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Las Tunas.- ¿Quién puede olvidar su escuela primaria? Prácticamente todos recordamos ese lugar al que llegamos pequeños y muchas veces asustados, pero en el cual aprendimos a leer, escribir y hacer los primeros amigos. Generalmente, es una etapa inolvidable; sin embargo, pocos tienen el privilegio de trabajar justo en el sitio que los vio crecer.

Ana Cristina Álvarez González, licenciada en Cultura Física y Deportes, camina con ese orgullo. Tiene 39 años de experiencia y la alegría de enseñar en el centro donde hizo sus primeros estudios. Desde la escuela primaria Guillermo Tejas Silva, de la ciudad cabecera, contribuye a la enseñanza deportiva de las nuevas generaciones.

Disfrutó de una infancia maravillosa, acompañada de sus padres y hermanos, personas humildes, que sembraron en ella esa sencillez que la distingue. Siempre le gustó bailar y recitar poesías, pero el amor por el deporte la caracterizó desde pequeña.

“Era muy inquieta y participaba en todo, principalmente en eventos deportivos. Practiqué voleibol cuando estaba en la Secundaria y luego matriculé en la Escuela de Profesores de Educación Física de Holguín. Allí me hice técnica de Nivel Medio y regresé a trabajar aquí como docente”, cuenta.

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Asumir el magisterio constituye, sin dudas, una de sus mejores decisiones. Desde el año 1986 Ana Cristina ha dejado huellas en disímiles espacios, pero todos los ha disfrutado y hoy muchos la recuerdan como su profesora de Educación Física.

“A mi regreso comencé a trabajar en la Dirección Municipal del Instituto de Deportes, Educación Física y Recreación (Inder) y luego me enviaron al centro escolar Juan Ramón Ochoa. En Holguín hicimos prácticas laborales, pero esas primeras clases que impartí aquí las recuerdo como si hubieran sido ayer. Era una alegría ver cada tarde el área deportiva llena de niños de todas las edades. Siento gran orgullo cuando me saludan y los veo convertidos en profesionales.

“Luego me incorporé a trabajar en la ‘Guillermo Tejas’ y eso me encantó, no solo porque es el centro donde estudié, sino porque adoro este lugar. Volver años después es un halago; incluso, hay historias que les puedo contar a mis alumnos sobre mi etapa aquí”.

Otros momentos gloriosos guarda en su recorrido laboral. La posibilidad de aportar sus servicios durante dos años en la República Bolivariana de Venezuela es uno de ellos. Partió hacia allá en el 2011, a trabajar en los cerros del estado de Sucre, una zona complicada y peligrosa, pero, cubana de pura cepa, demostró valentía y disciplina.

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“Fui como profesora integral. Me correspondió trabajar en escuelas, áreas especiales para los jóvenes, hacer bailoterapias en las tardes..., pero todo me aportó, y conocí a personas maravillosas y agradecidas con los cubanos”, recuerda.

Además de estas experiencias, otro suceso marcó su vida y los días adquirieron un matiz diferente. La llegada de Dairon no solo ha sido el mejor regalo para Ana Cristina, hoy su pecho se ensancha cuando ve al hijo seguir sus pasos como profesor de Cultura Física y Deportes.

Los tiempos han cambiado -lo reconoce-, los gustos, también; aun así, señala aspectos que no deben faltarle a un profesor de Educación Física. “En primer lugar, no olvidar que estamos trabajando con niños. Es cierto que los días son difíciles, pero necesitamos ser pacientes con ellos”.

Destaca que su profesión precisa dedicación y superación constante. Los recursos escasean, pero no por eso la formación debe detenerse. Desde su trinchera sigue participando en actividades deportivas y eventos comunitarios; y cada tabla gimnástica que presenta la “Guillermo Tejas” lleva su sello.

“Me quedan dos años para jubilarme, pero quisiera reincorporarme y continuar trabajando con niños, sobre todo pequeños, el grupo etario que más disfruto. Ellos me quieren y eso para mí es más que suficiente”, sostiene.

Con casi seis décadas de vida, Ana Cristina vive agradecida del camino que escogió. Sin importar los obstáculos, busca la manera de hacer atractivas las clases. Siente en el cuerpo sus 58 años, pero allí estará mientras siga escuchando esa frase que llena sus mañanas: “Profe, ¿hoy toca Educación Física?”.

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