Jueves, 31 Mayo 2018 06:58

¿Quién es el violador?

Escrito por Graciela Guerrero Garay
¿Quién es el violador? Foto: ReyLópez

Las Tunas.- No sé cuántas veces escucho aquello de "no cojas lucha, eso no hay quien lo arregle". Y muchas más apelo a que si individual y colectivamente dejamos que esta apatía gane terreno, justo el cambio que buscamos estará bien lejos de cualquier voluntad política, ley o decreto que se emita a favor de las mayorías, porque al final "cada cual" se convierte "en todos" y, en consecuencia, en la sociedad que somos.

En ese camino, empeño de lograr una nación mejor y atajar problemas vitalicios, nace la Resolución 54/2018 del Ministerio de Comercio Interior, que compila y da fuerza legal a las políticas protectoras del consumidor para, en primer lugar, defender sus derechos y no dejar que un mudo libro de quejas y sugerencias, "una conversadita" con la administración o un lamento en voz alta -pero no en el lugar correcto- se encargue de ello.

Hasta ahora, esas alternativas o modos de asumir el asunto no resolvieron nada. Mejor suerte tampoco correrá el nuevo documento encargado de organizar y encaminar las veredas del servicio público hacia un mismo sendero, si el consumidor no empieza por respetarse a sí mismo y, al saberse víctima, no denuncia, reclama, alerta, exige. O asume actitudes fatalistas y contemplativas ante lo incorrecto, "por no coger lucha" y pensar tácitamente que el mal servicio "no lo arregla nadie".

Del otro lado del mostrador anda la contraparte, que bien conoce cuáles son sus deberes ante el consumidor y los viola -no creo que por falta de cultura o desconocimiento del buen servir-, sino porque las carencias materiales parecen haber creado un efecto bumerán, apuntalado en la falta de control y ética, que laceran y sostienen "la otra lucha" porque "la cosa está mala".

Indisciplinas arraigadas para multiplicar el insaboreable acto de adquirir un servicio, en el que quizás el pecado mayor esté en la no correspondencia entre la calidad del producto y su precio, el cual parte desde el suministrador, crece en los distribuidores y se legaliza como usurpador de derecho en esa unidad administrativa que lo acepta, con el riesgo de que a partir del primero de junio cargue con toda la culpa, ante cualquier justa reclamación de un usuario, cliente o consumidor, según sea el caso y la categoría del demandante.

Por eso, a esta altura de tantas esquinas rotas, siento que nadie puede estar ajeno a tan bienvenido proceder que llega para ordenar una imagen por doquier quebrada. Los que sirven lo hacen mal y los servidos lo aceptan, parapetados en falsos conceptos de actuación ciudadana, una negra tendencia arraigada en la crisis del Período Especial que, seguro, hace más daño que el silencio, cómplice por demás.

Si bien se sabe que "porque sí" la Resolución no hará llover la excelencia ni la cultura del detalle, no es ocioso que cada cual haga catarsis de su responsabilidad y la apoye desde el pensamiento consciente, pues sancionar no es la meta y menos diluir la dinámica de comercios y unidades gastronómicas.

Lo correcto, considero, es acabar con la falsa moral, las indisciplinas, la corrupción, el abuso explícito y todo cuando dañe el verdadero concepto de una sociedad próspera y sostenible. Pero, para eso, hay que coger lucha, luchar y ser transparente, detrás o delante de cualquier mostrador.

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