
Las Tunas.- Como parte de la “Estrategia de Intervención para el Enfrentamiento y Control de las Drogas de Abuso en Las Tunas”, una iniciativa pionera en la labor de prevención en el territorio, especialistas del sector de la salud intercambiaron con profesionales de las comunicaciones pertenecientes a los diferentes organismos de la provincia.
Durante el encuentro, se advirtió que el consumo de drogas de abuso es, sin dudas, uno de los flagelos con los que lidia la sociedad. Lejos de ser un problema del pasado o restringido a determinados entornos marginales, este fenómeno permanece latente, acechando en los rincones más insospechados.
El doctor Alejandro Mestre Barroso, especialista en Toxicología estuvo a cargo del taller y explicó a los presentes que: "Durante la etapa más cruda de la pandemia de Covid-19, cuando el aislamiento social impuso una pausa forzosa a muchas prácticas cotidianas, las adicciones encontraron un nuevo conducto.
"La videollamada se convirtió en un escenario insólito pero efectivo para el consumo y la quedada virtual, una práctica que, aunque se vio momentáneamente detenida en el espacio público, se trasladó a la esfera privada y digital, dejando en evidencia su poder de adaptación y el carácter llamativamente persistente de este mal", señaló.

En otras etapas, se atribuía el consumo de drogas a personas provenientes de familias disfuncionales o contextos de alta vulnerabilidad. Sin embargo, la realidad actual desmonta ese estereotipo.
"Hoy nos encontramos con personas adictas provenientes de hogares completamente funcionales, donde padres y madres están convencidos de que sus hijos están alejados de este tipo de conductas. Esta falsa percepción de seguridad es, precisamente, una de las principales puertas de entrada al abismo", señaló el galeno.
Juana Yamilka Viñals Suárez, vicegobernadora provincial, advirtió sobre la importancia de involucrar en esta batalla a las familias y demás factores sociales.
"Es entonces cuando debemos acometer acciones con las familias, en las escuelas. La solución no puede recaer únicamente en las instituciones de salud o las fuerzas del orden. Se impone la intersectorialidad, la participación activa y coordinada de todos los factores en el barrio, los proyectos comunitarios, pasando por las organizaciones políticas y sociales. La responsabilidad es compartida y, sobre todo, debe ser preventiva".
El especialista en Toxicología, con un llamado a la reflexión, comunicó a los presentes que actualmente tenemos en nuestras calles menores de diez años consumidores, adictos.
"En esa franja etaria, existe quien lo probó de casualidad, atraído por la curiosidad infantil o la presión de un entorno que minimiza el riesgo. Pero también están los que lo hacen conscientemente, repitiendo la conducta una y otra vez, y eso ya no es un experimento pasajero, es adicción".
El consumo de drogas de abuso en los más jóvenes no es un asunto individual ni un mal menor. Es una herida en el tejido social con consecuencias devastadoras e irreversibles. Para los jóvenes, el daño comienza en el cerebro en pleno desarrollo con la exposición temprana a sustancias psicoactivas, que interrumpe la maduración neuronal; afecta la memoria, la capacidad de aprendizaje y la regulación emocional, sentando las bases para trastornos de ansiedad, depresión y una dependencia severa que los condena a una vida de fragilidad física y emocional.
Pero el daño trasciende lo individual. La sociedad entera paga el precio. Se manifiesta en el aumento de la violencia intrafamiliar, en la descomposición del tejido comunitario, en la pérdida de capital humano valioso que podría estar contribuyendo al desarrollo colectivo.
Las familias, que en muchos casos son funcionales y estables, se ven sumidas en un ciclo de culpa, desesperación y desgaste económico por tratar de salvar a sus hijos. Los sistemas de salud y justicia se saturan, y los barrios pierden su capacidad de protección.
Permitir que este fenómeno siga su curso, normalizando el consumo de un cigarro —que es la puerta de entrada— en niños, es hipotecar el futuro.

