893) por el ilustre Don Francisco de Albear y Fernández de Lara (1816-1887).

    Un siglo después, la voluntad hidráulica del Estado cubano ha impulsado, a lo largo y ancho del archipiélago, la construcción de numerosos embalses (242), trasvases, acueductos y redes de distribución del líquido, para su uso racional (más de 7 mil millones de metros cúbicos) y ha promulgado leyes a favor de la preservación del agua, pero…el insular entró en la liza con insaciable sed y afán de despilfarro del recurso natural.

    La necesidad del agua para los naturales se trocó en incontenible sobreconsumo, como veremos, y en sobre observancia de las normas romanas.

    Así pues, bajo la túnica legal invocada anteriormente, nuestro conciudadano ha llevado a abrevar y bañar sus caballos a los ríos, corriente abajo y muy cerca del vaso colector del acueducto (esto, haciendo uso de su derecho de servidumbre de abrevadero); ha cortado el flujo de agua de arroyos tributarios de ríos, y los ha derivado hacia su parcela (al amparo de la servidumbre de acueducto); ha abierto zanjas y perforado conductoras principales de agua para tomar el líquido vital (todo ello al socaire de la servidumbre de “saca de agua”); ha represado aguas arriba, las corrientes de ríos y arroyos, con el propósito de estancarlas y tomar en secano el precioso líquido para sus tierras y ganado (¡plena adecuación del precepto broncíneo!); con su sagaz ingenio, ha drenado sus tierras bajas y con ello, vertido el agua en planos inferiores al suyo (de modo que cumple con la servidumbre de permitir el vertimiento del agua de lluvia al predio colindante, amén de beneficiar su finca con la desecación oportuna por exceso de lluvias).

    Ni corto ni perezoso, el antillano ha inclinado a su favor el balance de agua. Así, ha construido piscinas y yacusis en sus hogares, en clara remembranza de las termas de los romanos, para solaz suyo y de los suyos, en pos de la pérdida de lípidos abdominales; friega, escrupulosamente, sus amados vehículos de motores de combustión interna (algunos se han dedicado a esta modalidad del trabajo por cuenta propia); canta, bajo la ducha, lo mismo una canción pop como Bailando de Gente de Zona que La traviatta de Verdi (aunque sin el pecho de un Pavarotti o un Plácido Domingo), de acuerdo con su cultura (¡son más los no cultivados!) pero exhiben como denominador común, el correr del agua a mares; se afeita, si lo hace, con la llave del grifo abierta a toda su capacidad; desprovisto de memoria reciente, recuerda abrir el grifo de agua para comprobar que corre, si no, la deja abierta (¡qué desmemoriado!), para cuando pongan el agua; las gomas de sus carros aplastan, sin miramientos compasivos, las cañerías de agua (¡no importa, son del pueblo y él es del pueblo!); no sustituye zapatillas, flotadores y válvulas de cierre defectuosos; riega con sumo esmero su jardín o sus cultivos organopónicos; en el fregado de vajillas y utensilios domésticos, la espumeante agua se desliza a borbotones; vierte mondongos de cerdos, bolsas plásticas, desechos orgánicos contaminados, neumáticos, escombros y aguas negras en aguas mansas; rompe los relojes contadores del consumo de agua, y para colmo, ¡le añade agua a la cerveza y al ron!, y reafirma con su estribillo refranero: ¡Agua que no has de beber, déjala correr, déjala correr, déjala correr!

    Si se suma a este balance de agua el cambio climático y su consecuente escasez de lluvias, podemos sostener que nuestro enjuto archipiélago se convertirá (¡a no dudarlo!), dentro de poco, en un árido desierto caribeño, por obra y gracia de sus habitantes.

    ¡Es responsabilidad de todos evitarlo!

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