Martes, 20 Junio 2017 07:57

Buena educación a pesar de la modernidad

Escrito por Por Marta Hernández, ACN

Conversar por teléfono celular durante el desarrollo de una reunión de trabajo, en una conferencia, o mientras algún experto expone novedades interesantes, es algo común, que molesta bastante.

Hace unos 30 años comenzó en el mundo la telefonía celular, adelanto técnico que marcó un antes y después en la comunicación personal y actualmente esos aditamentos son necesarios para el correcto desenvolvimiento de los humanos.
La tendencia al uso de los móviles se incrementa a diario y los cubanos no están ajenos a esa realidad que invade prácticamente toda la vida, incluso en momentos y lugares que requieren concentración y silencio como la estancia en un teatro, cine, hospitales, consultas médicas y funerarias, por citar algunos.
Sin distinción de sexo, edades y profesiones, los humanos cada día manifiestan mayor adicción a esos medios técnicos, sin tomar en cuenta que en ocasiones incurren en una de las mayores faltas de respeto de estos tiempos.
Como ejemplo se puede decir lo desagradable que resulta escuchar un fuerte timbre de celular en medio de un evento científico, quizás en el preciso momento en que diserta la principal autoridad del tema en la región, y peor aún cuando el propietario atiende la llamada y contesta como si estuviera en la sala de su casa.
En muchas oportunidades el ponente, o quien dirige el encuentro se afana por llamar la atención del grupo, mientras casi todos con la vista dirigida hacia los teléfonos envían textos, o revisan sus correos.
Otro dato que empeora esa situación son los timbres que se emplean, y que van desde el estribillo del último reguetón, hasta la sirena de un carro policial, con los cuales el dueño identifica de inmediato a su interlocutor o sabe que le llegó un mensaje.
Según expertos en comportamiento cívico, este mal que se expande con rapidez y menoscaba el bienestar de los grupos humanos debe someterse a reglas preestablecidas por la buena educación y los valores éticos.
Los celulares modernos tienen diversas opciones que deben ser empleadas por los usuarios cuando se encuentren en situaciones, momentos o lugares donde no deban acceder a ellos.
Entre las variantes está, el modo Silencio, que según las páginas especializadas está programado para usar en esos momentos y solamente cuando la llamada lo exija atenderla, siempre fuera del local.
Otra falta en que se incurre es colocarlos sobre las mesas, muchos analistas aseguran que lo hacen como un modo de exteriorizar cierto complejo en el que, indirectamente, creen que dan un grado más de estatus al hacer alarde de la tecnología con que cuentan.
Aunque es cierto que no hay reglas escritas para el uso de los móviles en los lugares públicos y de trabajo, sí existen cánones formales que rigen el correcto comportamiento de las pepersonas.
En Cuba existen sitios con avisos prohibitivos que indican la obligatoriedad de apagar los teléfonos, pero aún falta mucho por hacer.
Quizás en los centros dedicados a la celebración de eventos, los organizadores deben recordar a los asistentes que hay reglas para su uso durante el desarrollo del encuentro.
También pudieran acercarse a quienes incurren en esa violación y señalarles que está mal hecho.
En todos los instantes hay que tener presente que la educación constituye un elemento formador de la moral y coadyuva al mantenimiento afectivo de las personas acorde con la cultura y las normas de convivencia de la sociedad a la que pertenecen.
Esto último puede sonar aburrido y hasta tedioso, pero es verdad, para lograr una convivencia plena todos deben cumplir con las reglas más elementales entre las que figura el respeto a los demás.

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